En marzo del año pasado, Gabriel Atehortúa cruzaba los maderos no más de 70 centímetros por encima; en octubre de este año, ya alcanzó el listón de los 1.30 en pruebas de desempate, cuando en jinetes preinfantiles o infantiles, no es normal saltar esta altura.
Este progreso del estudiante de quinto grado del colegio San José de La Salle de Medellín, lo ubica como una de las grandes promesas del ecuestre colombiano. Nacido en Holanda, pero traído a Colombia de dos años, Gabriel destaca una inusual rutina semanal: todos los viernes viaja a Bogotá y los domingos regresa a Medellín. En la capital se entrena bajo el mando del experimentado jinete nacional, Juan Clavijo.
Amante del ecuestre, pero afiebrado por el fútbol, no se pierde partido del Real Madrid. “Me gusta mucho el fútbol y juego de arquero en el colegio. Todo lo que sea deporte me atrae, porque también soy bueno en atletismo. Claro que quiero ser el mejor jinete del país, porque es lo que más hago y a lo que estoy dedicado ahora”, dice Atehortúa.
Quien mide 1.48 y tiene 12 años de edad, sabe que la tranquilidad y el arrojo lo llevan a buenos resultados. “Lo primero que pienso es en la pista, no me pongo nervioso y tampoco me da miedo en el momento del salto, trato de estar muy tranquilo”, manifiesta con firmeza el pequeño jinete, quien se cataloga como hiperactivo, porque no le gusta estarse quieto, “soy muy activo”.
Su alto nivel queda demostrado tras ganar el Concurso de Guaimaral, superando a jinetes de más de una decena de naciones y su mayor satisfacción fue haber alcanzado cupo en la Selección infantil de Colombia que estuvo en la Copa de Naciones en Wellington, Estados Unidos.
“El técnico me dice que voy por buen camino y que me siga esforzando para alcanzar las metas que tengo. Mi ilusión es ser campeón en el Nacional ecuestre el próximo mes y luego, en febrero, volver a estar en Wellington”.
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