El muro que cambió para siempre la historia del mundo no era solo las piezas de hormigón que hoy siguen en pie en lugares como la East Side Gallery o el Parlamento de los Árboles de Berlín. Esa división física tuvo más de “franja de la muerte”.
Por 28 años, 2 meses, y 25 días el este y oeste de Berlín estuvieron separados, pero la división venía desde décadas atrás. Cuando se acabó la Segunda Guerra Mundial, los aliados (Estados Unidos, Francia y Reino Unido) y la Unión Soviética se dividieron Alemania.
Los tres sectores occidentales pasaron a llamarse República Federal Alemana (RFA) y el sector soviético se convirtió en la República Democrática Alemana (RDA) en 1949. Berlín quedó partida y se crearon 81 puntos de paso entre las dos zonas de la ciudad.
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El régimen que se estableció en el este por el Partido Comunista creó descontento entre la población, que emprendió una migración masiva hacia oeste. Para agosto de 1961, unas 3 millones de personas habían cruzado hacia el otro lado.
La Alemania de la RDA había perdido un sexto de su población y se enfrentaba a ser vista como un fracaso, así que decidió cerrar los pasos fronterizos y evitar a toda costa que la población saliera de esta parte de la ciudad.
155 Km de alambres de púas amanecieron en las calles el 13 de agosto de 1961. Allí comenzó la construcción del muro que cambiaría para siempre la historia del mundo.
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