Sus familiares más condescendientes, flexibles y románticos dicen que es un rebelde. Expulsado de tres colegios por hechos relacionados con disciplina y bajo rendimiento académico, sus padres decidieron matricularlo en un colegio con una metodología especial que le permitía avanzar a su propio ritmo.
A los 23 años, Wilson ya tenía el cartón que lo acreditaba como bachiller, un logro casi milagroso que su familia se encargó de celebrar de forma estruendosa. Y mientras el muchacho decidía su futuro profesional, el padre paciente y bondadoso lo invitó a ser parte del negocio familiar, un pequeño supermercado de barrio que durante más de veinte años ha servido para llevar una vida digna, con pequeños lujos anuales en Coveñas. Pero Wilson no es tipo para encerrarse en cuatro paredes, y menos, rendirle cuentas a nadie. Lo suyo es la gente, el contacto permanente con amigos, las salidas nocturnas.
Wilson entiende que es el alma de la fiesta. Sus amigos saben que no es muy inteligente, pero lo invitan a todas partes porque, para qué negarlo, el tipo es ocurrente, gracioso, desenfadado e irreverente. Sus comentarios subidos de tono, un a veces poco medido irrespeto hacia lo establecido y una maravillosa colección de imitaciones de personas con algún impedimento físico, son la delicia de una pequeña corte de fanáticos que se ha armado alrededor suyo. Llamar a casas desconocidas a altas horas de la noche o simplemente jugarle bromas a quien conteste, son una pequeña parte del repertorio que maneja un muy divertido Wilson.
Cuatro años a la espera de una decisión sobre la carrera que va a estudiar, obliga a su padre a tomar decisiones radicales. El anciano ya está cansado de sacarlo de comisarías tras enfrentamientos contra la Policía e hinchas del equipo contrario. El anciano ya no quiere patrocinar un hijo que, sospecha, prefiere una vida sin responsabilidades y alejada de la realidad que esta sociedad le ha construido a los rebeldes.
A Wilson no le gusta leer. No entiende lo que pasa en el país o el mundo. Le resulta imposible concentrarse en una película sin muertos o balaceras. A Wilson le gusta el reguetón, levantarse tarde, hacer reír y reírse de todo el mundo. Wilson está listo para dirigir una emisora juvenil.
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