Desde el día mismo en el que el desahuciado presidente Chávez eligió equivocadamente a su sucesor, esas grietas que ya asomaban en el chavismo se fueron ahondando a tal punto que, un mes después de su muerte, ha empezado a desmoronarse.
El pésimo manejo que el "heredero" le dio a la enfermedad y muerte del "comandante", sumado a esa vergonzosa campaña electoral en la que abusó hasta la saciedad del dolor de buena parte del pueblo venezolano, debilitó dramáticamente su imagen y por ahí derecho la del chavismo, tal como quedó consignado en los comicios del domingo pasado.
Haber tratado de aparecer como un clon del "cristo redentor de los pobres" acabó siendo la más burda y grotesca imitación por parte de Maduro.
Sin embargo, esto no quiere decir que en cuestión de pocos días todo va a cambiar en Venezuela.
No, ni siquiera después del recuento (auditoría) de votos que seguramente arrojará resultados similares puesto que, ahora sí que es cierto que van a recurrir al fraude, porque el presidente (¿?) Maduro no va a soltar, al menos por ahora, esa silla a la que corrió a atornillarse tan pronto como la vio en peligro.
Pienso que será un proceso muy difícil por cierto.
Henrique Capriles Radonski, cuyo mayor triunfo fue haber conseguido, gracias a su valor y a su constancia, consolidar una oposición que, valga decir, hoy se sabe que es un número bastante mayor al que aparece en los resultados electorales. Porque habría que sumarle todos esos votos que desaparecieron misteriosamente.
Al oficialismo, por el contrario, hay que restarle todos los obtenidos fraudulentamente o bien bajo mecanismos de presión: los millones de votos de empleados públicos temerosos de quedar sin puesto; los de las Misiones (estudiantes) para no perder las ayudas que reciben; los que viven fuera de Venezuela que bajo cualquier pretexto les negaron el voto, etc.
Vendrá, como decía, un proceso de un par de años quizá, en el que Henrique Capriles tendrá que seguir trabajando con el mismo ahínco para mantener esa unión y, a su vez, preparándose muy bien para el día en que Maduro y el chavismo se derrumben completamente.
Porque la insolvencia intelectual, la falta de preparación académica y la carencia absoluta de carisma de Maduro, acabará por ahondar la crisis en la que se encuentra sumida, paradójicamente, la otrora potencia petrolera.
El maravilloso legado del "cristo redentor": inflación, devaluación, pérdida del aparato productivo, falta de inversión, inseguridad, etc. será insostenible.
Maduro no tendrá con qué mantener esa cantidad de políticas asistencialistas entronizadas por su mentor, razón principal del voto de sus seguidores, ni podrá seguir sosteniendo económicamente a todos esos países rémoras que por interés le rendían pleitesía al "pajarito", hasta el punto de permitirle intromisiones políticas.
Menos aún, podrá rescatar la economía tomando medidas de choque que no solamente son muy impopulares, sino que irían en contravía de los postulados del chavismo y de ese esperpento llamado Socialismo del Siglo XXI.
Y como si lo anterior fuera poco, tendrá que lidiar también con las graves pugnas que hay entre sus copartidarios.
Del canciller Maduro, aquel que aparecía afable y conciliador, no queda nada.
El de ahora, el verdadero, es un hombre indeciso, tosco y agresivo que pierde fácilmente la compostura y lo único que genera es desconfianza.
Maduro comenzó su mandato con "el cristo de espaldas".
P. S.: Qué deshonra ver a nuestro presidente compartiendo banca con los mandatarios de Irán, Brasil, Perú, Argentina, Uruguay, Bolivia, Cuba y Nicaragua.
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