No es todavía la bonanza de los ochenta y tampoco el dorado que por décadas tuvieron los textileros y los confeccionistas. Pero la industria retomó en este 2012 el hilo del crecimiento.
De la mano de la cadena textil confección nació la Antioquia industrial y empresarial. Hace más de 100 años floreció un sector que desarrolló la producción de textiles y confecciones que le dieron posicionamiento a la ciudad con empresas importantes como Fabricato, Coltejer, Everfit, Pepalfa, Vicuña y Fatelares, por mencionar solo algunas.
Por décadas, trabajar en una empresa textil era sinónimo de estabilidad laboral, estatus social y de muchos beneficios. Pero con la apertura económica de comienzos de los 90, el sector empezó a sentir los efectos de la competencia internacional y muchas empresas, grandes, medianas y pequeñas, desaparecieron.
Después de tomar un segundo aire, la industria logró subsistir a punta de sacrificios y de abrirse a los mercados vecinos. Pero en 2006 volvió la crisis. La cadena sufrió un significativo declive por la fuerte revaluación del peso, el contrabando y el cierre de los mercados venezolano y ecuatoriano como consecuencia de conflictos de tipo político, que casi lleva a la desaparición de empresas con una amplia y reconocida trayectoria nacional.
La única esperanza para revivir era un Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos, que se fue posponiendo en el tiempo, con nefastas consecuencias económicas y sociales.
De clase mundial...
Lo bueno de esta recaída fue que empresarios y autoridades decidieron tomar una nueva ruta: mediante el programa de Transformación Productiva para formar sectores de clase mundial, se abrieron a nuevos mercados y a tener una industria con valor agregado, renovación e innovación.
Con ese nuevo aire empieza el 2012 con un elemento nuevo que muchos escépticos no aterrizan todavía: hay TLC con Estados Unidos y sobre este acuerdo, que entraría en vigencia en 2013, se afincan todas las esperanzas. Pero en ese análisis hay dos elementos adicionales: el consumo interno de prendas de vestir se disparó y las empresas optaron por la renovación de su maquinaria, lo que las pone a la vanguardia de las mejores del mundo.
Una tela de números
Por eso, aunque suene extraño, este año en Colombiatex, la feria más importante de la cadena, que reúne a lo más granado de América Latina, y a industriales tanto de otras latitudes del continente y de regiones más distantes, no hay reclamos ni lloriqueos para que el Gobierno salve al sector.
Pese a todos los golpes, la industria sigue fuerte. Según datos de Proexport, el sector textil representa el 28 por ciento de la producción y el segmento de confecciones, el 72 por ciento. Colombia ha migrado de los esquemas de maquila a desarrollar la industria de manera verticalmente integrada para ofrecer servicios de Full Package (paquete completo) con diseño en nichos específicos como lencería y jeans wear.
Hay por lo menos 450 fabricantes de textiles y 10.000 de confecciones, que generan aproximadamente 160 mil empleos directos y 600 mil empleos indirectos, participaron con el 8 por ciento del PIB manufacturero y el 4 por ciento del PIB nacional.
La cadena constituye más del 5 por ciento del total de exportaciones del país, lo que lo convierte en el sector de exportaciones no tradicionales más importante.
Antioquia genera aproximadamente el 60 por ciento de la industria textil-confección, manteniendo el liderazgo a pesar de los inconvenientes ya mencionados.
La renovación
En los últimos seis años, Enka de Colombia invirtió 44 millones de dólares en maquinaria y equipos para estar a la vanguardia de los retos del sector. Álvaro Hincapié Vélez, su presidente, explica que la decisión de apostarle a la renovación se dio por la inminente llegada del TLC con Estados Unidos y por el crecimiento de las ventas de los últimos años, en lo que él denomina un ambiente favorable para mantener la senda de crecimiento.
Fabricato, otra compañía de las 'grandes ligas', también renovó su maquinaria. En los últimos años invirtió 30 millones de dólares en modernización e innovación.
Fenómenos como el aumento del consumo interno y las crecientes exportaciones llevaron a sus administradores a tomar estos riesgos que en otra época podían parecer un suicidio. Juan Carlos Cadavid Gómez, su presidente, reconoce que hay un aire de positivismo muy marcado en la industria por cuenta del cierre del ejercicio económico de 2011 y de las perspectivas en el corto y mediano plazo. Y en ese horizonte el TLC con Norteamérica parece la tabla de salvación de muchos o la estabilidad que ofrece un mercado que importa alrededor de 100 mil millones de dólares de la cadena textil- confecciones.
Y de esa gran torta, advierte un viejo zorro de la industria como Guillermo Valencia Jaramillo, tiene que haber algo para las empresas colombianas, que supieron mantenerse en las peores crisis, que se renovaron y que ahora tienen un panorama más despejado. Se acabó la incertidumbre, señala el hombre que reconoce que es hora de revivir con producción de calidad.
Otra que coincide con ese análisis es Luz Eugenia Botero, directora del Cluster Textil Confección, Diseño y Moda. Dice que la industria retomó el hilo del crecimiento y esta oportunidad de volver a ser un sector relevante no se puede desperdiciar.
El reto, aclara Botero, debe ir de la mano de los productos con valor agregado, de profesionalización de la mano de obra y de renovación de maquinaria en las empresas.
¡Ahora o nunca! Ese es el llamado que hace Guillermo Henao Martínez, gerente de GH Textiles, representante de compañías que importan maquinaria para la industria.
El viento volvió a estar a favor pero reclama tareas y ajustes para aprovecharlo. Asuntos como la capacitación de la mano de obra, recuperación de la infraestructura vial y porturaria y renovación del parque industrial deben estar en primera línea, en una agenda en la que deben participar Gobierno y empresarios.
Es la oportunidad de la industria textil, coinciden los expertos. La alineación de tantos factores difícilmente volverá a repetirse.
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