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Capacidades para el desarrollo agrícola

  • Capacidades para el desarrollo agrícola
09 de diciembre de 2010
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La creación de capacidades y activos para la ciencia, la tecnología y la innovación, CT+I, a nivel regional tiene una gran importancia para el desarrollo económico y social de las regiones. Por tal motivo, en la columna de la semana pasada se abogaba por mantener y fortalecer el modelo institucional para la CT+I en la agricultura, modelo que durante las dos últimas décadas se ha venido implementando en el país.

Este modelo, caracterizado por su descentralización, su relativa desconcentración, su diversidad en fuentes de financiamiento y su importante aporte a la creación de capacidades y de activos en distintas regiones agrícolas del país, se puede convertir en una catapulta del desarrollo de las actividades agropecuarias en dichas regiones.

La razón de ello es que cada vez más la generación, la difusión y el uso de conocimiento se convierten en importantes determinantes del desarrollo de las diferentes actividades productivas, y la agricultura no es la excepción. Los desarrollos científicos crecientes que se presentan en diversos campos del conocimiento en distintos países, especialmente en los desarrollados, así como su aplicación cada vez más generalizada en las actividades sectoriales, marcan una tendencia en el desarrollo de la agricultura.

El uso de información satelital en tiempo real en la gestión de las explotaciones; la aplicación de sensores en las labores de campo; la utilización de maquinaria controlada por medios electrónicos, y el empleo creciente de los desarrollos en el área de la biotecnología, son sólo unos pocos ejemplos de cómo esa tendencia es una realidad que cada vez más determina el desarrollo de la agricultura a nivel mundial.

Esto, a su vez, origina cambios en la canasta de productos. Las posibilidades de oferta son mayores y mucho más variadas. Asimismo, las características y los estándares de calidad también son mayores y cada vez incorporan nuevos atributos. Esto se manifiesta en la importancia creciente que la innovación ha venido adquiriendo en los procesos y en los productos agrícolas, pecuarios y agroindustriales.

De esta forma, la generación de conocimiento y el cambio tecnológico, junto a otras tendencias, van delimitando una nueva concepción y un nuevo tipo de desarrollo en la agricultura. En un mundo cada vez más globalizado, le resulta a un país, y por ende a sus regiones, muy difícil aislarse de esa realidad, además de que dicha eventualidad implica perder oportunidades y posibilidades de desarrollo para sus habitantes.

Si además de lo anterior se considera que el concepto de competitividad, como lo enuncia Michael Porter, no sólo aplica a las empresas sino también a las regiones, se hace evidente que el desarrollo sólido y dinámico de la agricultura en las regiones requiere de la existencia de una base amplia de capacidades y activos para la CT+I. Sin ellas, es muy difícil lograr que las regiones se incorporen a los desarrollos sectoriales que determinan las nuevas tendencias. Por lo tanto, no sólo es interés de las autoridades agrícolas centrales, sino especialmente de las regionales, que de manera creciente se instituyan y fortalezcan dichas capacidades y activos.

Un modelo institucional de CT+I centralizado no garantizaría la creación sólida de capacidades y activos en las regiones, pues el centro predominaría sobre ellas, además de que en esas condiciones las regiones perderían autonomía y capacidad de liderazgo para impulsar su propio desarrollo. Adicionalmente, la creación de sistemas de competitividad por producto o de sistemas regionales de innovación, que se han convertido en poderosos esquemas de apoyo al desarrollo competitivo, quedarían limitados y por fuera de su base natural que son las propias condiciones regionales.

Por tanto, no sólo es necesario impulsar un esquema institucional descentralizado para la CT+I, sino que el mismo se convierte en la base del desarrollo contemporáneo de las regiones.

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