Si hubiera un banco que diariamente acreditara en la cuenta de cada cliente $86.400 que debe retirar en el día pues lo que no se retire se pierde porque el saldo no se puede transferir para los días siguientes, obviamente retiraríamos a diario todo el dinero.
Pues bien, ese banco existe virtualmente: es el tiempo que cada día consigna en la cuenta de cada persona 86.400 segundos que hay que aprovechar bien porque lo que se haya desperdiciado es perdido definitivamente.
El tiempo no se puede malgastar y hay que invertir positivamente ese caudal diario de horas, minutos y segundos que Dios nos da para obrar el bien, no como cuenta Sofía Ospina de Navarro en una de sus sabrosas crónicas de una señora muy aficionada al juego de cartas que intranquila con las horas que gastaba en esa diversión fue a confesarse, y cuando el sacerdote le preguntó si perdía mucho tiempo, tranquilamente contestó:
"No, apenas cuando barajamos?".
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