La economía mundial acusa por estos días problemas serios y simultáneos en las dos ideologías que imperaron durante el siglo pasado. Mientras los Estados Unidos se esfuerzan por superar los excesos del “capitalismo salvaje” que practicaron, que preconizaron y que sumió numerosos países en la peor recesión de los últimos ochenta años, se observa que la Unión Europea también enfrenta el fracaso de sus excesos “socialistas” en importantes países miembros.
En 1933 se promulgó en los Estaos Unidos la Ley Glass-Steagall, la cual prohibía la consolidación de los bancos comerciales y de inversión. Importantísima ley. Pero durante el gobierno de Bill Clinton, para permitirle al Citibank adquirir una empresa aseguradora, The Travelers, se eliminó la ley de 1933 por medio de la Ley Gramm-Leach-Bliley. Funesta medida, porque le abrió la puerta a “los demasiado grandes para dejarlos fracasar”.
Posteriormente, Bill Clinton dictó la ley denominada “Commodity Futures Modernization Act, por medio de la cual le dio luz verde a los nefastos “derivados sin regulación”. Como consecuencia de ella se dedicaron algunas firmas de Wall Street a vender paquetes “derivados” de mezclar hipotecas riesgosas con hipotecas seguras como si fueran todas excelentes. Para completar, sobornó Wall Street a algunas irresponsables calificadoras de riesgos para que les recomendaran sus “derivados” como AAA, siendo a duras penas ZZZ. A algunos de estos paquetes les aseguraron el pago con empresas que a la hora de la verdad resultó que no habían acumulado reservas suficientes para atender los reclamos.
Estos problemas los observaron oportunamente congresistas de ambos partidos. John McCain y Edward Kennedy, acompañados por un importante grupo de colegas, acudieron ante el presidente George W. Bush a plantearle el tema, y él, como militante del “capitalismo salvaje” consideró que todo marchaba muy bien y que no se requería ninguna medida. No había terminado aún su gobierno cuando le explotó en la mano la crisis aludida y los republicanos perdieron el poder por tal motivo.
El problema de la Unión Europea -UE- radica en el socialismo. Guy Sorman “estima que la tragedia que padece Europa es sólo financiera en apariencia, que el mal es más profundo y acabará por alcanzar a todos los países miembros”. Estima él que los gobiernos europeos mezclaron pronto las ideas liberales sobre las cuales se concibió la UE con las del “socialismo”, definido como el crecimiento desmedido del Estado de Bienestar, con su acumulación de seguridad social, pensiones de jubilación y empleos protegidos por el Estado.
Y “este socialismo tuvo como consecuencia el endeudamiento homogéneo, del 100% en promedio del PIB, de todos los países de la Unión. Sí, de todos, comenzando por Alemania con el 91% y terminando con Grecia con el 133% de su PIB”.
En Colombia, durante el gobierno del presidente César Gaviria, con su ministro de Hacienda, Rudolf Hommes, acogimos en forma atolondrada las ideas del “capitalismo salvaje”. Algunos de los errores que se cometieron por entonces ya han sido enmendados, por fortuna. Pero no así la constelación de derechos y tutelas que creó la Constitución del 91, los cuales han sido interpretados por la Corte Constitucional con un politizado criterio “socialista”, motivo por el cual, en no pocos aspectos, nos esperan graves problemas en la tasa de cambio, en el empleo, en la seguridad social, en las pensiones de jubilación… cuya solución no admite dilaciones ni presidentes crípticos.