El crimen organizado y las estructuras del narcotráfico sufrieron serias transformaciones en el año que se extingue.
La captura y muerte de los grandes capos, y la atomización y divisiones de las principales bandas desestabilizaron un negocio que a principios de 2011 ya estaba repartido por regiones y municipios.
Mientras la mayoría de clanes se deterioraron, "los Urabeños" emergieron como el más consolidado, con presencia en 17 departamentos.
Las autoridades, además, confirmaron el fuerte arraigo de las mafias colombianas en países vecinos como Argentina, Venezuela y Ecuador, destinos que ya no son un mero refugio para los perseguidos.
Al panorama se suma el creciente interés de las bacrim (bandas criminales) en la explotación de la minería de oro y un aparente viraje en la política de extradiciones de E.U., ya más interesada en desmantelar las redes de funcionarios corruptos.
Cada uno de estos factores plantea los retos que tiene el Estado contra el crimen organizado en el 2013.
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