Es un drama el que ha vivido en los últimos días Beatriz, así se le conoce con su seudónimo, a la mujer salvadoreña de 22 años que padece de Lupus y espera su segundo bebé acéfalo y quien solicitó, presionada por varias ONG y organizaciones feministas, practicarse un aborto terapéutico para no poner en riesgo su salud.
La constitución del Salvador protege el ser humano desde su concepción hasta su muerte natural y por ello se le negó la solicitud pero aceptó que le indujeran el parto para que su bebé naciera prematuramente y muriera de manera natural.
Esto ocasionó fuertes protestas la semana pasada en contra del gobierno salvadoreño. Amnistía Internacional calificó este fallo como “cruel, inhumano y degradante”.
Su caso es uno de los tantos que salta a la prensa mundial para hacer que en más lugares el aborto deje de ser un delito y se convierta en un derecho.
Recordemos hace diez años la historia de Rosita, la niña nicaragüense que fue violada y quedó embarazada con solo nueve años y a quien se le permitió abortar. A los 14 años Rosita nuevamente quedó en cinta y se descubrió que el padre de la criatura era su padrastro, el mismo que la había violado años atrás y quien orquestó todo el show mediático que finalizó con el aborto de la niña. Aquí cabe preguntarse: ¿es el aborto el que pone fin al drama del abuso a menores? ¿O más bien el que hace que esta plaga se siga multiplicando?
Volvamos al tema de Beatriz: Las protestas de la semana pasada están llenas de preocupantes manipulaciones.
En primer lugar ella tiene un lupus eriteatoso discoide, que no es mortal y afecta solo la capa cutánea, razón por la cual, la continuación de su embarazo no pondría en riesgo su vida como sí lo haría el acabar violentamente con la de su bebé.
Pero además, en toda esta campaña mediática se está dejando de lado lo más importante: el valor de la vida del hijo que espera Beatriz. El hecho de que presente una malformación que probablemente lo hará vivir pocas horas después de que nazca no lo hace menos persona ni justifica su asesinato dentro del vientre de su madre, ni siquiera por el hecho del deterioro de su salud. El sufrimiento se hace más llevadero y heroico cuando acompaña al enfermo hasta su muerte natural. Recordemos el caso de la niña acéfala Marcela de Jesús Galante, quien hace cinco años falleció en Brasil con un año y ocho meses de edad superando todas las expectativas de vida. Su madre aseguró que con ella “cada segundo fue precioso”.
Muchas veces las opciones en contra del no nacido tienen un origen dramático y están rodeados de una presión social que ve en el aborto la mejor salida. Pero debemos recordar que el valor de la libertad o del derecho a decidir no debe estar por encima de valores preciosos y sagrados como el de la vida misma.
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