¿A qué juegan las Farc?
Esta parecería ser la pregunta precisa, luego de la comunicación que enviaron a la exsenadora Piedad Córdoba para plantear la liberación unilateral de cinco de sus cautivos.
Y como ha sido costumbre, adjuntaron la retórica revolucionaria de siempre: descalificación del Ministerio Público, criminalización de la solución política del conflicto, refrendación de un posible acuerdo de paz con una asamblea constituyente, exigencia de garantías para la liberación e invitación a trabajar por la construcción de una alternativa política hacia la paz.
Además, rematan el comunicado con un canje de prisioneros y la liberación de Simón Trinidad.
Pudiera ser una estrategia de desgaste político y presión transitiva hacia el Gobierno, hábilmente orquestada para mover el cotarro político humanitario, por supuesto, desconociendo al interlocutor legítimo, el Gobierno Nacional
Así pretenderían posicionar a la exsenadora Córdoba después de su inhabilitación y convertirla en eje aglutinador de un movimiento político por la paz, mientras queda descartado de plano algún ablandamiento del máximo jefe de las Farc, alias Alfonso Cano.
Todo lo contrario, casi todas las estructuras de la organización han revertido a la guerra de guerrilla clásica, explotando las ventajas asimétricas del campo de combate, aplicando el engaño y la sencillez en la ejecución de acciones armadas y terrorismo selectivo.
En fin, con esta jugada política (liberaciones unilaterales), tal vez tratan de construir escenarios y posicionar la intención de paz.
Por su parte, el Gobierno ha sido lacónico y directo. Manifiesta disposición para garantizar las condiciones de seguridad, autoriza a la exsenadora Córdoba para adelantar las labores de facilitación, anuncia la designación de Eduardo Pizarro Leongómez como interlocutor del Gobierno, y exige la liberación de todos los secuestrados.
Valdría la pena preguntarnos nuevamente: ¿a qué juegan las Farc?
No será más bien que este argumento humanitario que mueve tanto el alma nacional con el drama humano que conlleva, ¿pretende debilitar y descalificar las investigaciones sobre la farc-política?
Además, afirmar que un futuro diálogo con el Gobierno debe soportarse en el Manifiesto de las Farc es desconocer la realidad política actual del país y las premisas inalterables del Gobierno frente a eventuales diálogos de paz.
Según la posición del Presidente Santos, la llave para un posible escenario de negociación con las Farc o el Eln sigue guardada, y no conocemos algún cambio en este sentido.
Queda claro que la acción sostenida de las Fuerzas Armadas contra toda modalidad de violencia es el camino correcto que debemos apoyar incondicionalmente.
Los violentos pueden someterse a la institucionalidad: las reglas de juego están sobre la mesa, sin engaños ni chantaje humanitario. Si queremos la paz, debemos construirla con voluntad política decidida y sin estrategias mediáticas y oportunistas.
PAUSA UNO: Señores del Eln: pese a las dificultades por el inclemente invierno, no pedimos tregua alguna. Sólo esperamos que se suspendan las vejaciones y la violencia irracional contra el pueblo colombiano.
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