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De risas, juegos y libros en la fiesta del Jardín

  • De risas, juegos y libros en la fiesta del Jardín | Hernán Vanegas |
    De risas, juegos y libros en la fiesta del Jardín | Hernán Vanegas |
09 de septiembre de 2011
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La mala cara de la pequeña le alcanzó para no moverse de la entrada del Bibliocirco. Y eso que el papá le decía que más allá se podían encontrar otros personajes, que caminaran otro poquito.

A Luisa Fernanda, a sus 4 años, hubo que rogarle mucho. “Es que quería ver a los payasos lectores, pero cuando llegamos, ya se había terminado”, dijo Dioner Flórez, el papá, que al final la convenció con una foto afuera de la carpa.

Es que el Bibliocirco, casi a la entrada del Jardín, es uno de los atractivos que los niños no se quieren perder.

Con toda razón. Los están esperando los personajes de los cuentos de Rafael Pombo, listos para contarles historias, presentar un espectáculo y pasar un rato con ellos, encantándolos con los libros.

Para allá iban tres miniaturas de niñas con su mamá Mónica Godoy, que decidieron ser de las primeras en la Fiesta, ya que “las iban a traer de la guardería, pero al final no se pudo. Entonces decidimos venir. Ellas están mirando si hay cuentos. Venimos a explorar”.

En la primera mañana de feria lo que más se vio fue alumnos de colegio, acompañados de los gritos de cuidado de sus maestros. Por eso las carpas de la Sub17, como se llama la zona dedicada a ellos, era la más ruidosa, la más leída y la más llena.

“Nos gustó mucho, porque nos pusieron a hacer ejercicios con libros”, contó Kelly Calle, mientras, en tono burlón añadió que lo único que le faltó fue el refrigerio. Lo demás incluyó hasta ver a una iguana, grandísima ella, subiendo uno de los árboles.

Incluyó, por ejemplo, tener que elegir entre el camino largo y el corto en una de las posibilidades de la Fiesta. Y los pequeños, como son ellos, gritaron que el corto, aunque la profesora eligió el más largo y por ahí se fueron.
Bueno, después de intentarle enseñar a Simón el bobito a contar: el pequeño le siguió los dedos, le dijo que después de once no seguía catorce, lo miró tipo ‘usted no sabe nada’, le dio la espalda y lo dejó ahí, con las manos estiradas. Se fue a pescar cuentos, en un estanque lleno de peces y estrellas de papel.

“Vinimos con los estudiantes -señaló la profesora Yeimmy Montoya - para que ellos conozcan a los artistas y se acerquen a la lectura”.

A primera vista
Mientras los niños jugaron y aprendieron, los grandes aprovecharon para buscar libros entre las librerías y editoriales.

También para ir a las conferencias y seminarios. Porque si en momentos se vieron espacios vacíos en el Jardín, los salones fueron casi lleno completo.

En la ceremonia de apertura, por ejemplo, la emoción con Alma Guillermoprieto, Fernando Savater y Germán Rey quedó al máximo. Al final todos los querían abrazar por las historias, por hablar de literatura, de libros y de fiesta.

“Hermosa la historia del final”, le gritó de lejos una señora a la periodista mexicana. Había sido de ese recuerdo de por ahí hace 20 años, cuando estuvo en Medellín, como periodista.

El primer día fue sólo el abrebocas. La promesa son actividades para aprender, para divertirse, para andar curioseando, para leer al lado de las ardillas y las iguanas. No sea que, como Alma Guillermoprieto, se encuentre un libro de tangos y no lo quiera soltar, pese al afán (la estaban esperando para una reunión).

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