El milagro del mar. En ningún lugar es tan patente. En ningún lugar conmueve hasta agotar la respiración. Estamos aún torciendo el cuello para alcanzar esos azules que delinean la península de Yucatán a través de la ventanilla del avión.
Es la imagen risible que registraría cualquier narrador omnisciente: 94 pasajeros a bordo de un embraer 190 de Copa Airlines, desgañitados disparando flashes, como si el paseo se les fuera a acabar. No importa, a Cancún hay que empezarlo a narrar desde el principio.
El encanto empieza ahí, pero se vuelve amor profundo una vez se dejan los zapatos para permitirle el masaje a esa arena blanquísima que encandila. Ventea, el mar libra la última batalla del día y la luna se impone a las 6:30 de la tarde.
La zona hotelera de Cancún se ubica en una porción de tierra doblemente bendecida: a un lado la baña la laguna Nichupté, testigo de los mejores atardeceres y al otro, un mar Caribe temperamental, regente de la salida del sol y de la luna.
Que no se piense en este destino como uno de los que se agota en la playa. Cancún es el paraíso y el paraíso es diverso: ofrece la siempre acogedora vida artificial para el turismo, con hoteles de fantasía (35.000 habitaciones disponibles) y una vida nocturna para no olvidar.
Pero también una serie de parajes naturales y arqueológicos a lo largo de la Riviera Maya, para los que disfrutan de los encantos de la selva y la cultura. Dos parques de los que se puede dar testimonio: Xel-Ha y Xcaret.
Hoteles
El Gran Meliá se impone con inspiración Maya sobre el bulevar de Kukulkán. Sus cinco pirámides enclavadas entre la costa y la laguna no se alejan del estilo grandilocuente de los hoteles de Cancún.
Una lluvia de hojas que caen desde la cima del edificio, así como una serie de personajes que te miran con la mano en el corazón, le dan la bienvenida a los huéspedes. Si el mundo terminara alrededor de esas paredes, con el sabor de esas comidas y con la bondad de esas playas, nadie moriría con remordimientos.
Cancún ecológico
Empieza el show de la naturaleza: guacamayas retozando, lagartos que se pasean meneando la cintura, senderos en bicicleta entre mangles, peces de colores a un zambullido de distancia. La imagen describe a Xel-Ha, declarado maravilla natural de México.
Unos cuantos kilómetros más allá, sobre la carretera Chetumal-Puerto Juárez se abren 50 hectáreas para que las maravillas no se acaben. Ríos subterráneos surcan el parque, así como encantos de la fauna nativa y la cultura maya. La noche de Xcaret ofrece un espectáculo que, de la mano de 300 artistas en escena, reconstruyen la historia de México a través del folclor.
Diríamos como resuena voz en cuello la última canción del Mariachi: " México lindo y querido/si muero lejos de ti/que digan que estoy dormido/y que me traigan aquí".
Pico y Placa Medellín
viernes
2 y 8
2 y 8