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Víctima de un artefacto explosivo, este antioqueño perdió sus brazos, un ojo, un oído y una pierna. El deporte le dio vida.
Juan José Florián Valencia confiesa que, además de su familia, la actividad atlética fue el antídoto para que el odio, la venganza y la frustración que sentía desaparecieran de su mente como por arte de magia. Cerca de dos años estuvo encerrado en su cuarto. Hoy, su vida, pese a las limitaciones físicas es otra.
Tras manipular un artefacto explosivo, dejado, como asegura, por las Farc, en una bolsa en el jardín de su casa en el Meta, donde vivía, el exmilitar de las Fuerzas Armadas creyó estar muerto cuando despertó en el hospital y se dio cuenta de que solo podía ver por el ojo izquierdo, que había perdido sus dos brazos, una pierna y un oído.
“Pensaba que era un estorbo, que no servía para nada. Tuve muchos pensamientos de rabia e intentos...