En la observación histórica sobre el crecimiento de las economías, el papel que ha jugado el consumo de energía ha sido fundamental en ambos casos: renovable y no renovable. Indudablemente el movimiento de las máquinas y los equipos sólo se puede lograr con energía, además de las actividades básicas del consumo humano.
Desde la revolución industrial, el consumo de energía ha venido en aumento, y seguirá creciendo. En efecto, según el último informe de 2013 del International Energy Outlook el consumo de energía tendrá un crecimiento del 56 por ciento entre 2010 y 2040.
Como se observa en el cuadro, el mayor crecimiento del consumo de energía estará localizado en los países en desarrollo, particularmente en Asia, sin duda, liderado por India y China y asociado a sus tasas de crecimiento económico y mayores niveles de productividad y competitividad. En 1990 estos dos países representaban el 10 por ciento del consumo de la energía mundial; en 2010, han llegado a 25 por ciento.
Las fuentes de energía
Los combustibles fósiles, como el petróleo, continúan dominando el consumo de energía en el mundo como fuente primaria. Aproximadamente el 80 por ciento de la oferta de energía global proviene de este tipo de combustibles.
Sin embargo, la oferta de energías renovables y de energía nuclear está creciendo a una tasa más rápida, 2,5 por ciento, que la de combustibles fósiles. Dentro de los fósiles, el de mayor crecimiento es el gas natural.
La energía de los recursos renovables incluida la hidroeléctrica representa hoy cerca del 20 por ciento de la oferta de energía. Se estima que para 2040 este tipo de energía representará el 25 por ciento.
En Colombia, de acuerdo a los últimos estudios de la Unidad de Planeación Minero Energética (Upme), la principal fuente de consumo de energía primaria es el gas natural que representa el 52 por ciento del total.
En el caso de las fuentes secundarias, en primer lugar está el diésel con 33 por ciento seguido de la energía hidroeléctrica con 23 por ciento y la gasolina motor con 21 por ciento.
Energía y competitividad
La disponibilidad de energía es un requisito para lograr competitividad. Sin embargo, disponer de capacidad energética no implica, automáticamente, que un país sea competitivo.
De acuerdo al Índice Global de Competitividad publicado por el Foro Económico Mundial, hay casos de países que llaman la atención porque teniendo una oferta abundante de recursos naturales energéticos como el petróleo ocupan los últimos lugares en competitividad.
Por ejemplo, Venezuela ocupa el puesto 134 entre 144 en el ranking de competitividad aun disponiendo de una gran oferta de petróleo. Por el contrario, Singapur que no posee una particular riqueza de recursos energéticos ocupa el segundo puesto en competitividad.
En síntesis, disponer de una oferta energética apropiada y diversificada es una ventaja para lograr competitividad. Sin embargo, se requieren otros factores como educación e instituciones, entre otros, para mejorar los niveles de productividad.
Un reto grande para las economías es lograr no sólo mayor eficiencia en el uso de las energías no renovables sino acelerar el tránsito hacia las renovables que generan menores impactos ambientales y pueden ser menos costosas que los combustibles fósiles, no solo por sus costos de exploración sino también por su agotamiento.
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