Acepté la invitación del padre Nicanor, mi tío, a reunirme con él y Mariengracia para conformar los tres lo que él ha llamado un círculo de lectura teresiana. Se enteró de que con motivo del quinto centenario del nacimiento de Santa Teresa, en 2015, los carmelitas habían iniciado en sus comunidades la lectura continuada de las obras de su fundadora, empezando por el " Libro de la vida ", su primera obra, a cuya lectura, estudio y reflexión está dedicado este año de gracia de 2010.
-Cada loco con su tema, padre, pero ¿sí es buena idea leer a Santa Teresa en grupo? ¿No es mejor dejar esta clase lecturas a la soledad, a la intimidad?
-Te digo una cosa: si algún autor debe ser leído en voz alta, es precisamente Santa Teresa. Ella escribía como hablaba. Leerla es conversar con ella. Sus obras, y sobre todo el Libro de la Vida es, en el simple plano literario, un documento incomparable de la lengua castellana en el siglo XVI, porque es un reflejo de cómo hablaba el pueblo en ese momento en España.
-Debe ser por eso, tío, que al principio es un poco difícil el lenguaje teresiano.
-Hay que tener en cuenta algunas características importantes para leer a Santa Teresa. Su estilo es coloquial, de conversación. No tiene preocupaciones gramaticales. Es desmañada y descuidada. Escribe a vuela pluma, sin tiempo para corregir. De ahí su espontaneidad, su sencillez, su vitalidad. No expone tesis teológicas, no sistematiza, sino que simplemente charla con el lector. Empieza a escribir (ella, mujer, en medio del antifeminismo de la época) a los 47 años, sin más preparación que su afición a la lectura. Escribe, porque se lo mandan, en medio de viajes, enfermedades y dificultades de toda índole.
-Hábleme de ese primer libro suyo, de su autobiografía.
-Es, digamos, una autobiografía espiritual, que alguien ha calificado como una teología autobiográfica o, mejor, una biografía teológica. Yo te he dicho a menudo que no solamente en el Libro de la vida , sino en todas sus obras, santa Teresa es la novelista de Dios. Narra, cuenta lo que pasa entre ella y Dios, quien se convierte en el personaje de todas sus obras. Ahí radica el asombro y el encanto de la experiencia teresiana. Dios como vicisitud diaria, como angustia y alegría cotidianas. Que eso, en el fondo, es la vida de todos. Y eso, tan simple, es la mística, muchacho.
-¿Usted diría, entonces, padre, que sus libros son todos una gran novela de Dios?
-Es mi idea. Que Dios hace de saga en los libros de nuestra santa. Un Dios que se hace presencia a cada instante en la vida de una mujer, que palpita en su pluma, que se enreda en el polvo de sus sandalias que recorren los caminos de España; un Dios hecho búsqueda, lucha, escarceo, angustia, placer, éxtasis; un Dios confundido con los problemas de la época, con los personajes de la época, con los pecados y las virtudes de la época.
-Pues me está usted antojando, tío.
-Te invito a navegar, muchacho. Decía Azorín que la "Vida" es el "libro más hondo, más denso, más penetrante que existe en ninguna literatura europea". En otra oportunidad te doy algunas pautas para estudiar la obra que vamos a empezar a leer. Aunque lo importante es sumergirse en su lectura.
-Pues voy a seguir su consejo, tío. En medio de esta cotidianidad desastrada y desastrosa en que vivimos en Colombia, leer a Santa Teresa puede ser una terapia, una luz de esperanza.
- Agua para una sed, hijo. No lo dudes-.
Pico y Placa Medellín
viernes
2 y 8
2 y 8