El día de Mónica Ospina comienza a las 6:00 de la mañana, todavía con los músculos molidos del día anterior. Ella juega balonmano, pero cada jornada tiene una maratón.
El día sigue con clase de 6:00 a 8:00 de la mañana; luego, de 8:00 a 11:00, con las Escuelas Populares del Deporte del Inder Medellín, para estar, al mediodía, en la primera sesión de entrenamientos de la Selección Colombia, con puras pesas. Y, a las 2:00 p.m., vuelve a la universidad para coger clase hasta las 5:00 p.m., de donde sale volada para trabajar con el equipo de Desarrollo Deportivo, también del Inder.
El remate es a las 8:00 de la noche con la última sesión del día: el entrenamiento en campo para la Selección de Juegos Suramericanos. ¿Se cansó de leer? Imagínese ella, que ha hecho todo ese trajín desde principio de año.
"Ya me acostumbré a este ritmo de trabajo, no hay momento para descansar. Uno lo hace porque quiere, por goma, porque te hace falta. Pero si cansa", explica Mónica, una de las 16 jugadoras elegidas por Colombia para estar en la Selección de balonmano de los Juegos.
La maratón la viven todas las jugadoras del equipo. Unas son estudiantes, otras ya profesionales, varias con hijos que atender. Pero ninguna le sacó el hombro a la responsabilidad de tener un torneo de mayores en casa, después de muchos años.
"Las niñas lo hacen por pura y física goma. Muchas llevan un proceso de ocho o diez años sin parar, pese a saber que lo máximo a lo que se llegaba era a una Selección Antioquia, pues las convocatorias para Colombia se suspendieron por mucho tiempo", cuenta Ana María Lopera, la entrenadora entre las damas, y quien también es la encargada del equipo de Antioquia.
Mónica hizo parte de esas viejas selecciones, de principio de siglo, que salieron e hicieron buenos papeles. "Estuve como júnior en un torneo en Guatemala, en el que nos iba bien. Lastimosamente no volvimos a salir, pero fui haciendo de esto parte de mi vida y no lo dejé".
El encargo fue claro: Colombia tiene que estar en todos los deportes en Juegos Suramericanos. Y desde ese momento, la misma dirección de los Juegos ayudó a que federaciones como balonmano y bádminton tuvieran más organización y pudieran sacar sus equipos a competencia.
Teniendo en cuenta que los poderosos del balonmano son antioqueños, el amarillo, azul y rojo empezó a tomar tintes de verde y blanco. Hoy, los 32 jugadores, 16 hombres y 16 mujeres, hacen parte del proceso de la Liga Antioqueña de Balonmano.
"Tuvimos a jugadoras de otras partes del país en pruebas para ser parte de la Selección, pero el nivel no era el mismo que el de las antioqueñas. Es algo duro porque no es bueno que se centralice en un solo departamento, pero las de Antioquia sí son las mejores", dice Ana María.
Los varones
Entre los varones pasa algo similar. La mayoría son jugadores con años encima, que recomenzaron el proceso de Colombia con la cercanía de los Juegos y que combinan sus entrenamientos con trabajos profesionales.
"Todos nuestros jugadores tienen sus labores cotidianas y entrenan en la noche. Para ellos es un gran sacrificio el que se hace para los Juegos, pero están animados de volver a estar con Colombia", comenta el entrenador Álvaro Vélez, reconocido por llevar el exitoso proceso del colegio Corazonista en balonmano, y quien pese a no trabajar ni siquiera con selecciones Antioquia, entregó su trabajo para ser el técnico de Colombia en los Suramericanos.
Su equipo, tal como el de Ana María, es integrado en su totalidad por antioqueños, como Rodrigo Palacio, quien fue uno de los mayores goleadores del último Panamericano en 2001 en el que estuvieron los varones de mayores. Hoy Palacio y otros hombres de esa época estarán con la Selección.
Para la entrenadora Lopera, más allá de los resultados, la participación del balonmano tiene metas claras. "Para todos es un amor especial estar en la Selección, sobre todo ver que el balonmano puede revivir este deporte con la gente que vaya al escenario y se engome con el deporte. Que haya una nueva generación de jugadores".
Pico y Placa Medellín
viernes
2 y 8
2 y 8