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John Jairo Carmona rememora sus finales de Libertadores con Nacional

Dice John Jairo Carmona, campeón en el 89, y subcampeón en el 95 como asistente técnico.

  • John Jairo Carmona expresa que en el 89 la unión del grupo y el ser todos criollos permitió que se hablara de una hazaña especial. “Nacional era una Selección Colombia”, afirma. FOTO archivo
    John Jairo Carmona expresa que en el 89 la unión del grupo y el ser todos criollos permitió que se hablara de una hazaña especial. “Nacional era una Selección Colombia”, afirma. FOTO archivo
  • En 1995 fue el ayudante de Juan José Peláez. Siempre un sabio consejero del metódico Peláez.
    En 1995 fue el ayudante de Juan José Peláez. Siempre un sabio consejero del metódico Peláez.
  • Ante el poderoso Gremio de 1995, Nacional intentó, pero no pudo revertir un 3-1 en el Atanasio.
    Ante el poderoso Gremio de 1995, Nacional intentó, pero no pudo revertir un 3-1 en el Atanasio.
  • La dura, pero gloriosa vuelta en El Campín, en 1989, ante un Olimpia muy laureado. Foto archivo
    La dura, pero gloriosa vuelta en El Campín, en 1989, ante un Olimpia muy laureado. Foto archivo
22 de julio de 2016
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Cuando Nacional cayó 2-0 en la final de la ida de la Libertadores de 1989 ante Olimpia de Paraguay, hombres como Alexis García y Luis Carlos Perea tomaron la batuta y arengaron al equipo.

Y eso, dice John Jairo Carmona, fue fundamental para que un equipo que jamás dejó de confiar, igualara la serie. Los días previos a ese 31 de mayo se alejaron de la ciudad y se enfocaron.

No había tecnología que los distrajera y entre todos compartían los nervios. “Me acuerdo que me tocaba concentrar con René (Higuita) y, ¿cuál de los dos más callados, pues?, eso era cada uno interiorizando ese nerviosismo”.

La noche de la gloria en El Campín era fría, en el bus se hablaba poco. En el camerino se escuchó a Francisco Maturana repasar conceptos y decirles que tenía plena confianza en que iban a revertir el marcador.

“La cancha era esponjosa, el agua que quedaba en el pasto se metía por el cuero delgado y eso hacía que los pies se congelaran. Yo no los sentía”, recuerda Carmona.

Pero la cantidad de banderas verdes ondeadas por todo el estadio y el ánimo de la gente produjeron el calor necesario para ir al frente.

Y los goles, un autogol de Fidel Miño y el tanto Albeiro Palomo Usuriaga, desataron el clamor general y que los “callados” como Andrés Escobar y Leonel Álvarez empujaran al equipo.

Los penaltis trajeron el nerviosismo, pero la tranquilidad con la que Maturana eligió a sus cincos pateadores, y tener a Higuita, lo calmó.

“La confianza que había del entrenador, entre los compañeros, los directivos y la afición fue vital para revertir esa final”, puntualiza.

La decepción del 95

Era una orilla diferente a la del 95. El banco técnico representaba para J.J. Carmona otras obligaciones, como aconsejar al metódico Juan José Peláez.

Ese Nacional contaba con una base jugadores jóvenes, pero enfrentaban al mejor equipo del continente en ese año: Gremio.

Tras la dura derrota 3-1 en la ida, no hubo ningún reproche, sino palabrás de ánimo. Por eso, el 30 de agosto en el Atanasio el impulso fue diferente. “Los muchachos sabían que debían dejarlo todo y que nadie les iba a reprochar nada”, comenta Carmona.

Y así fue como, con un 1-1 final, el sueño de levantar su segunda Copa se esfumó.

Hoy, como hincha, cree en los conocimientos de Reinaldo Rueda, de quien fue asistente técnico, y en la capacidad del plantel verde para retomar ese título.

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