No les queda mucho tiempo. Luego de adentrarse en el último anillo de influencia del Sol, las sondas Voyager 1 y 2 están listas para entrar a donde nunca ha entrado objeto alguno: el espacio interestelar.
En junio pasado, la Voyager 1 reportó que el viento solar era 0 en el sitio por donde transitaba.
"Ese anillo (donde termina el viento solar) debe medir entre 4.800 y 6.500 millones de kilómetros", explicó Ed Stone, director científico del proyecto desde 1972.
Esa distancia la debe cubrir en unos cinco años.
Tanto la 1 como la 2 siguen caminos diferentes, tras haber aprovechado la primera la gravedad de Saturno para impulsarse en su recorrido y la 2 obtuvo una ayuda similar de Neptuno.
Las dos naves se avanzan gracias a sus baterías de Plutonio 238, pero hacia 2020 el combustible, que se emplea hoy para mover los equipos básicos, se extinguirá. ¿Qué pasará?
Las naves vagarán por el espacio, rumbo hacia alguna estrella, objetivo casi imposible de alcanzar.
Portan discos y grabaciones de imágenes, de música, de lenguajes de la vida en la Tierra, por si algún extraterrestre las encuentra.
Pero como dijera el científico Arthur Clarke, quizás sea el mismo ser humano el que las recoja en algún momento.
Por el momento se continuará recibiendo información de la lejana frontera del Sistema Solar.
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