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Trece milésimas de segundo, las que van de un registro de 9.784 a otro de 9.797, pueden cambiar el rumbo de una vida, y Justin Gatlin lo sabe bien desde el 24 de agosto de 2015, cuando por tan estrecho margen dejó escapar el oro y la redención en la final de 100 metros de los Mundiales de Pekín.
Los resultados oficiales de aquella final reflejaron una centésima de diferencia, tras el redondeo al alza reglamentaria (9.79 frente a 9.80), entre el campeón, Usain Bolt, y el segundo, Gatlin, pero la letra menuda, publicada por la IAAF, precisa que en realidad la brecha fue de sólo trece milésimas, apenas un parpadeo.
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A lo largo de los últimos años el norteamericano había soñado con batir a Bolt y recuperar el cetro mundial...