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Dios, amigo de la libertad del hombre

  • Carmen Elena Villa Betancourt | Carmen Elena Villa Betancourt
    Carmen Elena Villa Betancourt | Carmen Elena Villa Betancourt
08 de noviembre de 2010
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Acaba de culminar un breve e intenso viaje más de Benedicto XVI a España. Sus destinos esta vez fueron las ciudades de Santiago de Compostela y Barcelona. Es el segundo viaje que realiza a este país durante su pontificado.

Santiago de Compostela es uno de los lugares de peregrinación más importantes de Europa donde, según la tradición y las muchas investigaciones arqueológicas, se encuentra la tumba del apóstol Santiago el Mayor, que este año celebra su año jubilar. La tumba fue descubierta en el año 800 y a ella van hoy anualmente unos 6 millones de peregrinos que realizan el conocido Camino de Santiago. Algunos recorren a pie, en bicicleta o en otros medios de transporte, senderos establecidos previamente que atraviesan España de sur a norte, o de oriente a occidente hasta llegar a la capital gallega.

Ante la tumba del primer apóstol que evangelizó estas tierras, Benedicto XVI recordó a los españoles y a todos los allí presentes, que Dios no es el enemigo del hombre ni de la razón humana.

El Papa dijo allí que Dios no puede seguir siendo indiferente ante nuestros ojos, y recordó que cuando Él falta en nuestra vida, ésta queda tristemente empobrecida. Exhortó en su homilía a que, como los peregrinos que recorren el camino de Santiago, vayan siempre en búsqueda de Dios. "Es necesario que Dios vuelva a resonar gozosamente bajo los cielos de Europa", dijo. "Que esa palabra santa no se pronuncie jamás en vano; que no se pervierta haciéndola servir a fines que le son impropios", señaló.

Un mensaje que resuena también en nuestro continente que tantas veces y de manera errada busca, en nombre del progreso y la vanguardia, copiar modelos de un laicismo mal entendido y eliminar a Dios de la vida cotidiana. Un hecho que deja solamente destellos de soledad, ruptura y dolor en el corazón humano.

El segundo destino del Papa fue Barcelona. El objetivo de este viaje fue la consagración del templo de la Sagrada Familia. Su construcción comenzó en 1882 por el arquitecto catalán Antonio Gaudí, cuyo proceso de beatificación se encuentra en curso. A partir del pasado domingo, estas monumentales torres y columnas han dejado de ser un simple atractivo turístico para ser una basílica, cuya arquitectura encierra una riquísima simbología litúrgica, presenta una síntesis entre novedad, tradición, continuidad y creatividad y va más allá del tradicional estilo gótico. Una presencia imponente de lo sacro que se convierte además en un símbolo emblemático de la capital catalana. "Gaudí, con su obra, nos muestra que Dios es la verdadera medida del hombre", dijo el Papa al consagrar este templo. "El secreto de la auténtica originalidad está, como decía él, en volver al origen que es Dios", indicó Benedicto XVI.

Esperemos que esta visita no pase desapercibida. Que los españoles vean tanto en la presencia como en las palabras de Benedicto XVI una ocasión para redescubrir su fe y para que Dios pueda ser de nuevo percibido "en la vida de cada día, en el silencio del trabajo, en el amor fraterno y en las dificultades que los años traen consigo", como dijo el Papa en Compostela.

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