Dejar la Medellín de los 2000 para irse a estudiar una maestría en el Instituto Francés de Urbanismo, fue uno de los primeros pasos que llevarían a este académico a optar por el camino del servicio público. Apático a la política, se chocó con una París vigorosa en el debate, los movimientos ciudadanos y las manifestaciones. Aprendió que las decisiones que se toman sobre el espacio público son políticas. Regresó a Colombia con la idea de ejercer un liderazgo que le “picaba”’ desde la universidad.
Un debate del Concejo en el que no hubo quién defendiera el urbanismo fue lo que le dio el impulso final. Con cinco amigos y una campaña de 11 millones de pesos, llegó al Concejo en 2016. Fue el autor de la política pública aprobada en 2020 que hace que las compras de la Alcaldía tengan criterios de sostenibilidad. Lideró 6 debates de control político enfocados en renovación urbana y seguimiento al plan de cambio climático.
¿Qué definición le da a cultura y qué significa, para usted, ser líder?
“La cultura es como el cúmulo de comportamientos, conocimientos y expresiones de una sociedad. No es ni buena ni mala. Es lo que expresamos colectivamente por sociedad o por grupos más o menos pequeños. Puede haber una cultura en una familia o puede haber una cultura en un planeta. Es la expresión del ser humano y ahí puede haber una riqueza y diversidad para profundizar. Ahora, ser líder no es bueno o malo per se.
Creo que un líder logra ejercer cierta influencia en el comportamiento o el pensar de los demás, sea a través del ejemplo, la palabra, y se convierte en un referente para otros. Ser líder político en un momento como el que viven Colombia y Antioquia es una responsabilidad y un deber, más en mi caso que he sido una persona privilegiada. Es mostrar un camino, una actitud, un respeto, y una ética alrededor de lo público. Hay demasiado descrédito de lo público y eso es peligroso. Liderazgo es marcar un camino, una visión y seguir ese camino con la gente”.
¿Por qué lo hace, qué lo motiva a hacerlo?
“Me motiva el amor que tenemos los medellinenses por la ciudad. Esa traga que tenemos no es normal. Yo me levanto y pienso en mi ciudad. Esta ciudad es referente mundial de urbanismo. Estar en el Concejo como urbanista y tener la posibilidad de tomar decisiones, plantear ideas, defender proyectos. Estamos en un momento crítico de la sociedad en Medellín y Colombia, y una hoja de vida y una personalidad como la mía le hacen bien al debate público. Me motivan las palabras de la gente”.
¿Qué o quién lo inspiró y cómo inspirar a los demás?
“Me inspira la responsabilidad que siento y la creencia de que mi voz merece ser escuchada. Nadie me llevó hacia la política en mi familia. La gente me ha llevado allá. Sigo sintiendo lo mismo que sentí ese día cuando me decidí a ser concejal: retribuir a la gente la credibilidad e intentar dejar una ciudad mejor. Los jóvenes se han dado cuenta de que esta ciudad les pertenece”.
¿Quiénes están detrás de los procesos que lidera?
“Esto es bonito: mi equipo es el mismo desde que hicimos la primera campaña hace seis años. Amigos míos, muy tesos cada uno en sus temas. Maria del Pilar Botero es ingeniera civil, gestora cultural y estudia los temas de género. Daniel Urrea, comunicador y magíster en gestión cultural, con quien lanzamos lo de economías creativas. David Araque es comunicador y lidera el tema de cultura del fútbol. Felipe Murillo es un politólogo y dirige la parte técnica. Maria Taborda es comunicadora y quien me organiza la vida”.
¿Cómo visibilizar más procesos como el suyo?
“Una forma es mi labor de comunicación, procuro contar qué hacemos, cómo y por qué. No opinar por opinar sino hacerlo con rigor técnico. También la forma. Volvemos a lo mismo: hoy los políticos se han vuelto demasiado incendiarios. Los que son llamados ‘tibios’ en las redes sociales valoran que yo comunique de una forma serena, sin insultar, sin cosas malucas y eso motiva. A mí me invitan mucho a dar charlas de liderazgo y esa es una oportunidad bonita de visibilizar lo que hago. Y, por último, creo que los medios de comunicación tienen una responsabilidad muy grande de elegir qué se comunica de la política. Como estamos en la economía del retuit y el like, genera más rating el insulto que el proceso juicioso de otros”.