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Nación Sub, el “santo grial” del rap montañero llega a plataformas

A mediados de junio, Rulaz Plazco publicó la versión remasterizada de Nación Sub, su primer disco. Un trabajo vital para el rap local, pero muy poco conocido por las nuevas generaciones.

  • La remasterización estuvo a cargo de Juan Pablo Builes, en el rediseño de la portada estuvo Mango Marín, y en el proceso para subir el disco a plataformas, Rulaz estuvo acompañado por Kaztro, de Alcolirykoz. FOTO Ricardo Segura @richieseg.
    La remasterización estuvo a cargo de Juan Pablo Builes, en el rediseño de la portada estuvo Mango Marín, y en el proceso para subir el disco a plataformas, Rulaz estuvo acompañado por Kaztro, de Alcolirykoz. FOTO Ricardo Segura @richieseg.
Sara Kapkin

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hace 4 horas
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Cuando se habla del rap de Medellín, se habla poco de Rulaz Plazco, pero él es un pilar fundamental. Mucho de lo que escuchamos hoy empezó con él. Rulaz hizo canciones, discos, montó grupos, produjo música para otros, hizo fiestas, festivales, tuvo programas en radio, acercó el rap a la industria y a otros géneros, y desarrolló un estilo particularmente montañero, con sonidos y jerga propia. Hizo de todo, pero lo hizo hace tanto tiempo –antes del internet y las plataformas–, que muchos no se acuerdan.

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De ahí surgió la idea de remasterizar su primer disco, Nación Sub, y subirlo completo a plataformas, pues hasta ahora lo que se podía encontrar estaba por ahí desperdigado, como en una especie de naufragio en el océano de internet.

Nación Sub es ‘el Santo Grial’ del rap local, así lo define Gambeta, de Alcolirykoz, y es uno de los archivos más valiosos. El disco, que incluye colaboraciones con Tribu Omerta, Duba, Violent, Kuska y la Zorra, entre otros, da cuenta de la recursividad de Rulaz, de su inquietud por desarrollar un sonido propio, de su paciencia, también, porque fue un trabajo lento, que Rulaz armó poco a poco, como podía, a lo largo de los años 90, hasta lanzarlo, por fin, en 1999, en formato CD.

–La remasterización surgió por sugerencia de Gambeta. Estuvimos hablando en varios eventos a los que ellos me invitaron. Él me dijo que por qué no lo remasterizábamos y lo lanzábamos. Yo lo pensaba subir así tal cual, con su sonido original, pero nos tiramos a seguir la idea del compadre. Unimos poderes, lo hicimos real y estamos muy contentos, porque ese mismo día que lo lanzamos tuvo un montón de visualizaciones, likes y buenos comentarios. Esto fue algo que yo hice con las uñas, fue muy difícil; entonces verlo otra vez flotando y que la gente tenga buenos comentarios y le traiga buenos recuerdos de esa época es muy bacano –dice Rulaz, por teléfono desde Santa Marta, donde está radicado desde hace un par de años.

Inventarse el rap

Rulaz se enamoró del rap en los años 80. Todavía no sabía bien qué era eso, pero le gustaba. En ese entonces la información era poca, el acceso restringido y eso que era el rap, de alguna manera, había que inventárselo. Eso hizo Rulaz.

–Realmente el rap uno lo conocía, pero no sabía que se llamaba rap. Yo me di cuenta después... En esa época estaban esos discos de Los 14 Cañonazos de Discos Fuentes, y Las Bailotecas de Sonolux. Todos los diciembres esa gente lanzaba un álbum, y en esos álbumes, al final, venía siempre una canción de música americana, a veces era rap, rock, pop. En uno de esos discos apareció Rappers Delight, de The Sugarhill Gang, mucho antes de que yo supiera qué era eso, pero me pareció muy bacana. Luego conocí el break dance y el hip hop como en el 84 y ya a partir de ahí no hubo nadie que me detuviera.

Rulaz grabó su primera canción a finales de los años 80, gracias a un concurso de la Emisora Veracruz Estéreo, que estaba rifando la oportunidad de grabar. Rulaz llamó de forma insistente a la emisora y ganó. Hizo su propia versión de Mi abuela, de la agrupación puertorriqueña Wilfred y la ganga, un rap de carácter ingenuo, infantil, que replicaba el sonido del rap gringo de entonces, que apenas empezaba a regarse por el mundo. La versión de Rulaz, titulada Mi hermana, estaba dedicada a su hermana mayor.

Con la canción no pasó mucho, más allá del par de veces que sonó en la emisora. Pero con Rulaz pasó de todo. Hizo amistad con la gente de la emisora y siguió yendo; así empezó a abrir puertas para él y para el rap. En Veracruz terminó contestando el teléfono de la emisora, por esos días montó Boys Crew, un grupo con el que no alcanzó a grabar, pero con el que se presentó en varios lugares de la ciudad, y eso lo terminó llevando a Discos Fuentes, la disquera más importante de la ciudad. Por ahí conoció a Tato Lopera, de Estados Alterados, acompañó al grupo por un tiempo como roadie, hizo parte de Polvo de Indio, un grupo alternativo que mezclaba rock y rap, empezó a hacer festivales, creó grupos, produjo discos para otros, colaboró con La Etnnia en 5-27, en fin. A la misma vez fue haciendo su primer disco, Nación Sub. Se demoró años; cuando empezó, a principios de los noventa, ni siquiera tenía computador, y hacía las pistas en una grabadora de doble cassette.

Rulaz Plazco es un tipo absolutamente inquieto, incansable y muy recursivo. Se inventó su propia forma de hacer rap y en el camino creó un estilo, un rap montañero y barrial, y eso abrió un camino para muchos grupos que vinieron después, desde La Zorra y Tribu Omerta hasta Alcolirykoz. El rap, de alguna manera, es una carrera de relevos; cada uno avanza hasta donde puede, los que vienen siguen haciendo camino.

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–La mayoría de gente de la edad mía o un poco mayor siempre vio a Rulaz Plazco como un man a seguir, un man del que había que aprender, que había que escuchar. Lo que hacía, para mi, siempre fue muy novedoso, sobre todo para la época. Era como el más adelantado en beats, en letras, en información de esta cultura, era como el internet de nosotros cuando no había internet. Fue de los primeros que tuvo programas de rap en emisoras, producía otros artistas, y eso lo convirtió en una columna vertebral en su momento, lo hizo un man demasiado indispensable, y para mí, años después, sigue siendo indispensable, porque puso las bases, y eso fue el comienzo para mucha gente como nosotros –dice Gambeta, de Alcolirykoz.

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