En medio de la sencillez que lo caracteriza, Don Adolfo Arango acaba de recibir un merecido homenaje: la Cruz de Boyacá. El Presidente Álvaro Uribe fue a su hogar, y en la intimidad familiar le entregó el símbolo que sólo reciben quienes dejan huella al andar.
Don Adolfo es un hombre ejemplar. La austeridad, esa virtud que hizo grande a Antioquia, es una de sus improntas. También, la solidaridad silenciosa y desinteresada, que no espera nada a cambio. Don Adolfo ha sido un hombre valiente que jamás ha abandonado su compromiso con la tierra que lo vio nacer y con sus ancestros. Siguió la obra empresarial de sus mayores, pero el tiempo le ha alcanzado para divulgar también los escritos de Don Tomás Carrasquilla, el gran autor de quien también desciende. Ama la música, porque sabe que ella alimenta el espíritu. Ha sido un mecenas que la disfruta en la intimidad y en las grandes salas en las que el pentagrama es guía. Visionario, fue uno de los gestores del Grupo Empresarial Antioqueño en momentos en que apetitos ajenos a la región quisieron tomar el control de las empresas insignia del departamento.
Don Adolfo es un ser humano integral cuya gestión ha sido marcada por el compromiso ético y social.
Integral también porque su esposa, sus hijas y sus nietos han recibido su amor, compromiso y entrega incondicional. Ellos deben sentir un sano orgullo al poder decir que Don Adolfo fue, ha sido y será un ejemplo y faro para sus vidas. Pocas condecoraciones tan merecidas como ésta. ¡Enhorabuena!
Pico y Placa Medellín
viernes
2 y 8
2 y 8