En quince años de ver rodar, a menos de 15 kilómetros por hora, más de 200 vehículos en el Desfile de Autos Clásicos y Antiguos EL COLOMBIANO, sus organizadores solo han visto que se estalle una llanta, menos del 10 por ciento de estos imperdibles se varan y una cuadrilla de 200 entusiastas los cuidan mientras pasan.
Es que ellos, los autos clásicos, son los protagonistas, los más embellecidos durante un año por sus dueños, que buscan conservar la originalidad del modelo, por lo menos por fuera. Así que se esmeran en pegar bien el emblema, acuden a la pintura de laca de la época, consiguen la coca original, remplazan la farola si es del caso, y aseguran que estas piezas de colección estén como una uva para ser juzgadas como idóneas por un grupo de expertos que seleccionan los finalistas.
Ellos, los jueces, son coleccionistas a su vez, y hacen parte de la Fundación Museo del Transporte de Antioquia, que una semana después de que termina el desfile, empiezan a planear la siguiente edición.
Y lo hacen luego de reunir las opiniones de los asistentes, sus familias, las que adhieren entusiastas a esa pasión, y ellos mismos, quienes a veces se cuelan detrás del volante para ser parte principal del desfile.
Esta es una de las partes más estresantes, confiesan, cuando intentan conservar el paso, y el público los detiene para tomarse la foto, o peor aún, echarles espuma, agua o aleluyas. Nadie imagina, dice Luis Alberto Moreno, director de la Fundación, los daños que hacen a la pintura estas expresiones. El Desfile no es una rumba ni un carnaval, agrega tajante Hermán Gutiérrez. Recalcan que es un evento donde reina la convivencia y el civismo.
Como tampoco es un lugar para ver varados. Es que "primero bueno y después bonito", agrega Hermán, lo que quiere decir que los vehículos deben estar listos, caminando, para resistir la jornada, que será de todo un día. Saben que es una prueba dura para un carro. Por ello, recomiendan que le hagan el mantenimiento del caso, "lo que menos le hagan mejor", y lo saquen a rodar por lo menos cada mes, dice Luis Alberto.
Lo que sí reciben a granel son los piropos. Cuenta Carlos Mario Álvarez el caso de una señora que se le acercó a decirle: "gracias, si no fuera por ustedes mis hijos no conocerían estas joyas y tendrían que ver esta historia en los libros".
Allí es cuando el trabajo intenso de restaurar un carro, que empieza con un repentino impulso, mucha información de fabricantes y clubes en el exterior, luego de un trabajo intenso en taller, da no solo resultados sino mucha satisfacción.
La mayoría de las veces, un coleccionista compra un vehículo atado a sus recuerdos de familia. Carlos Mario puso en forma un Ford 34 porque hizo parte de sus más entrañables memorias: montó en él cuando estaba chiquito.
Más previsión
Este año, en la edición número 16, en la que harán énfasis en los autos del campo, innovarán con un grupo de ocho mecánicos repartidos por zonas especiales, que estarán listos con una caneca de agua para ayudar a un potencial varado.
Serán mecánicos, explica Luis Alberto, porque saben cómo abrir la tapa del radiador de algunos clásicos, sin quemarse.
Si el daño es más grave, hay un par de grúas parqueadas en zonas estratégicas para detectar a los vehículos en problemas y llevarlos a un parqueadero o un taller seguro, mientras se le puede dedicar total atención.
La logística de este evento ha sido planeada con total cuidado, para que cada célula, como ellos llaman los recorridos en los que se juntan alrededor de 20 carros, circule de la mejor manera, sin tropiezo alguno.
Cuando se les pregunta a este grupo de entusiastas cuál es su mayor satisfacción, responden que sucede el día que entregan el cheque a 20 fundaciones beneficiarias. En 15 ediciones han recaudado dos mil millones de pesos.
Ellos coinciden en que este es uno de los mayores beneficios de este evento, que además ha ayudado a mejorar el parque automotor de la ciudad.
Pico y Placa Medellín
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