A Freddy Rincón le pasan los años, pero no el fútbol. En 2004 dejó la actividad profesional y aunque se ve un poco pasado de peso, ahora demuestra, en el showbol, que la calidad que lo hizo mundialmente reconocido sigue intacta.
Regresó al país después de más de seis años de estar en Brasil y prefiere no hablar del tiempo que estuvo en la cárcel, sino de lo feliz que se siente de estar nuevamente en Colombia. “Extrañaba el público, la gente apoyando, reírme con mis compañeros o sentarme en una esquina a conversar. Todo eso me hacía falta”, dice el exjugador.
Practicando showbol ha tenido la oportunidad de compartir con quienes fueron sus rivales y compañeros. “Lo mejor es reencontrarme con estos manes. Volverlos a ver es una alegría muy grande”, dice al referirse a Víctor Aristizábal, Iván René Valenciano, Faustino Asprilla, entre otros. “Hablamos de todo un poco, revivimos momentos de cuando estuvimos juntos”.
Aunque en algún momento le gustaría dirigir un equipo, por ahora está dedicado a “hacer nada, tanto que mi mujer ya no me aguanta dentro de la casa”, afirma entre risas. Freddy considera que en la tierra de los pentacampeones cuenta con más apoyo para ser técnico del que tiene acá, pero eso no es un impedimento para quedarse.
Por estos días, sí está haciendo algo: montar una fundación para el deporte en su natal Buenaventura. Su idea es alejar a los niños y jóvenes de la calle y las drogas: “es darles la oportunidad de hacer algo bueno. Hasta de pronto pueden aparecer los nuevos Asprillas o Aristizábal”.
La gente, en la calle, lo ve y se le acerca a hablarle. Unos de América, otros de Santa Fe, algunos de sus dos anotaciones en el 5-0 a Argentina en 1993 y la mayoría de su gol a Alemania en el Mundial de 1990, uno de los mejores momentos de su carrera.
El cariño de las personas es muy importante para él y por eso el fútbol seguirá haciendo parte de su vida, ya no en Brasil sino en Colombia, donde es ídolo de varias generaciones.
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