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El acoso escolar (II)

  • El acoso escolar (II) | Oscar Henao Mejía
    El acoso escolar (II) | Oscar Henao Mejía
17 de junio de 2010
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Sus manifestaciones pueden ser de tipo físico (golpes, empujones, zancadillas, jalones de pelo, accidentes fingidos), de tipo verbal (amenazas, burlas, insultos y apodos) o relacional (el aislamiento, impedir la participación, atentar contra las pertenencias del compañero -útiles, refrigerio-). Pero hay otras ocultas y, por eso, más difíciles de relevar, como la propagación de calumnias o rumores, apoyada en el cyber-bullying , basado en el uso de Internet o del teléfono celular, cuyo propósito es ridiculizar a la víctima mediante la difusión de fotografías o grabaciones de video.

¿Cómo llegaron a ser acosadores? Igual que el comportamiento antisocial más genérico, los acosadores escolares tienen factores vaticinadores que reuniríamos en un concepto: la cultura relacional. El ambiente, la familia, el barrio, el grupo de pares, la escuela, la comunidad y la ciudad en que viven, son las variables que configuran factores de riesgo.

Se ha encontrado que quienes son prepotentes o víctimas en casa tienen mayor probabilidad de mantener ese rol en el contexto escolar. También son candidatos a la prepotencia aquellos que en algún momento fueron excluidos de la escolaridad. Para ellos, las normas más respetadas no se ubican en el ámbito de la disciplina escolar, sino en un tejido de complicidades con pandillas con los que fácilmente terminan relacionados. Vivir en barrios de conductas mafiosas, conflicto social o alto índice de desplazamiento forzado implica también mayor posibilidad de presencia de los fenómenos de acoso en el contexto escolar.

Pero parece que los factores de riesgo no se limitaran a estas variables. Una mala relación con el docente, marcada por la percepción de no aceptación, se correlaciona con el acoso en las clases. Porque somos "demasiado humanos", como diría Nietzsche, muchas veces nuestros estudiantes cargan con las procesiones que llevamos dentro. Difícil reto el de poner a un lado nuestra historia (nuestra histeria) cuando contactamos con nuestros estudiantes en el roce cotidiano de la jornada escolar. En un porcentaje preocupante, los acosadores no son otra cosa que el espejo de sus propios maestros.

La complejidad del problema se amplía cuando entendemos que el acoso no es un asunto que se limita al entorno de la escuela. Quienes han atropellado sistemáticamente a otros tienen fuerte probabilidad de continuar con ese rol. Y no sólo porque sigan siendo portadores de esas características de agresividad, sino porque su reputación hace que no puedan evitar comportarse como lo que los demás esperan de ellos.

Ellos configuran rasgos de comportamiento que luego extienden al afuera de la escuela. Serán acosadores en sus casas, en su comunidad y en el trabajo; serán propensos a tener hijos agresores, incluso, a desarrollar ulteriores comportamientos antisociales. Como decía Alfredo Ghiso en conferencia, más que molestar al otro, el acoso es "un modo deshumanizante de construcción social".

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