1.Flores de la infancia
A falta de una, la campaña de Apple escogió tres de las fotos de Diego Cárdenas, un publicista para quien la fotografía es un pasatiempo y una forma de recordar momentos del pasado. “Las tres fotos las tomé estando en la calle, en Bogotá. Las flores me recordaron a mi infancia. Para mí siempre que uno toma una foto es un reflejo casi instintivo de algo que recuerdas”, cuenta Cárdenas, quien se retiró de trabajar con agencias y ahora tiene una productora independiente. Relata que como cámara usa su iPhone 6s, pues le parece más práctico y fácil de llevar.
2.Un interés juvenil
Daniel Jiménez Robayo acaba de terminar noveno grado en el colegio Fontán Capital y, según dice, ahora está más preocupado por la estética y por hacer cortometrajes. “Si veo algo en la calle y me gusta lo grabo o le tomo una foto”, narra, y explica que tomó la foto que eligieron en el Jardín Botánico de Bogotá. No sabía qué flor era, pero le llamaron la atención sus colores, textura y pistilos, aquellas formas que sobresalen del centro de la flor. “El comienzo fue una locura, recibí un correo electrónico y me parecía increíble”, dice el joven, cuya foto ahora dará la vuelta al mundo.
3.El ojo de la experiencia
Aunque trabaja como fotógrafo profesional hace siete años, Werner Morales tiene experiencia desde hace 25 en publicidad y diseño gráfico. Dio con las flores que fotografió por casualidad: “a la vuelta de mi oficina hay una floristería y pasé un día temprano, como a las 7:00 a.m., cuando estaban recién desempacadas. Tomé fotos desde diferentes ángulos, las subí a redes y ahí me contactaron para la campaña”, detalla. Morales dice que si bien para temas profesionales una mejor cámara siempre será necesaria, para redes sociales “si tienes un buen ojo, la de un celular basta”.
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