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Daniel Cataño quiere cumplir el sueño de ser campeón con el Poderoso, estos son los anhelos del 10 que está de regreso

El volante de 34 años, regresó al cuadro rojo para vivir una segunda etapa en la que sueña dejar huella. Hace poco se recuperó de una lesión y este lunes, contra Santa Fe (4:10 p.m.), volverá a jugar.

  • Daniel Cataño, el 10 del DIM que volvió para cumplir varios sueños pendientes con el Poderoso. Tras una lesión, está listo para regresar. FOTO MANUEL SALDARRIAGA
    Daniel Cataño, el 10 del DIM que volvió para cumplir varios sueños pendientes con el Poderoso. Tras una lesión, está listo para regresar. FOTO MANUEL SALDARRIAGA
21 de marzo de 2026
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Es alegre y espontáneo, como su fútbol. Daniel Cataño habla con la tranquilidad de quien ha vivido muchas experiencias, pero con la picardía del niño que creció en un barrio del Norte del Valle de Aburrá. Es uno de los mejores jugadores del fútbol colombiano en los últimos años y viene del extranjero, mas no ha olvidado de dónde salió, todo lo que tuvo que pasar para llegar donde está.

Por su cabeza pasan, por ejemplo, cuando viajaba en bus jugando en la Primera B. También la celebración que le hizo, en la cara, a los jugadores de Argentina después de eliminarlos del Mundial sub-17 de 2009, por la que lo regañaron; así como los festejos de títulos con Tolima y Millonarios, que espera repetir con el DIM. Sobre su regreso, tras superar una lesión, habló con este diario.

¿Cómo está de la lesión?

“Bien. No fue fácil asimilar todo lo que me pasó. Había llegado con muchas ganas de volver al club, por todo lo que significa para mí y mi familia. Yo empecé a sentir una molestia desde el calentamiento y más por las ganas de estar en la cancha decidí entrar. Llevábamos pocos días de estar en el equipo. No habíamos tenido muchos entrenamientos. Además la salida de Bolívar fue complicada, demorada y eso pesa muchas veces, pero bueno: ya estamos cerca de volver a las canchas. Hemos querido ser prudentes para evitar recaer. Algunas veces intentamos volver al campo y había molestias, entonces tocaba esperar de nuevo. Pero ya tenemos ganas de jugar en el Atanasio”.

¿Qué tan grave fue la lesión?

“Inicialmente se creyó que era en el gastro. Se pensó que no era tan grave. Después hicimos imágenes diagnósticas y nos dimos cuenta que era en el sóleo. Es un músculo complicado. Algunas veces avanza rápido y otras no tanto. Fuimos pacientes porque queremos estar con el grupo para aportar en el camino complejo y lindo que se viene”.

¿Hubo momentos difíciles en la lesión o lo manejó mejor por la experiencia?

“Le digo la verdad: uno nunca aprende a controlar las lesiones porque a uno le gusta mucho jugar. Es muy difícil tener que llegar todos los días a meterse a un gimnasio, encontrarse con la gente y que le pregunten a uno que cuándo va a jugar y que nada. O uno mira el calendario y dice: no he podido jugar y eso es difícil para uno. Yo me he refugiado en Dios, en que me dé la fortaleza porque hay momentos en los que la fe lo mengua a uno. Al final en el club y la familia me apoyaron. Ellos le tienen paciencia a uno para entenderlo cuando está bajoneado. Durante los últimos años aprendí que uno tiene que disfrutar la familia cuando se lesiona”.

¿Hay ansiedad por el regreso?

“Sí. Sabía que cuando yo llegué la situación era complicada por lo que pasó en diciembre. Yo ahí quería estar, ayudar, pero algunas veces uno tiene unos planes y Dios otros. Me tocó calmarme, relajarme, soltar la presión. Igual, acá todos somos importantes y como grupo saldremos adelante, así se ha hecho. El equipo pasó las fases de Libertadores. Espero poder aportar. Yo siempre tengo ganas de jugar, de aportar, de estar ahí; soy un aficionado a este deporte, amo el fútbol”.

¿Qué diferencias hay entre el Daniel Cataño de 2017 y el que llegó este año al DIM?

“Muchas. En ese momento era más inmaduro en lo deportivo. Ahora tengo más experiencia. Esa época fue dura. Había muchos jugadores buenos. Me tocaba pelear la posición con Mao Molina, Christian Marrugo y Juan Fernando Quintero. Era una posición muy copada. Ellos tenían mucho recorrido. Yo venía de divagar en el fútbol colombiano. Ahora uno se encuentra con un club que ha crecido mucho. Siempre he tenido cariño por el Medellín y don Raúl. Cuando me fui, no me quería ir. Fueron cosas que se dieron: ese era el fútbol y lo que me presentaba la vida”.

¿Cómo lidió con esa situación de tener que irse sin querer?

“En el fútbol hay mucha gente de por medio. Estaba don Raúl, la parte económica, las personas que rodeaban a los directivos. De otra parte, yo recién me había casado. Apenas había jugado un año. Tenía opción de compra. Había representantes y yo no quería. Cuando me quedé sin argumentos, no pude tomar esa decisión de irnos a otro lugar”.

¿Cree que la posición de “10” está perdiendo peso?

“Como todo en la vida avanza, el fútbol lo ha hecho. Se ha transformado. Hay nuevas ideas y técnicos. Ese jugador no se ha extinguido, ni lo hará nunca. El “10” tiene que reinventarse en la forma física, la forma de jugar. Algunas veces hay equipos que no juegan con esa posición, pero lo tiene en cualquier posición. En la estructura de Alejandro Restrepo, está en en 3. Uno puede jugar como interior. En lo personal yo he jugado de extremo derecho, izquierdo, interior. Uno, en la medida que entiende el fútbol, puede cumplir la función de “10” desde un puesto más neutral”.

¿En qué posición lo utilizará Alejandro Restrepo?

“Yo he tenido la posibilidad de tener muchos técnicos que me han enseñado. Me ha tocado acoplarme y he jugado en otras posiciones. Con las ideas del profe, los argumentos y las indicaciones, uno aprende a moverse. Eso le da facilidad a uno para cumplir donde él me necesite”.

¿Usted respaldó el proceso de Alejandro Restrepo?

“El profe fue una de las personas que autorizó mi llegada acá y por eso estoy agradecido. Para mí, llegar y lesionarme fue difícil porque yo quería darle la mano. Sin embargo, los compañeros lo han respaldado y más que eso lo que tenemos que hacer es seguir jugando como se venía. Este equipo ha sido, en los últimos años, de los mejores de Colombia. Lástima los títulos que se perdieron. Yo sé que todos nos quedamos con los títulos, pero la forma de juego es importante: ningún equipo se olvida de cómo jugar en seis meses, si no que los golpes del fútbol afectan a las plantillas, los jugadores, los clubes. A uno eso le juega malas pasadas y tenemos que retomar el control. Tenemos buen equipo y seguro pelearemos por ser protagonistas en los torneos que disputemos”.

¿Cómo ha sido el trato de la gente hacia usted ahora?

“Yo salgo poco. Amo estar en mi casa, tranquilo, con la familia. Algunas veces salimos a comer, o con las niñas. Yo no he jugado y eso me ha permitido disfrutar más, pero sabemos que esto es muy emocional y uno entiende al hincha, pero no me cohibo de llevar a los hijos al centro comercial, que es algo que no pasa siempre”.

¿Qué pesó para volver de Bolivia a el Medellín?

“Mi familia. No solo mi esposa que se vio afectada por la altura (vértigo), que le empezó en Bogotá y se agudizó en La Paz. Pero es todo: mis familiares, amigos, compañeros del barrio. Yo jugué acá hasta junio del 2018 y luego no volví para poder estar acá, disfrutar de mis papás y salir con ellos. En otros lugares, con mi esposa, por ejemplo, no podíamos compartir porque tenemos dos hijas y no teníamos quién las cuidara. Acá es diferente: ya podemos pedirles a mis papás y suegros que nos ayuden. Al final, quiero disfrutar de las cosas que puede hacer una persona normal. Además jugar con la camiseta del rojo es importante”.

¿Cómo fue la vida en Bolivia?

“Yo no quiero sonar desagradecido, pero si me pongo a comparar, La Paz es una ciudad más tranquila a lo que uno estaba acostumbrado (Medellín, Bogotá). Allá todo apenas está en desarrollo. Vivimos bien, tranquilos. Vivir allá es espectacular. Uno puede salir tranquilo a cualquier hora porque es muy seguro y no pasaba nada. Es diferente a Colombia. Allá fuimos felices, pero la casa (Medellín) me jalaba mucho”.

¿Cómo le fue con la altura?

“Eso es una locura. Vivir a 3.600 metros todos los días es duro. Más duro es que hay partidos a 4.200 o 3.800, pero uno se acostumbra a vivir con los labios quemados diarios. Allá las cosas se demoran más en estar, las lesiones más en curarse por la falta de oxígeno”.

¿Volvería?

“Sí, pero yo llegué en un momento donde mi hija menor era muy pequeña y hay cosas que se complican porque no teníamos mucho por hacer. Alguna vez fuimos a Santa Cruz de La Sierra. Además, por otro lado, la liga tiene mucho que mejorar porque hay camerinos y estadios feos”.

Pero a Bolívar le fue bien a nivel internacional...

“Sí. Es que Bolívar es un club con estructura europea: la cancha, el gimnasio, zonas húmedas, impresionante. Además, ellos pueden llevar muchos extranjeros. La altura quiere competir. Los brasileños allá no quieren ir porque saben que es duro”.

¿Hay algo de “temor” por enfrentar un brasileño en la Copa Libertadores?

“Ay, juemadre. En la Libertadores todos los equipos son duros. Los brasileños, para nadie es secreto, están como “editados”, tienen unos equipos muy bravos. Pero yo que he jugado contra Mineiro, Flamengo, son experiencias únicas por los estadios (Maracaná este año), la calidad de jugadores. Los argentinos también son duros. En la Copa todo es complicado”.

¿Ha logrado compartir con los amigos y la familia?

“No mucho. Cuando uno llega así tiene que buscar casa, carro, colegio para las niñas. Los momentos de ubicarnos no fueron fáciles. Aparte la lesión y ha tocado evitar cosas para que no piensen que uno está desconectado”.

¿Vuelve al barrio donde creció?

“Sí. Por lo general, cuando estaba fuera, venía los diciembres. Algunas veces, los 31 de diciembre hacen partidos de solteros y casado y allá en Goretti (Bello), donde yo crecí. Juego con la gente de la escuela donde empecé y uno se encuentra con personas como Jamel González, quienes le ayudaron y comparte. Ahora hay un torneo que se llama Corpogoretti y uno lo ve. Yo no olvido mis raíces, amo el barrio, la gente de mi barrio. A uno lo forma y es la escuela”.

¿Qué recuerda de cuando está allá en el barrio de sus inicios?

“A mí me decían Asprillita (por Faustino Asprilla), porque era muy gomoso, calidoso. Me acuerdo de la cancha que era de arena y si el balón se iba a la cañada tocaba ir por allá. Es muy bonito”.

¿Qué recuerda si le digo “Calidosos”?

“Un reallity que hubo en TeleAntioquia. Yo un día cogí el teléfono y me inscribí. Me presenté en el Polideportivo Sur de Envigado. Partían las canchas y jugaban 7-7 con un número (le tocó el 1872), y ellos lo veían y todos se presentaban. Quedamos 17 pelados y nos llevaron a Argentina. Después me presenté en Rionegro, donde empecé mi carrera. Ahí inició el sueño que me llevó a pasar por varios clubes”.

¿Se ilusiona con un título este año con el Medellín?

“Es algo que sueño todos los días. Es el anhelo que tengo en el corazón, la oración que hago todos los días a Dios, esa bendición. Trabajaremos duro para conseguirlo”.

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