Los habitantes de esta humilde vivienda manifestaron que solo pudieron esconderse debajo de la cama y rezar mientras afuera, a escasos 300 metros de su casa, un grupo de guerrilleros atacaba con explosivos a 34 militares.
“Eso empezó como a las 11:30 de la noche del martes. Las explosiones las sentíamos aquí al lado de la casa, lo único que pudimos hacer fue escondernos debajo de la cama y ponernos a rezar”. De esta manera recordó un habitante de la vereda Potreritos, del corregimiento Presidente (Chitagá), la que calificó como la peor noche de sus últimos 52 años, tiempo que lleva viviendo en la zona.
Este campesino, que esperaba madrugar el miércoles a fumigar su cultivo de papa, solo pudo salir de su casa hasta pasadas las 8:00 de la mañana, cuando un grupo de 25 soldados llegó a prestar seguridad en la zona para los técnicos antiexplosivos, cuya misión era desactivar más de 50 tatucos (explosivos artesanales) dejados por los guerrilleros del Eln en su huida.
“Ahí llegaron tirando bombas. Sonaron varias explosiones muy duras, que hacían zumbar el techo. Casi no escuchamos tiros, fueron puras explosiones, una tras otra”, recordó el campesino en cuya vivienda varios de los uniformados asesinados se bañaban y lavaban sus vestimentas.
Otra de las habitantes de la vivienda recordó que en repetidas ocasiones le manifestó a los uniformados que no podían dar papaya, que no se confiaran tanto que eso seguía siendo zona roja.
“Esto por aquí es un corredor de la guerrilla. Desde aquí pueden salir a Arauca o Santander. Suben la montaña y llegan a Cornejo, Mataelata, Pabarayá, Silos, Berlín, El Roble, El Cerrito, Piedra Azul. Todas esas son zonas de difícil acceso que, incluso, puedan llevar hasta Venezuela”, indicó la mujer mientras preparaba algo de comida para sus familiares.
Según información entregada por algunos de los militares presentes en la zona, que pidieron mantener sus nombres bajo reserva por no estar autorizados para dar declaraciones, a los uniformados les cayeron mientras dormían y no tuvieron tiempo de reaccionar.
“No sé por qué acamparon tan abajo, teniendo una montaña al lado desde donde es muy fácil atacarlos. Yo hubiese armado los campamentos arriba, en la cima. Allá si era muy difícil que los sorprendieran”, comentó uno de los soldados que llegó a apoyar las labores de los explosivistas del Ejército.
Otro uniformado que llegó a la zona de los hechos pasadas las 4 de la mañana, sostuvo que algunos de los heridos habían sido rematados a disparos después de que los atacaron con los tatucos.
Según el testimonio de este militar, el apoyo desde Chitagá se tardó porque cuando iban a salir hacia el punto donde fueron atacados los uniformados, distante de este municipio unos 30 minutos en carro, los guerrilleros, que iban huyendo, activaron un tatuco sobre la carretera.
“Nosotros estábamos listos desde las 12 de la noche, pero no nos autorizaron salir de inmediato porque existía el riesgo de que nos sorprendieran en la vía”, agregó.
Para algunos de los uniformados, el ataque tuvo que haber sido planeado con suficiente antelación por la poca capacidad de respuesta que tuvieron los militares.
“A ellos les tuvieron que hacer inteligencia. Un ataque así no es casual, no es que los guerrilleros iban por la montaña y dijeron vamos a atacar a esos soldados que están acampando allí. Esto había sido montado desde hace tiempo”, enfatizó uno de los uniformados que recordó que los militares que hacían parte del grupo atacado llevaban 10 meses de servicio.
Otro de los habitantes de la zona sostuvo que era muy difícil precisar el número de guerrilleros que cometió el ataque, pero estimó que podrían haber sido más de 60.
“Por aquí siempre ha andado el Eln, pero como uno no los ve uniformados no los puede identificar. Ellos andan en moto por ahí dando vueltas, preguntando cosas. Llegan y se van ahí mismo”, comentó.
Algunos de los militares que llegaron hasta la zona y ayudaron a evacuar a los heridos y los cadáveres, indicaron que al grupo atacado les fueron robadas las armas.
“Incluso, algunos militares parecían haber sido raqueteados (esculcados), pues no tenían botas ni provisiones”, sostuvo.
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