Fallar también hace parte del proceso para lograr lo que se desea. Así lo expresa el ciclista de ultradistancia Néstor Cuadrado, quien en su camino por ser fuente de inspiración a través de impensables desafíos sobre el caballito de carbono no logró romper dos récords mundiales en velódromo, una exigente prueba en la que buscaba recorrer 1.000 kilómetros.
El escenario fue la pista del Martín Emilio “Cochise” Rodríguez de Medellín. Bajo el eslogan “Un reto por quienes aún luchan”, una iniciativa para apoyar a las personas que batallan contra la depresión, Cuadrado buscó el pasado 17 de mayo quedar inscrito en el libro de los Guinness World Records. Un anhelo que, como él mismo dice, sigue más latente que nunca.
El pedalista que nació en Tierralta, Córdoba, hace 38 años, de los cuales 18 ha estado radicado en Antioquia, pretendía quebrar dos marcas en una sola exhibición. Primero, mejorar la distancia recorrida en menos de 24 horas, registro en poder del esloveno Marko Baloh desde el 9 de octubre de 2010, cuando alcanzó los 903,75 kilómetros en el velódromo cubierto Fassa Bortolo, en Montichiari (Italia). La segunda marca consistía en bajar las 27 horas, 31 minutos y 9 segundos que impuso el propio Baloh para la distancia de los 1.000 kilómetros.
Sin embargo, la implacable exigencia de la pista obligó al corredor a bajarse de la bicicleta cuando ya acumulaba nueve horas y media de pedaleo intenso.
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La expectativa era enorme, pues en agosto de 2025 Cuadrado había causado sensación al convertirse en el primer ciclista colombiano en completar un Cuádrulple Everesting en el Alto de las Palmas. En esa hazaña acumuló más de 35.000 metros de desnivel y recorrió cerca de 1.100 kilómetros, subiendo 44 veces el mítico ascenso tras cinco días y cuatro noches seguidas. Ya en 2024, en esa misma montaña, había completado un Doble Everesting.
¿Pero qué le sucedió para que no cumpliera esta vez la durísima prueba en el velódromo?
El cuerpo dijo basta
El propio deportista reveló que los problemas físicos venían rondándolo desde los entrenamientos previos, una alarma silenciosa que detonó en plena competencia.
“Semanas antes del reto, durante uno de mis entrenamientos, experimenté un fuerte dolor físico que días después pensé haber superado. Con disciplina, fe y determinación continué mi preparación, convencido de que estaría en condiciones de afrontar este gran desafío”, confesó Cuadrado.
No obstante, las vueltas al óvalo de la capital antioqueña empezaron a pasar factura: “Durante el desarrollo del intento de récord, el dolor comenzó a aparecer de manera progresiva, localizándose inicialmente en la fosa renal izquierda e irradiándose posteriormente hacia toda la región lumbar. Con el paso de las horas, la intensidad fue aumentando considerablemente”.
Pese al sufrimiento, el pundonor del ciclista de ultra resistencia se mantuvo intacto hasta que el sentido de autoprotección se impuso sobre la marcha. “Luché durante más de nueve horas y media para no rendirme. Di absolutamente todo lo que tenía física y mentalmente. Pero aunque me cuesta reconocerlo por mi manera de ser y por el compromiso que tenía con este sueño, llegó un momento en el que tuve que tomar la difícil decisión de dimitir”, relató.
Para despejar cualquier duda sobre la preparación técnica, el corredor aclaró que los factores externos funcionaron a la perfección. “Quiero dejar claro que esta situación no tuvo relación alguna con la bicicleta, el uniforme, las zapatillas, las gafas, la alimentación, la pista o la logística del evento. Desafortunadamente, se trató de un problema de salud de tipo muscular, aparentemente asociado a una sobrecarga física”, reiteró, al agradecer el respaldo de las marcas patrocinadoras, el Inder de Medellín, los aficionados y los organismos de socorro como el Grupo de Apoyo Medellín y Rescate GARSA, quienes velaron por su salud.
“Y por encima de todo, gracias a Dios. Porque aun en medio del dolor, la frustración y la incertidumbre, pude sentir su presencia acompañándome durante todo el proceso.
Finalmente, el deportista envió un mensaje alineado con la causa social que inspiró su pedaleo. “Quiero decirle a todas las personas que hoy luchan en silencio contra la depresión, la ansiedad o cualquier batalla emocional que no se rindan. Aun en los días más oscuros, siempre existe una razón para seguir adelante. Pedir ayuda no es señal de debilidad, y cada pequeño paso cuenta. Hay procesos que no se ganan en un día, pero mientras exista vida, existe esperanza”.
La historia en el velódromo de Medellín no se cierra para Néstor, quien dio a entender que buscará su revancha.
“Seguiremos luchando. Seguiremos pedaleando. Y seguiremos creyendo. Conociéndome como me conozco ya tendrás noticias mías: 1.000 km 2.0”, se despidió Néstor con una sonrisa, su habitual amabilidad y energía contagiosa.
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