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Nacho Vegas por primera vez en Medellín: el cantautor español celebrará 25 años de carrera en La Pascasia

El viernes 8 de mayo interpretará las canciones de “Vidas semipreciosas”, su nuevo álbum de estudio estrenado en 2026. EL COLOMBIANO habló con él.

  • Nacho Vegas también se presentó en Bogotá esta semana en el marco de su gira. FOTO: Cortesía.
    Nacho Vegas también se presentó en Bogotá esta semana en el marco de su gira. FOTO: Cortesía.
hace 31 minutos
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El indie en España no es poca cosa. Ese movimiento que surgió en los años noventa, inspirado artísticamente por bandas como The Smiths o Pixies, puso sobre la mesa aquella música alternativa que se hacía por fuera de los grandes estudios.

Aunque el género era –y sigue siendo– motivo de discusión por lo escurridiza que resulta su definición, de lo que no hay duda es de los grupos y solistas indispensables para entender esa época.

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Nacho Vegas hace parte de esa lista: el referente de la canción de autor española integró la primera ola del indie español con su participación en bandas como Eliminator Jr. y Manta Ray. A finales de los noventa decidió lanzarse como solista y ahora celebra 25 años de trayectoria con una gira por España y Latinoamérica que lo traerá a Medellín este viernes 8 de mayo.

En La Pascasia, además de interpretar algunos de sus éxitos más conocidos, presentará en vivo las canciones que hacen parte de Vidas semipreciosas, su noveno álbum de estudio, lanzado recientemente en enero. Esta será la primera vez que Vegas se presentará en la capital antioqueña. EL COLOMBIANO conversó con él.

Son pocos los artistas que tienen la fortuna de tener una carrera larga, ¿cuáles eran las emociones o preguntas que lo guiaron en sus primeros años como cantante y cuáles son las que están presentes ahora?

“Hay algo que tengo muy presente: el momento en el que estaba escribiendo las canciones que luego formarían parte de mi primer disco, y algunas del segundo.

Yo venía ya de tocar con algunas bandas, pero en ese momento estaba en un momento muy incierto. No sabía si esas canciones le iban a interesar a alguien, si alguien me querría publicar un disco. Sabía que eran canciones con largas, con unos estribillos apenas insinuados. Tenía claro que no iban a ser hits, pero no sabía cómo iban a ser recibidas. Lo que sabía, lo que sentía, era la urgencia de escribir esas canciones. Necesitaba hacerlo. Lo iba a hacer tuviera un recorrido luego o no.

Y ahora, cada vez que me enfrento a un nuevo disco, puedo pensar en que tengo un público, que tengo la suerte de poder estar hablando de mi trabajo, de poder viajar a otros países, de poder compartir la música. Lo que intento es volver a aquel momento, intentar aislarme de esta realidad y volver a, por lo menos intentar, cuidar y cultivar esa inocencia, esa sensación que hacía que las canciones te salieran de muy dentro y que sintieras esa urgencia de escribirlas.

Es algo que para mí sigue estando presente cada vez que me enfrento a un nuevo disco y que compongo desde mi intimidad. Creo que es algo que hay que cuidar regularmente. No sé si lo consigo, pero creo que en cierta medida sí, porque si no, no llevaría tanto tiempo”.

¿De dónde viene ese el nombre de su nuevo álbum, Vidas semipreciosas?

“Hay una historia larga que voy a contar más resumida. Tiene que ver con el mundo de los minerales y de la joyería. Aunque no es un mundo que me interesara especialmente, sí me llamó la atención.

Descubrí algunas piedras semipreciosas que me parecían especialmente hermosas y me puse a pensar: ¿por qué utilizamos el prefijo ‘semi’ para hablar de algo que requiere una valoración subjetiva? Generalmente decimos que algo es semiesférico, que es algo objetivo. Pero no decimos que una persona nos parece semisimpática, y sin embargo sí decimos que una piedra es semipreciosa. Alguien lo decidió en algún momento.

En esa semipreciosura creo que apreciaba algo especial. Esas piedras que no son el diamante, ni el zafiro, ni el rubí, no son tan duras, son más blanditas, más tiernas. Son piedras como mestizas, que se encuentran en yacimientos donde puedes encontrar un cuarzo con una veta de malaquita cruzada por una de obsidiana, por otra de lapislázuli.

Haciendo una analogía con nuestras vidas, me parecía que la semipreciosura implica reconocer nuestra propia imperfección, nuestra propia fragilidad, y lo mucho que nos necesitamos. Y que no tenemos nada que ver con la preciosura, con esa élite que nos gobierna y que nos aplasta muchas veces. Creo que había algo bonito en la idea de reivindicar la semipreciosura como algo mucho más hermoso que la preciosura”.

¿Tiene usted un método para componer?

“No, cambia según la canción. Al menos en mi caso, no funciona cuando uno decide las canciones que quiere escribir. No puedo decir ‘quiero escribir sobre esto que me ha ocurrido y que me ha afectado especialmente y quiero plasmarlo en una canción’. Digamos que siempre hay un germen, algo, una chispa, una emoción compleja, muy difícil de transmitir desde un punto de vista lógico o en una conversación con un amigo, con una amiga. Algo que no sabes cómo expresar muy bien, pero que sabes que revela algún tipo de verdad emocional.

A partir de ahí surgen diferentes maneras de escribir las canciones. Creo que son ellas las que te dicen cómo quieren ser escritas, más que tú decidir cómo quieres que sean. Entonces yo las dejo muy abiertas, dejo que las letras vayan guiando la melodía. Hay otros compañeros o compañeras de oficio que prefieren que la melodía mande sobre la letra, y hacen canciones maravillosas de esa manera, pero yo siempre prefiero que haya una parte lírica que vaya guiando la canción y que al final todo se convierta en un todo indivisible.

A veces es una frase que puedes escuchar mientras haces la compra, en la barra de un bar o por la calle, algo que lees, algún sonido, algo que de repente estás silbando. Hay muchos estímulos que pueden ser el punto de partida de una canción. No tengo un método, y creo que me alegro de no tenerlo, porque creo que así es como siguen surgiendo las canciones”.

En este álbum está Fíu, una canción que cuenta con una melodía del cantautor colombiano Pablus Gallinazus, ¿cuál es la historia detrás de esta colaboración?

“Tengo unos grandes amigos en Colombia, en Bogotá, mis queridos Humberto y Ana María, que gracias a ellos he conocido mucha música colombiana que me emociona enormemente. Gracias a ellos conocí a Pablus y entré en contacto con su música. Me emocionó mucho, y en un momento dado, mientras estaba con el repertorio de este nuevo disco, descubrí que había una conexión rítmica con un patrón en 6x8.

Normalmente los ritmos latinoamericanos siempre me generan mucho respeto porque tienen patrones muy diferentes a los del folclore de Asturias o incluso de Europa en general. Pero en este caso sí encontré cierta conexión y además la melodía de repente me vino.

Obviamente, a través de mis amigos pude pedirle el permiso y los derechos debidos a Pablus. Creía que había una conexión que me podía permitir escribir una canción nueva a partir de Mula Revolucionaria, que es el nombre de la melodía que aparece en Fíu, rendirle homenaje de alguna manera, pero también actualizar la canción, hacerla un poco mía, para que se establezca esa conexión entre saberes y conocimientos compartidos, que es la música popular. Al final venimos de algo y tenemos que ser muy agradecidos con toda esa gente que escribió canciones maravillosas antes que nosotros. En este caso, tener esa conexión con Colombia era algo que me hacía mucha ilusión”.

¿Y qué otros artistas colombianos le gustan?

“Estoy muy fascinado con Edson Velandia y Adriana Lizcano, que son muy top. Me gusta mucho cómo lo que hacen mezcla cosas muy vanguardistas y muy pegadas a la actualidad con un gran sentido del humor, pero también con una gran sensibilidad poética.

Y cómo conectan con otros artistas que tienen que ver más con la tradición: el vallenato, la cumbia, artistas muy míticos allá como Andrés Landero, entre otros, que tal vez no sean tan conocidos acá en España”.

Esa sensibilidad que menciona también está presente en sus canciones en las que los afectos, la ternura, tienen un lugar relevante, pero lo mismo pasa con el compromiso político, ¿qué relación cree que hay entre esos dos asuntos?

“Creo que todo lo político es humano, o al revés: todos los asuntos humanos pueden tener una lectura política. A veces entendemos mal la política, o hay gente que la ve con cierta distancia, probablemente porque piensan en ella como en la política institucional, en lo que se hace en los parlamentos, que parece algo muy denso y muy aburrido. Pero la política también tiene mucho que ver con los afectos. Al final, la política es la forma que tenemos de relacionarnos los unos con los otros.

Creo que en la izquierda, sobre todo en los últimos años, ha habido, gracias al avance del feminismo, un discurso que tiene que ver con la ética de los cuidados y que está en el centro del debate.

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No se puede tener un discurso anticapitalista sin que sea también un discurso antipatriarcal. Y eso hace que todo lo que tiene que ver con los cuidados nos permita percibir la ternura y el amor como herramientas de lucha, no solo como algo que tiene que ver con los cuidados mutuos, sino como algo que nos puede empoderar, poner en común a gente muy diferente.

Al final, quizás no estamos en esos espacios de poder institucional, pero hay un poder popular que mana de las calles, de los barrios, de los pueblos, de las montañas, de los sitios de donde viene la gente, donde nacen las cosas más bonitas”.

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