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“El periodismo debe dejar de hacer caricaturas de los políticos”: Tina Rosenberg

La periodista norteamericana, ganadora del premio Pulitzer, estará en Medellín el 18 de marzo para ofrecer una conferencia sobre Historias que ofrecen respuestas en el Teatro Comfama. EL COLOMBIANO habló con ella.

  • La reportera y escritora propone un cambio de enfoque en las redacciones: pasar de la denuncia del desastre a la investigación rigurosa de las respuestas. FOTO Captura de video
    La reportera y escritora propone un cambio de enfoque en las redacciones: pasar de la denuncia del desastre a la investigación rigurosa de las respuestas. FOTO Captura de video
hace 52 minutos
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Tina Rosenberg es esa clase de periodista en vías de extinción. A ella no le interesa la narrativa del desastre por el simple hecho de denunciar, le interesa entender qué engranaje se movió para que algo funcionara en medio de una crisis.

Desde que en el año 2000 decidió cambiar el enfoque de una investigación suya sobre el SIDA en Brasil para The New York Times, la estadounidense ha sostenido que documentar una respuesta eficaz es un ejercicio de rigor técnico, no de optimismo.

Ganadora del premio Pulitzer y cofundadora de la Solutions Journalism Network, Rosenberg ha dedicado su carrera a cuestionar el espejo que la prensa pone frente a la sociedad. Para ella, el periodismo tradicional se ha especializado en retratar caricaturas de la política y estereotipos de la violencia, descuidando los matices y las historias de las comunidades que encuentran salidas a sus propios problemas.

Su método, el llamado periodismo de soluciones, no busca buenas noticias sino evidencias, limitaciones y lecciones replicables que le quiten las excusas al poder.

La estadounidense visitará Medellín el 18 de marzo como invitada de Comfama para ofrecer la conferencia Historias que ofrecen respuestas. Autora de libros como Children of Cain y The Haunted Land, la reportera y ahora columnista frecuente del Times habló con EL COLOMBIANO sobre la fatiga informativa, los peligros del “periodismo de trinchera” y por qué el enfoque de soluciones podría ser el último refugio de la empatía frente al avance de los algoritmos y la IA.

Hace décadas usted escribió Los hijos de Caín sobre la violencia en Latinoamérica. Tras el proceso de paz en Colombia, ¿cree que hemos dejado de ser esos “hijos” o solo encontramos nuevas formas de institucionalizar la resiliencia?

“Creo que ocurrieron varias cosas. Primero están los acuerdos de paz. Luego, el hecho de que el narcotráfico se haya trasladado de Colombia a México; ahora ellos están sufriendo muchos de los mismos problemas que Colombia enfrentaba antes. Es una situación incluso peor, porque para México la violencia no tiene otro lugar hacia donde desplazarse. También existe esa institucionalidad que mencionas. No la conozco a fondo recientemente, pero estuve hace unos años en el Festival Gabo y los orgullosos paisas me dieron un recorrido por Medellín que me pareció maravilloso; es una ciudad muy diferente a lo que era antes. Eso muestra una resiliencia muy importante de su gente”.

¿Cómo puede el periodismo ayudar a exorcizar esos fantasmas históricos sin profundizar la polarización o engañar a la audiencia?

“En Estados Unidos, por ejemplo, la manera tradicional de cubrir la política consiste en buscar las voces más extremas de ambos lados, citarlas y hacer que parezcan normales. Pero no lo son. Hay mucho más acuerdo que desacuerdo entre las personas, incluso en los países más polarizados; los estudios así lo demuestran. El problema es que mientras más noticias consumes, menos correcta es tu visión sobre lo que piensa el otro bando. El periodismo termina haciendo caricaturas de los políticos y debe dejar de hacerlo. Debemos aprender a vivir con matices. La televisión y los programas de narrativa viven muy bien con los matices, los personajes son complicados. Sin embargo, en el periodismo no confiamos en que el público sea capaz de aceptar esos matices. Debemos empezar a hacerlo”.

Existe el mito de que el periodismo de soluciones es solo publicar noticias optimistas. ¿Cómo se mantiene el rigor para asegurar que no parezca una pieza publicitaria?

“Esa es la pregunta fundamental. Mucha gente tiene miedo de hacer periodismo de soluciones precisamente por esa idea. Te cuento la primera historia que hice y que me llevó a descubrir este enfoque: en el año 2000 investigaba para la revista dominical del New York Times por qué los nuevos medicamentos contra el SIDA, los antirretrovirales, costaban más en Kenia que en Noruega. Los precios eran tan altos que casi nadie en los países con la carga de enfermedad más pesada podía usarlos. Eso ya se sabía. Lo que quise investigar era el porqué, la presión de la industria farmacéutica y del gobierno en Washington para que los países no fabricaran ni compraran genéricos, bajo la amenaza de violar la propiedad intelectual y entrar en listas negras comerciales. Se lo propuse a mi editor y me dijo que no; que no podíamos ofrecer otra historia larga sobre cómo toda la gente en Malaui con VIH iba a morir. Decía que ya se sabía y que era demasiado deprimente.

Me fui a casa a pensar y decidí invertir la historia. Había un país que sí fabricaba sus propios genéricos, los entregaba sin costo a quien los necesitaba y desafiaba a los Estados Unidos. Ese país era Brasil. Fui allá para contar cómo lo hicieron y, en el proceso de narrar esa historia, pude decir todo lo que quería sobre el mal comportamiento de los actores poderosos y cómo otros países no tenían la fuerza para combatirlos. Fue una mejor manera de enmarcar la historia: era algo fresco, mostraba que la gente tenía expectativas de vivir una vida normal y ayudó a cambiar el debate.

Si además de la investigación añades una historia de soluciones, demuestras que la realidad no tiene por qué ser así. Es mucho más poderoso porque quita las excusas a los poderosos, quienes dicen que están haciendo lo mejor que pueden cuando, en otros lugares con los mismos recursos, lo están haciendo mucho mejor. Esto no es dar buenas noticias ni hacer relaciones públicas”.

Para que una nota sea de soluciones debe cumplir cuatro pilares fundamentales. Hábleme de eso.

“El primer pilar es que la historia trate sobre una respuesta a un problema y que sea una respuesta existente, no una propuesta a futuro. Hay que poder visitarla y ver cómo está funcionando.

El segundo es que busque evidencia; las buenas intenciones no son suficientes. Si no hay evidencia cuantitativa, la cualitativa está bien, pero debes decirle al lector qué sabemos y qué ignoramos. No vas a tener credibilidad si dices que es una ‘bala mágica’.

El tercer elemento es el insight: se trata de explicar la clave del éxito para que otros puedan imitarla.

El cuarto son las limitaciones: no existe la solución perfecta y hay que contar qué fallas tiene el proceso”.

Lea también: #MomentoDeInnovar para hallar las soluciones a los problemas reales

En un modelo de negocio dominado por el clickbait, ¿cómo convencer a los editores de invertir en este tipo de periodismo?

“Depende de tu modelo de negocio. Si dependes exclusivamente de la publicidad es muy difícil, porque el clickbait sigue siendo importante. Pero en Estados Unidos la publicidad en los medios está muriendo; Google y Facebook se han quedado con casi todo. Cualquier otro modelo, como membresía, suscripción o filantropía, depende de tener buen periodismo. La publicidad vende la atención del lector a una compañía, los otros modelos venden valor real.

Lo difícil no es hacer estas historias, sino dejar de hacer las cosas menos importantes. Todavía pensamos que debemos cubrirlo absolutamente todo y no podemos. Una vez que cambias esa mentalidad y concentras tus esfuerzos en cosas de valor, investigaciones y soluciones, el camino se vuelve muy fácil”.

¿Podría ser este enfoque humano el último refugio frente al avance de la inteligencia artificial?

“Lo que dices es interesante, requiere empatía que una máquina no puede tener. Yo creo que es demasiado temprano para decirlo, pero mi instinto dice que el periodismo de profundidad es más seguro y tiene que ser hecho por seres humanos. Las máquinas pueden llegar a alucinar historias de profundidad que son totalmente falsas. Hemos visto de todo en los últimos meses. Lo que sí sé es que el periodismo de soluciones ofrece algo que solo nosotros podemos hacer: poner el foco en lo que es relevante para la vida de las personas”.

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