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Se estrena Partes de una casa, una película sobre el final del amor

El filme estará al menos dos semanas en las salas independientes de algunas capitales colombianas. En Medellín se verá en el Colombo Americano y en el Mamm.

  • El documental es la ópera prima del paisa David Correa Franco. FOTO: Cortesía
    El documental es la ópera prima del paisa David Correa Franco. FOTO : Cortesía
01 de diciembre de 2023
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David Correa Franco ha hecho parte del equipo de trabajo de algunos de los largometrajes paisas más sonados de los últimos años: trabajó en Los Nadie, en Los días de la ballena y en La roya. Ahora Partes de una casa, su primer largometraje, llega a las salas independientes de cine de Medellín, Bogotá, Cali, Pereira, Barranquilla y Manizales.

En ese documental, de hora y media de duración, Correa Franco relata la historia de una familia mexicana que vive en el límite de la pobreza y que enfrenta el final del amor de los padres. Dora, la madre y esposa, sueña con irse en busca del amor, pero un accidente, en el que su esposo pierde una pierna, hace que el deseo se postergue una vez más.

EL COLOMBIANO habló con el director sobre su ópera prima. También sobre el fin del amor y la necesidad de muchas personas de irse a otra parte del mundo para comenzar de cero una nueva vida.

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Este es su primer largometraje en calidad director, pero usted ha sido el director de fotografía de varias películas paisas recientes...

“Sí, yo arranqué mi trabajo en el cine en la dirección de fotografía. Aquí en Medellín hicimos Los Nadie, luego participé en Los días de la ballena, en La roya y en Si Dios fuera mujer. Esas películas fueron mi escuela, fueron cosas que hice con amigos y con gente cercana. En simultáneo de estas producciones yo hacía la investigación de Partes de una casa”.

Las otras películas que mencionó son argumentales, pero Partes de una casa es un documental. ¿Cómo le fue en ese cambio de registro?

“Lo más significativo de ese cambio es el tamaño de los equipos de trabajo. En los argumentales se trabaja con mucha más gente, mientras en este documental, por ejemplo, trabajamos en el rodaje dos personas. Luego, por supuesto, entraron más personas. En los argumentales uno necesita controlarlo todo mientras en los documentales uno se acomoda a lo que sucede en la realidad”.

El documental, entonces, es más íntimo que el argumental...

“Al menos en esta película fue así. Además esta cinta buscaba una construcción muy íntima porque nosotros trabajamos en un entorno familiar. Este documental prácticamente no sale de una casa pequeña que queda en las afueras de Ciudad de México. Se trata de un asentamiento irregular, un barrio de invasión que tiene una historia de cuarenta años. Las casas allí son superestrechas: en tres cuartos viven las familias. Entonces, esto nos llevó a trabajar con un equipo pequeño. Esa fue una forma de construir una relación realmente cercana con la familia”.

Esta película surgió de un proyecto de retratar las relaciones familiares en diferentes ciudades de América Latina. ¿Por qué decidió centrarse en la historia de Dora y de su familia?

“Lo que pasó con Dora fue que nos dimos cuenta que en un contexto donde hay muchas necesidades materiales estábamos viendo una necesidad que impacta a cualquier persona en cualquier parte de Latinoamérica: la necesidad emocional. Siento que esto es una cosa con la que cualquiera se identifica. Se trata de los ideales del amor: cualquiera ha tenido pensamientos sobre las relaciones amorosas, sobre el cariño que busca en su familia y en sus relaciones. Entonces yo sentí que en esta historia todo lo otro que queríamos retratar en el proyecto —las luchas políticas y del territorio— también se ve ahí. Nosotros nos concentramos en el tema emocional, que es uno con el que cualquiera se puede conectar”.

La casa de la familia de Dora está cerca de la Bestia, el famoso tren mexicano. Eso es una metáfora del viaje porque ella se quiere ir, pero no lo hace por el accidente del esposo...

“Sí, eso fue increíble. Nosotros llegamos, empezamos a compartir con la familia y nos dimos cuenta de que ahí sucedía algo importante. El tren pasa a pocos metros de la casa de Dora y pasa dos o tres veces al día. Generalmente el tren lleva a migrantes en el techo: hay días en que son dos o tres, hay otros en que son muchos. Esto lo lleva a pensar a uno no solo en Dora sino en las cosas que pasan en la vida de los que dejan sus casas. En mí hubo un pensamiento constante sobre el significado de irse para comenzar de cero la vida en otra parte”.

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La película también muestra las formas en que las mujeres asumen el cuidado de los demás: Dora posterga su ida por cuidar a su marido enfermo...

“Creo que más allá de la forma de querer de las mujeres lo que muestra la película son los roles sociales que les han sido impuestos a ellas. En la sociedad las mujeres tienen la obligación de ser las cuidadoras, es lo que se espera de ellas. El marido de Dora asumió que como él fue el proveedor por muchos años ella debía cuidar a la familia, sin importar lo que suceda. Y Dora estuvo sola mucho tiempo, vivió la carencia de cariño”.

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