La libertad, de cualquier tipo, sólo puede ser absoluta para los inimputables y para los transgresores de las normas, que no reconocen responsabilidad. Los primeros, porque al carecer del uso de razón no tienen autonomía ni claridad de discernimiento. Los segundos, porque desafían derechos y deberes. Todas las libertades, incluida la de prensa, que se recuerda hoy 3 de mayo, comportan responsabilidad social. Tienen limitaciones jurídicas, éticas y de sentido común. Por eso no creo en la absolutidad de la libertad, sea de prensa o de cualquiera otra actividad humana.
Que la libertad de prensa no existe en este país porque los medios de comunicación y los periodistas no la salvaguardan, sentencian algunos críticos implacables, próximos a contraer el morbo inquisitorial contra el periodismo e imponerle otra forma de censura. No existe ni vale si se habla de libertad absoluta, porque, si no se reconoce responsabilidad alguna, debería hablarse de un ejercicio contrario a la corriente lógica del actuar responsable y a la disposición a asumir las consecuencias de lo dicho, o de lo que ha dejado de decirse.
Si uno invoca la libertad de movilización para andar en el automóvil como si estuviera en un juego de carros chocones, ese usufructo irresponsable de la condición de hombre libre tiene que ser penalizado. Lo mismo falta quien, en nombre de la libertad de cultos, se para en una esquina a insultar a los fieles de un credo religioso diferente del suyo. En igual forma, si uno se ampara en una pretendida libertad absoluta para calumniar, injuriar, ultrajar, mentir, torcer testimonios, no tiene derecho a protestar, si (en un caso hipotético, porque aquí se tolera todo) lo citan a responder ante la ley penal por tales desafueros.
No tiene sentido la libertad absoluta, ni de prensa ni de nada. Si a veces parece como si la hubiera, toca tolerarla. Pero se desmadran tanto algunos ciudadanos que bordean la acción ilícita, que al no aceptar ninguna responsabilidad ni sentirse en el deber de respetar mínimas reglas de convivencia, pueden confundirse con los transgresores e incurrir en conductas delictivas.
Cuando la Unesco instituyó el 3 de mayo como Día Mundial de la Libertad de Prensa declaró que "una prensa libre, pluralista e independiente era componente esencial de toda sociedad democrática". En esa resolución, de 1991, omitió la responsabilidad. Cualquier libertad, incluida la periodística, es la facultad de hacer de modo autónomo lo que debe hacerse. Hay que responderle a la sociedad por prestar el servicio público del periodismo. Lo que sí es del todo rechazable es la actuación ilegítima y soterrada de los enemigos agazapados de la libertad . Como protección de esa amenaza, la religiosidad popular invita a rezar hoy los mil Jesuses.
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