Está bien que los principales gremios del capital aplaudan los buenos indicadores económicos revelados en estos primeros cien días del mandato Santos.
Y que el gobierno reclame tan halagadores índices como consecuencia de la confianza en sus propuestas y gestiones iniciales. Hablan, además del milagro conseguido al domesticar a Chávez -el "nuevo mejor amigo" del Presidente, dejando a Uribe quizá como el "viejo mejor examigo"- y de haber cuajado la extensión de puentes para ofrecerle a la Corte tres nombres nuevos con el fin de destrabar la elección del Fiscal.
La frialdad y el cálculo de Santos contrastan con el carácter impetuoso y franco de Uribe. El primero más reflexivo. El segundo más impulsivo. Aquel, una inteligencia racional. Este, una inteligencia emocional. Son diferentes talantes y el país -como lo expresa el excanciller Jaime Bermúdez- "tiene que acostumbrarse a que sean distintos". Dos estilos temperamentalmente opuestos, que en estos cuatro años de gestión darán para muchas comparaciones, controversias e interpretaciones.
Pero los avances en unos frentes del desarrollo económico como retroceso en otros -de acuerdo con el cristal con que se le mire- no pueden desviar la atención del actual cuatrienio de los desafíos que en materia social siguen gravitando sobre la estructura del Estado colombiano.
Si bien es cierto que hemos descendido en los altos niveles de desempleo, aun las cifras de desocupación son inquietantes. Estamos en niveles de generación de empleo por debajo de México, Chile, Uruguay y hasta de Venezuela, nación que cada día se aleja más de la economía de mercado y de las libertades y se abraza a un socialismo hirsuto a base de expropiaciones y censuras.
La carencia de equidad social es un grave problema, que seguramente en cien días aún es prematuro de evaluar como acción de gobierno dirigida a disminuir su severidad. Las últimas cifras dadas por organizaciones competentes, muestran un alto grado de concentración del ingreso y en consecuencia revelan lo mal de nuestros índices de Desarrollo Humano. Los recursos están en pocas manos y la pobreza en muchas. Hacer una sociedad estable y justa, no será posible mientras no se impulse una política agresiva en lo fiscal y social. Verdad de Perogrullo que por más repetida que sea, sigue sin mayor aplicación en nuestro sistema económico.
El número de muertes violentas -que contribuye a hacer más confuso el panorama del Desarrollo Humano- es bastante alto. Ellas ensombrecen las perspectivas de poder superar, por lo menos el promedio de la región. Mientras no haya justicia que opere, la violencia seguirá amparada por la impunidad y la prescripción. La restitución de tierras a los desplazados será otra dura prueba para medir la eficacia de la justicia.
Afortunadamente en el Plan de Desarrollo presentado por Santos -que ojalá al final de su mandato se cumpla siquiera en la mitad- se aspira a sacar 2.5 millones de la pobreza absoluta, reducir el desempleo al 9%, construir 1 millón de viviendas, todo esto como estrategia para abonar algo a la creciente como acumulada deuda social con las mayorías colombianas.
Así que en estos cien días del gobierno Santos, si bien hay avances en política internacional y en ciertas posiciones emocionales para enfriar las pugnacidades en el ejercicio del mando, existen desafíos que ahí están a la vista.
Quedan por supuesto más de 1.300 días por delante, -para concretar el Plan de Desarrollo santista- tiempo que ojalá no sea ocupado en nuevas refriegas verbales, o en contemporizaciones con algunos vecinos que congelan sus arrestos pendencieros, mientras su nivel de ciclotimia vuelve a subir como el alkaseltzer.
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