La montaña rusa en que se ha convertido la carrera para seleccionar el candidato republicano que enfrente al presidente Barack Obama, en las elecciones del próximo noviembre, ha llegado a un punto de inflexión.
La contienda más importante hasta la fecha se llevará a cabo hoy en Florida, un estado políticamente importante, con una población diversa, incluyendo un voto hispano significativo. Cuatro candidatos compiten, aunque las encuestas muestran que la carrera se redujo a Mitt Romney, exgobernador de Massachusetts, y Newt Gingrich, el expresidente de la Cámara de Representantes.
Romney había sido visto como el probable candidato del partido hasta que Gingrich tomó fuerza en las primarias de Carolina del Sur. Romney, dándose cuenta de que podría perder, recuperó el impulso volviéndose más agresivo y atacando a Gingrich. Si Romney gana en Florida por un margen sustancial recibirá un gran empujón para ser el nominado del partido.
Tal volatilidad sin precedentes -que nadie predijo- se explica por las profundas divisiones dentro del Partido Republicano y la insatisfacción con Romney, el candidato del "Establishment" . Romney no levanta las pasiones y no se le confía de ser un verdadero conservador, alguien dispuesto a desafiar los intereses especiales y cambiar la acostumbrada forma de hacer política en Washington.
Como señaló un reciente artículo en Político , el Partido Republicano se divide, en líneas de clase, entre el Tea Party y el Cocktail Partyo Establishment.
Romney tiene más atractivo con el Cocktail Party , mientras Gingrich, quien se ve a sí mismo como un outsider , ha sido capaz de conectar con el Tea Party.
A ningún republicano le va bien con los dos grupos.
Aunque no hay mucho amor para Romney, la perspectiva de que Gingrich sea el candidato llevó al pánico al Establishment republicano.
Él es visto como un candidato deficiente, errático e indisciplinado, con un polémico pasado personal y profesional.
Los que trabajaron con él y le conocen son los que le han criticado con más fuerza. Bob Dole, el excandidato presidencial republicano que compitió contra Bill Clinton en 1996, advirtió que la candidatura de Gingrich podría resultar en una "abrumadora victoria para Obama" en noviembre.
Las encuestas muestran que Romney es más elegible que Gingrich. La esperanza en el Establishment republicano es que en las elecciones generales, debido a su desafío directo con Obama, Romney será capaz de generar más entusiasmo en la base del partido, que hasta ahora ha estado ausente.
La campaña de Romney parece ser una máquina en buenas condiciones, con un montón de dinero, asesores competentes y con experiencia. La campaña, sin embargo, falló cuando se tomó tanto tiempo para mostrar la declaración de impuestos del precandidato, un punto presionado por Gingrich durante los debates. Tales errores serán costosos en una campaña contra Obama.
La Casa Blanca, que se ha estado preparando para una carrera contra Romney, ha sido más optimista últimamente, no sólo debido a las recientes buenas noticias económicas, sino también por las divisiones expuestas dentro del Partido Republicano.
Si el partido finalmente será capaz de unirse con entusiasmo en contra de Obama es una gran incógnita.
El discurso del Estado de la Unión de Obama hace una semana se puede entender como el inicio de lo que es probable que sea una dura campaña. Su tema de "justicia económica" era una referencia no tan sutil a la inmensa riqueza de Romney y las bajas tasas impositivas sobre sus inversiones.
Obama aspira a dinamizar y unir al Partido Demócrata dibujando un contraste con el Partido Republicano. Los republicanos, y Romney si es el nominado, intentarán sanar las heridas de la campaña de las primarias y luego centrarse en la economía que, a pesar de la mejora, será la vulnerabilidad principal de Obama.
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