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De agricultores a empresarios: una diáspora del Oriente antioqueño que llega hasta la China

Son los “mandacallar” en el comercio de Medellín y de capitales como Bogotá y Cali. Detectan negocio donde otros ven aridez y se mueven en China como si fuera su casa.

  • Jairo Bernal, de ancestro cejeño, llegó al Hueco hace más de tres décadas; allí se convirtió en un líder. FOTO JULIO CÉSAR HERRERA
    Jairo Bernal, de ancestro cejeño, llegó al Hueco hace más de tres décadas; allí se convirtió en un líder. FOTO JULIO CÉSAR HERRERA
  • El Centro comercial Los Marinillos muestra la influencia que tienen empresarios del Oriente en El Hueco. FOTO JULIO CÉSAR HERRERA
    El Centro comercial Los Marinillos muestra la influencia que tienen empresarios del Oriente en El Hueco. FOTO JULIO CÉSAR HERRERA
hace 13 horas
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En Cali, el mejor pandebono —su alimento emblemático con reconocimiento mundial— no lo hace un valluno sino una panadería cuyo propietario es un marinillo. Hay cálculos de que el 70% del comercio de alimentos en la Sultana del Valle está en manos también de personas procedentes del Oriente antioqueño, lo mismo que un porcentaje similar del movimiento de El Hueco de Medellín y de San Victorino en Bogotá, y en general de los Sanandresitos del país.

Pero igualmente, la presencia de gente oriunda de esta subregión paisa se siente en las tiendas, abastos, restaurantes, centros comerciales y todo lo que ponga a mover registradoras en la Costa Atlántica y en otros departamentos como Huila, Caquetá, los Llanos orientales y Cúcuta, por mencionar solo algunas partes.

Se podría afirmar incluso que si hubo una primera colonización antioqueña en los siglos XIX y XX, que se hizo a lomo de mula y motivada por la extracción de oro y el cultivo del café, la de los “orientales” sería como una segunda expansión con componentes sociales, económicos y culturales, pero a diferencia de la anterior y con la ayuda de la tecnología, esta conoce menos de fronteras porque muchos de estos hábiles negociantes tienen hasta sucursales en China.

Una plaza en particular por fuera de Antioquia donde han ganado una influencia rotunda es Cali. Hoy día el presidente de la Cámara de Comercio de esa ciudad es Octavio Quintero, un granadino que migró hace cinco décadas. También lo es el presidente del equipo de fútbol América de Cali, Tulio Gómez.

La colonia de Granada no solo es la más numerosa, con más de 12.000 personas (más que la población que permanece en el municipio), sino la más organizada en la tierra de la salsa y los champús, al punto que ya tiene un sitial en la Feria de Cali con una comparsa que recuerda sus ancestros montañeros.

Y del vecino municipio de Marinilla es Jairo Ramírez Serna, el dueño desde hace 41 años de la panadería Kuty, que posee 15 locales en Cali y 11 en Bogotá. Este negocio ha ganado dos veces el premio por hacer el mejor pan del mundo (el pandebono) y en dos ocasiones más ha ocupado el segundo puesto.

De la misma familia es la Panadería Peter Pan, con tres establecimientos y cerca de 120 empleados en Neiva.

Tampoco es de olvidar que Raúl Giraldo, el presidente del Independiente Medellín, es granadino.

Entérese: Comerciantes antioqueños ponen de moda el acento paisa en China

Cuando se pregunta de dónde viene esa pulsión colonizadora a través del comercio, varias personas consultadas coinciden en que los orientales están genéticamente programados con una capacidad para descubrir el negocio donde otros ven aridez y cuentan con una solidaridad que los ha llevado prácticamente a hacer magia creando emporios a partir de cero.

Esto parece una característica general válida para municipios como Granada, El Santuario, San Carlos y Marinilla y en menor proporción para otros, porque hay una cultura común que no se compadece con los límites políticos. Aunque en ese argot, al hacer zoom, algunos aseguran que los santuarianos son los magos para los supermercados, la industria de alimentos y las confecciones; los marinillos dominan la panadería y los granadinos todo lo que sean importaciones de distintas mercancías.

Donde llega un oriental, lo más usual es que pronto aterrice un familiar, y otro y otro, o que vayan llegando amigos o exvecinos y en el momento menos pensado todo está invadido de sitios donde no se habla español sino paisa.

El periodista Óscar Castaño relata que así fue como décadas atrás muchos sanfranciscanos que tuvieron que salir de su terruño desplazados por el conflicto armado terminaron en pueblos perdidos del litoral Caribe donde los habitantes compran al menudeo los ingredientes para hacer el desayuno, el almuerzo o la comida. De esa manera empezaron a vender porciones de aceite a $50, colinos individuales de cebolla o bolsitas de $200 de arroz, porque la clave de su negocio es ganar centavo a centavo.

Algunos de esos mismos desterrados de antaño tienen ya estampa de comerciantes prósperos y varios hasta han amasado fortunas, a pesar de que la mayoría si acaso superó la escuela primaria.

En palabras de Castaño, los granadinos “tienen mucho sentido de cobijarse entre ellos mismos, y un respeto acentuado por la palabra. Por ejemplo, un granadino llega a Cali o Barranquilla con una mano adelante y otra atrás y al otro día los demás le tienen montado un almacén de baratijas y él paga por cuotas; si les falla se queda sin negocio”, lo que refleja su espíritu de ayuda y respeto por la palabra.

La otra característica es el arraigo, pues normalmente los orientales no solo llevan sus costumbres a donde vayan, sino que mantienen intacto el vínculo con la patria chica, acudiendo varias veces al año con ocasión de la Navidad y Año Nuevo, las fiestas patronales, eventos especiales o las tradicionales Fiestas del Retorno.

Luis Carlos Salazar, un comerciante convertido a marquetero y con alma de historiador, asegura que esa vocación para los negocios les viene a los orientales de “la necesidad, porque en estos pueblos no había manera de vivir, porque la agricultura no pegaba”.

El Centro comercial Los Marinillos muestra la influencia que tienen empresarios del Oriente en El Hueco. FOTO<b> JULIO CÉSAR HERRERA</b>
El Centro comercial Los Marinillos muestra la influencia que tienen empresarios del Oriente en El Hueco. FOTO JULIO CÉSAR HERRERA

El origen de la diáspora comercial desde el Oriente tiene una historia y una especie de prehistoria. De acuerdo con Salazar, quien salió hace 60 años de El Santuario —pasando por Caquetá, Ibagué, Ipiales, Buenaventura y Riosucio (Caldas), entre otras ciudades, hasta asentarse en Bogotá—, en la década de 1940 los muchachos se iban a coger café hacia el Valle o el Viejo Caldas desde antes incluso de cumplir la mayoría de edad y con lo que ganaban en la cosecha montaban ventas de abarrotes y licor, de manera que se asentaban. De paso mudaban de agricultores a comerciantes.

En los años 70 hubo otro hito cuando los labriegos santuarianos vieron la necesidad de llevar las verduras que producían a Barranquilla y Cartagena; terminaron montando supermercados y tiendas de abarrotes por varias ciudades y pueblos del litoral. Después, en el municipio empezaron a coger los retazos que resultaban como excedentes de las textileras de Medellín y crearon talleres familiares de confección; la producción otros las ofrecían valiéndose de pregoneros que recorrían pueblos y barrios de las ciudades.

Igualmente, en las locerías de El Carmen de Viboral adquirían mercancía a buen precio y la feriaban en la plaza de El Pedrero, de Guayaquil, que fue precursora del emporio actual de El Hueco, donde, como ya se dijo, los orientales son dueños de más o menos el 70% del mercado.

La construcción de la Autopista Medellín-Bogotá, que pasa por esa subregión, le dio impulso a la comunicación de personas y mercancías.

En la capital de la República, la modalidad de negocio fueron las “ventas de catre”, que se llamaron así porque estructuras de ese tipo y dispuestas al sol y al agua se atiborraban de mercancía. Posteriormente se metieron en locales que fueron creciendo y lo siguen haciendo.

Esa fue una generación que mutó de agricultores pueblerinos a comerciantes a punta de intuición y capacidad para asumir riesgos. El conocimiento se traspasó a los hijos que ya tenían una visión más citadina y amplia de los negocios.

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En medio de bares y prostíbulos, entre las décadas de 1980 y 1990 del siglo pasado, Guayaquil se fue llenando de establecimientos de abarrotes y comercios con mercancías traídas de San Andrés, luego se puso de moda Maicao (La Guajira), después, Panamá y a medida que la mente se iba abriendo los límites se expandían.

Los ancestros de Jairo Bernal (un apellido inconfundiblemente cejeño) fueron los propietarios de Papelería Colombia, un emblemático establecimiento de Guayaquil antes de que lo conociéramos como El Hueco. Él se estrenó en ese tiempo en el comercio, a la par que estudiaba Comunicación Social-Periodismo en la Universidad de La Sabana, de Bogotá; años después fundó un negocio que cambiaba a domicilio billetes por monedas para llenar una necesidad a la hora de dar las “devueltas”; posteriormente fundó el periódico Guayaquil Times, que circuló más de dos décadas. También fue uno de los primeros en desviar el rumbo hacia Corea del Sur, a inicios de la presente centuria, acompañado por otras personas inquietas con las que viajaba por gorras, medias y ropa interior femenina.

Muy poco tardaron en entender que quienes realmente fabricaban en serie, en cantidades alarmantes, eran los chinos y que por eso allá obtendrían mejores precios. De eso hace entre 15 y 18 años.

A medida que viajaban y sorteaban las dificultades propias de una cultura y un idioma diferentes, aprendieron que podían hacer contacto con los propios fabricantes y negociar si acudían a las llamadas ferias, que son como ciudadelas de proporciones inimaginables, repletas de cuanta cosa haya creado el ser humano, ubicadas en las ciudades más grandes del Gigante Asiático.

Jairo cuenta entre risas que se iban en grupo. Escasamente hablaban español pero negociaban con calculadora en mano y se desenvolvían como podían porque “la necesidad hace que el recurso humano florezca”.

Con idéntico pragmatismo, Arcesio Gómez, un granadino que se convirtió en leyenda en este micro mundo, pues de él se dice que empezó a conseguir lo que tiene inundando el mercado nacional con ula-ulas, apunta que no hay misterios, que en los aeropuertos uno se puede desenvolver a punta de señas y si tiene los documentos en regla. La siguiente lección es que “el dólar es el lenguaje universal y con dólares en el bolsillo no hay problemas de ninguna clase en ninguna parte”.

Así se volvió normal que los paisanos del Oriente antioqueño se encuentren más fácil en la China o en cualquier otra latitud donde haya algo por comprar que a su vez le interese a un colombiano. La respuesta más repetida cuando uno los llama es “está en el exterior”, e incluso no son pocos ya los que han montado sucursales en la potencia asiática.

Según Bernal, “hay una relación tan fuerte que los chinos dicen que quieren conocer el país de El Santuario o de Granada”, porque asumen que son naciones diferentes, con vida propia.

Preguntas frecuentes (FAQ) SEO

1. ¿Por qué hay tantos comerciantes del Oriente antioqueño en ciudades como Cali, Bogotá y Barranquilla?

La presencia de comerciantes del Oriente antioqueño en diferentes regiones del país es el resultado de un proceso migratorio que comenzó hace varias décadas. Muchos habitantes de municipios como Granada, Marinilla, El Santuario y San Carlos salieron en busca de mejores oportunidades económicas debido a las limitadas opciones laborales en sus lugares de origen. Con el tiempo consolidaron negocios en sectores como alimentos, abarrotes, confecciones, importaciones y comercio minorista, creando redes familiares que facilitaron la llegada de nuevos emprendedores.

2. ¿Qué municipios del Oriente antioqueño son reconocidos por su tradición comercial?

Entre los municipios con mayor reconocimiento por su vocación comercial están Granada, Marinilla, El Santuario y San Carlos. Cada uno ha desarrollado fortalezas en distintos sectores: los marinillos son ampliamente conocidos por las panaderías, los santuarianos por supermercados, confecciones e industria de alimentos, mientras que los granadinos han destacado en el comercio de importaciones y mercancías de diversa índole.

3. ¿Cómo surgió la expansión comercial de los habitantes del Oriente antioqueño por Colombia?

La expansión comenzó hacia mediados del siglo XX. Inicialmente muchos jóvenes viajaban a trabajar en las cosechas de café y luego invertían sus ahorros en pequeños negocios. Posteriormente, comerciantes del Oriente empezaron a distribuir productos agrícolas, textiles, cerámica y mercancías importadas en distintas ciudades del país. La construcción de la autopista Medellín-Bogotá también facilitó el transporte de personas y mercancías, impulsando aún más esta migración empresarial.

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