Los Londoño, los Botero, los Agudelo. Distintas maneras de montar en bicicleta, pero el mismo sentir en el ciclopaseo El Colombiano-Bike House: pedalear en familia.
Los Londoño vinieron reducidos. Esta vez, solo Luis Guillermo y Ana Sofía, su hija menor, estuvieron en la cicla. Las otras dos hermanas faltaron, por estudio y enfermedad. "Pero ella me dijo que quería venir, que era capaz", sostiene el orgulloso padre de Ana, una niña de nueve años que pidió la camiseta para alguien de 15, y flotaba en su cicla rosada de montaña.
"A mi me gusta, aunque este es más difícil", dice la niña, campeona de bicicrós, pero que ya se midió, con su papá, al ciclopaseo de hace un año, apenas con 8 calendarios encima, pero que se hizo en las planicies de Llanogrande.
A los Botero el uniforme si les queda bien, y no solo el de El Colombiano, también el de Antioquia. John Jairo Botero y su sobrino Jonathan comandaron el lote de los élite que llegaron primeros al alto de la Guija (principal paso montañoso en el tramo de 20 kilómetros), y también los primeros que no quisieron mojarse las zapatillas de ciclismo en el paso del río en la vereda Nazareth, y por eso decidieron pasar por un cable pegado a un palo y mantener sus pies secos.
"Este camino lo hicimos muchas veces cuando pelaos, pero hace rato que no lo caminaba. Y en Italia no me ponía cosas de estas", sostuvo John Jairo, quien hace parte del equipo KTM-Team MTB Stihl Torrevilla, pero también es integrante del seleccionado de Antioquia que va a Juegos, junto a su sobrino Jonathan. "Estuvo entretenido, pero espero no ver ese tipo de pasos en los Juegos", dijo entre risas el Botero menor, ganador de un oro en los Juegos Olímpicos de la juventud de 2010. Ambos viajarán hoy a Cali.
Para los Agudelo, padre, madre e hija, las cosas no terminaron como el jefe de la casa quería. Ciclista de cada ocho días, convenció a su familia de estar en el ciclopaseo, pero un desperfecto mecánico en su llanta trasera lo hizo abortar cuando iba en medio del recorrido. "Ya estaba que estallaba el neumático y me iba a varar en medio de la carretera. Por eso vi el carro que nos podía llevar, y pedí que nos bajaran. Las que sí celebraron fueron mi esposa y mi hija, porque sentían que ya no podían más. Ellas si festejaron la varada", anota Luis Carlos, quien de todas formas, y junto a sus dos mujeres, terminó el ciclopaseo en El Retiro, montado en su bicicleta, y en la línea de llegada. Cada familia, a su manera, vivió el comienzo del Clásico El Colombiano. Todos, con las frentes sudorosas y empantanadas, pero con el amor de hogar y con el cariño a su cicla de montaña.
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