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El crecimiento de Colombia alimenta el sueño mundialista ante Suiza

Colombia llegará el martes al duelo con Suiza en franco crecimiento, respaldada por una defensa sólida, el apoyo masivo de su afición y la convicción de que, si mejora su eficacia en ataque, tiene argumentos para seguir haciendo historia.

  • La Selección y una de las muestras de unión que ha tenido durante los entrenamientos previos al partido frente a Suiza. FOTO JUAN ANTONIO SÁNCHEZ
    La Selección y una de las muestras de unión que ha tenido durante los entrenamientos previos al partido frente a Suiza. FOTO JUAN ANTONIO SÁNCHEZ
hace 3 horas
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Después de ocho años de espera, la Selección Colombia vuelve a instalarse entre las 16 mejores selecciones del planeta. La clasificación a los octavos de final no solo confirma el crecimiento del equipo dirigido por Néstor Lorenzo, sino que revive uno de los capítulos más importantes de la historia del fútbol colombiano: la posibilidad de repetir, o incluso superar, aquella inolvidable actuación de Brasil 2014.

Será apenas la cuarta ocasión en que la Tricolor dispute esta instancia de una Copa del Mundo. Antes lo hizo en Italia 1990, Brasil 2014 y Rusia 2018. De esas tres experiencias, únicamente una terminó con celebración. Las otras dejaron cicatrices que todavía permanecen en la memoria de los aficionados.

En Italia 1990, la ilusión terminó en los cuartos de hora más dolorosos del fútbol colombiano. El histórico error compartido entre René Higuita y Luis Carlos Perea permitió el gol de Roger Milla y abrió el camino para la eliminación frente a Camerún.

Veinticuatro años después llegó la revancha. En Brasil 2014, la Selección firmó una actuación inolvidable. Superó a Uruguay con una brillante exhibición de James Rodríguez, autor de uno de los goles más espectaculares en la historia de los Mundiales, y así alcanzó unos históricos cuartos de final, donde solo pudo ser frenada por el anfitrión Brasil.

La última experiencia en esta ronda ocurrió en Rusia 2018. Allí Colombia resistió hasta los penaltis frente a Inglaterra después del agónico empate conseguido por Yerry Mina. Desde los once metros terminó el sueño cafetero. Ahora aparece un nuevo desafío llamado Suiza.

El destino quiso que Colombia se reencontrara con una selección a la que ya enfrentó en una Copa del Mundo. La única vez ocurrió en Estados Unidos 1994, aunque bajo circunstancias completamente distintas. Aquella Selección ya estaba eliminada tras las derrotas frente a Rumania y Estados Unidos, mientras que Suiza llegaba como líder del grupo. Sin embargo, Colombia cerró su participación con una victoria por 2-0 gracias a los goles de Harold Lozano y Herman “Carepa” Gaviria.

Treinta y dos años después, el contexto cambia completamente. Ya no es un partido para despedirse, sino para seguir escribiendo historia.

Si algo ha dejado claro este Mundial es que Colombia ha evolucionado con el paso de los encuentros. La Selección no ha encontrado todavía su versión ofensiva más contundente, pero sí ha consolidado una identidad muy clara. Hoy es un equipo sólido, equilibrado y difícil de vulnerar.

El principal déficit sigue siendo la definición. Las ocasiones aparecen una y otra vez, pero la eficacia continúa siendo la gran asignatura pendiente.

Luis Díaz ha sido uno de los futbolistas que más lo ha intentado. Su despliegue físico, desequilibrio y capacidad para romper defensas permanecen intactos, aunque la ansiedad por marcar y la carga física con la que llegó al torneo le han pesado. Tampoco Luis Suárez ha podido trasladar al Mundial el instinto goleador que lo convirtió en una de las figuras del Sporting de Lisboa.

Y para completar las dificultades ofensivas, Jhon Córdoba nunca logró recuperarse plenamente de sus problemas físicos. Incluso, volvió a resentirse durante el compromiso frente a Ghana y todo apunta a que difícilmente volverá a tener minutos en esta Copa del Mundo. Paradójicamente, mientras el ataque sigue buscando su mejor versión, la defensa se convirtió en la gran fortaleza del equipo.

Una defensa brillante

Los números hablan por sí solos. En cuatro partidos Colombia apenas ha recibido un gol.

Buena parte de esa seguridad nace de la pareja conformada por Dávinson Sánchez y Jhon Lucumí, que ha mostrado solidez, liderazgo y gran coordinación para neutralizar a los delanteros rivales.

Detrás de ellos también ha sobresalido Camilo Vargas. El arquero ha respondido cada vez que el equipo lo ha necesitado, especialmente en los momentos de mayor presión. Sus intervenciones oportunas han permitido mantener la tranquilidad de una defensa que hoy figura entre las más confiables del campeonato.

El motor está en la mitad

Si la defensa ofrece tranquilidad, el mediocampo representa el corazón futbolístico de esta Colombia.

Gustavo Puerta continúa consolidándose como uno de los grandes descubrimientos del torneo. Su equilibrio, capacidad para recuperar balones y criterio para iniciar las jugadas le han dado estabilidad al funcionamiento colectivo.

A su lado, Jhon Arias aporta dinámica, velocidad e intensidad para conectar rápidamente con el frente de ataque.

Todo ese trabajo encuentra un respaldo permanente en Jéfferson Lerma, cuya labor silenciosa permite que los futbolistas más creativos tengan libertad para jugar. Sin embargo, hay un nombre que todavía genera expectativa. James Rodríguez.

El capitán aún no ha mostrado su mejor versión y es consciente de ello. Precisamente esa fue la reflexión de Carlos “Pibe” Valderrama, quien acompaña a la Selección durante el Mundial. “Él sabe que está en siete, pero yo confío en que va a mejorar, porque tiene calidad”, aseguró el histórico volante, convencido de que cuando James alcance su máximo nivel, Colombia dará un salto importante en su rendimiento colectivo.

Fortaleza fuera de la cancha

El crecimiento futbolístico también tiene una explicación emocional. Una de las grandes apuestas de la Federación fue permitir que las familias acompañaran al grupo durante el Mundial. Una decisión que ha fortalecido el ambiente interno y que los propios familiares consideran determinante.

Jhon Mojica, padre del lateral Johan Mojica, aseguró que los jugadores son plenamente conscientes del compromiso que representan. “Están muy concentrados y comprometidos, porque son millones de personas a las que están representando”, afirmó.

Ese respaldo emocional se complementa con otro factor que ha convertido prácticamente cada partido en condición de local. La afición colombiana ha protagonizado una de las imágenes más impactantes del campeonato.

Miles de hinchas han acompañado a la Selección en cada estadio, generando una atmósfera que incluso los rivales han destacado. Uno de ellos fue Carlos Queiroz.

El entrenador de Ghana y antiguo seleccionador colombiano reconoció públicamente la influencia de los aficionados. “Quiero felicitar a la afición de Colombia porque han sido el mejor jugador. Eso es muy difícil para los jugadores jóvenes de Ghana soportar la presión de todos los aficionados”, afirmó.

El apoyo desde las tribunas ha sido un impulso permanente para un plantel que ha sentido el respaldo de un país entero.

Convertir la ilusión en historia

Colombia todavía tiene aspectos por corregir. Necesita mayor contundencia frente al arco rival, recuperar la mejor versión de James Rodríguez y encontrar el gol de sus delanteros.

Pero el balance general es ampliamente positivo.

La Selección llega a los octavos de final con una defensa que transmite seguridad, un mediocampo que controla los partidos, un entrenador que ha sabido responder a cada desafío y un grupo que parece fortalecido tanto dentro como fuera del campo.

El desafío ahora será transformar ese crecimiento en un nuevo paso histórico. Porque desde Brasil 2014 Colombia no volvía a sentirse tan competitiva en una Copa del Mundo.

Este martes, desde las 3:00 p. m. (hora de Colombia), frente a Suiza, la Tricolor tendrá una nueva oportunidad para demostrar que este equipo no solo está preparado para competir, sino también para seguir soñando con escribir la página más brillante de su historia mundialista.

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