La danta, el oso y el jaguar, especies amenazadas y en peligro de extinción en América Latina, ahora son protegidas por antiguos cazadores del Piedemonte Amazónico, en el Putumayo.
Lisandro Mora, Edixon Caicedo, Oneiro Acosta y Jhony López, monitores ambientales comunitarios.
El último animal que Édgar Lisandro Mora mató fue un mico perico que lloró al ver a este cazador experimentado levantar el machete sobre su cabeza.
Había quedado herido y cuando lo recogieron alzó las manitos para defenderse y derramó lágrimas igual que una persona. “Como si supiera que se iba a morir. Ahí empecé a reflexionar -recuerda Édgar- sobre lo que estaba haciendo”. Tal vez esa escena haya marcado el inicio de su tránsito de cazador a guardabosques. Hoy es monitor, aunque desde los 11 años atrapó su primer guara, un roedor similar al chigüiro.
Putumayo es un estado del alma. Existe un antes y un después tras visitar sus selvas, en las que hay desde espíritus sagrados que protegen los animales, hasta “taitas” que se convierten en jaguares...