Cansado del optimismo que esta sociedad les exige a quienes la habitan, un amigo de Bogotá decidió renunciar a verle el lado positivo a todos los asuntos. Para justificarse se explicó diciendo que cómo era posible que en la jornada del paro de transportadores, por ejemplo, los ciudadanos que tuvieron que montarse en vehículos inadecuados y peligrosos sonrieran de la misma forma como lo hacen quienes se van de paseo al campo. Hubiera sido mejor que se negaran a trabajar.
Que respeten, que no sean descarados, que también esa posibilidad de tocar fondo y negarse a colaborar surja en las iniciativas humanas de esta pobre población, dijo enojado mi amigo que desde ahora se empeña en reivindicar el no como la opción más válida en este país de optimistas.
Desde entonces se ha dedicado a explorar y subrayar con marcadores rojos las frases de los libros de su biblioteca que incluyan negaciones, que muestren frustraciones y que desde luego respalden la postura negativa como una opción válida en un país democrático sin esperanza.
"No tener nada de dinero sólo tiene un ligerísimo tinte de romanticismo cuando eres muy joven", subrayó en el libro "El capitán salió a comer y los marineros tomaron el barco" de Charles Bukowski. "No nací para vivir, no sé lo que es la vida ni necesito saberlo. Estoy de más, no tengo un lugar mío y molesto a todo el mundo; nadie me quiere, nadie confía en mí?", subrayó con su marcador rojo las hojas de arroz de "Las manos sucias" de Sartre. Y así hizo con otra veintena de libros que, según él, miran la vida con sensatez, no con hipocresía.
La tesis de mi amigo empezó a ser cada vez más fuerte cuando casualmente esa semana supo que su hermana cumplía un mes sin que le dijeran en esa empresa donde presentó una entrevista si le daban o no el puesto. Durante ese tiempo simplemente le habían dicho que esperara con paciencia una llamada. Lo paradójico es que esa misma semana en la oficina de mi amigo el jefe aún no le decía sinceramente por qué no le daba respuesta sobre el aumento pendiente desde hace un año. Que la otra semana... ¿Por qué no son capaces de decir NO y punto? ¿Qué hay de malo en asumir una postura?, me decía enfurecido.
Para evitar decir NO la gente no contesta el teléfono, se hace negar, se enferman, se inventan cualquier excusa. Decir no es tan difícil porque detrás de éste hay una enorme responsabilidad, se da la cara y por ende hay consecuencias. Si nunca dices no, agradarás.
Ahora mi amigo anda empeñado en que este mundo sería mejor si más que afirmaciones, más que el seguimiento de las tradiciones mediocres fueran más los humanos quienes se empeñaran en pensar como tantos genios en la historia que al no aceptar las cosas como venían se preguntaron ¿por qué no? Al fin y al cabo en la evolución del hombre quienes han dicho NO han emprendido nuevas corrientes, nuevas técnicas, nuevas formas de decir las cosas. Se me viene a la cabeza Einstein, quien con su teoría de la relatividad reformuló el concepto de gravedad y como éste hay muchos otros en diferentes áreas del saber. ¿No? Estoy seguro que sí.
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