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60 años de un sueño: esta es la historia del Estudio Polifónico de Medellín

Buscando cumplir su sueño de hacer un coro sinfónico, Alberto Correa terminó por fundar dos de las instituciones más importantes de la música sinfónica local e impulsando el desarrollo de la cultura en la ciudad. Esta es la historia.

  • El Estudio celebrará sus 60 años en el Teatro Pablo Tobón Uribe junto a Filarmed. FOTO: Manuel Saldarriaga.
    El Estudio celebrará sus 60 años en el Teatro Pablo Tobón Uribe junto a Filarmed. FOTO: Manuel Saldarriaga.
  • El Estudio Polifónico acompañó los sepelios de varios expresidentes, entre ellos Alfonso López Michelsen y Julio César Turbay. FOTO: Cortesía.
    El Estudio Polifónico acompañó los sepelios de varios expresidentes, entre ellos Alfonso López Michelsen y Julio César Turbay. FOTO: Cortesía.
  • Tatiana ha trabajado asistiendo a directores como Klaus Mäkela, Gustavo Dudamel y Andrés Orozco. FOTO: Manuel Saldarriaga.
    Tatiana ha trabajado asistiendo a directores como Klaus Mäkela, Gustavo Dudamel y Andrés Orozco. FOTO: Manuel Saldarriaga.
Sara Kapkin

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hace 36 minutos
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Alberto Correa dice que se hizo músico por el oratorio El Mesías. Soñaba con dirigir el Aleluya, el coro más famoso de la obra compuesta por Georg Fiedrich Handel en 1741. El sueño se cumplió por fin el 22 de mayo de 1974, cuando la presentó por primera vez en el Teatro Pablo Tobón Uribe con el coro El Estudio Polifónico, que había fundado seis años antes, acompañados por la Orquesta de la Sociedad Filarmónica de Medellín.

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“Este primer Mesías significó la realización de un sueño de la niñez. Recuerdo muy vivencialmente cada uno de los momentos de preparación y el concierto que ha sido inolvidable para mí”, escribió Alberto en su autobiografía, Un viaje a la armonía total.

En el camino para hacer realidad su sueño, Correa fundó dos de las instituciones más importantes para el desarrollo de la música sinfónica en la ciudad: el Estudio Polifónico, que este año cumple 60 años, y la Orquesta Filarmónica de Medellín, que cumplió 43. Allí, en estos años, han empezado a hacerse realidad los sueños de montones de músicos y directores que vinieron después.

–Alberto es un héroe, es un quijote, es un visionario, un luchador. Es muy difícil ponerlo en poquitas palabras. Es una persona con una claridad y una voluntad impresionantes. Increíble que una persona así haya nacido en esta tierra y haya decidido hacer este tipo de cosas, porque es que si no seguiríamos en ese desierto cultural, no habría ni filarmónica, ni Estudio Polifónico –dice Tatiana Pérez-Hernández, una de las directores jóvenes más talentosas de su generación y quien asumió la dirección titular del coro hace un par de años.

***

Alberto Correa Cadavid nació el 2 de julio de 1942 en Medellín. Hijo de Tulio Correa Fernández y Graciela Cadavid Gómez, es el cuarto de nueve hermanos que se criaron en una casona ubicada en Calibío con Cundinamarca, diagonal al que entonces era el Palacio Municipal y hoy es el Museo de Antioquia.

Su abuelo materno, don Ernesto Cadavid Gómez, ingeniero de la Escuela de Minas, fue parte de la construcción del Ferrocarril de Antioquia. Su tío materno, Benjamín, es el mismo Don Benjamín que acompañó al escritor y filósofo envigadeño Fernando González en sus aventuras del Viaje a Pie.

Alberto creció en una Medellín pequeña, que apenas empezaba a tomar la forma de una ciudad moderna. “Prácticamente no existían las diferencias tan marcadas que hay ahora entre las diferentes clases sociales. Todas las familias eran de clase media, pero con ingresos suficientes para vivir sin grandes lujos, y cada familia estaba conformada con unos más acomodados y otros con menos recursos”, escribió en su libro.

Pero casi todos sus recuerdos tienen que ver con música. Se acuerda de la pianola de la casa que el abuelo había importado y llegó a Medellín en el mismo cargamento que los vagones y locomotoras del ferrocarril. Ahí sonaban obras de Franz Liszt y Claude Debussy, pero sólo se tocaba en momentos especiales y lo hacía su tía Consuelo, que había sido monja, pero antes había estudiado en Bellas Artes. De ella escuchó las primeras sonatas, sonatinas y obras en vivo. Recuerda también la radio, especialmente los programas de música en vivo de La Voz de Antioquia y Radio Libertad. Los tangos, las rancheras y los boleros, pero sobre todo el día que escuchó por primera vez a la coral Luis de Victoria en 1951.

“El coro entonaba una armonía perfecta y las voces se sucedían una tras otra persiguiéndose, acercándose, separándose y con una interpretación única (...) Todavía ahora, a los setenta años de aquella noche, siento lo mismo ante esta música”, recuerda en sus memorias.

Ese día y con apenas nueve años empezó la aventura de Alberto en la música. Su papá, aunque había trabajado como organista suplente en Copacabana, no quería que su hijo fuera músico, le parecía que esa era una profesión de gente tomatrago. Entonces hicieron un compromiso: podía entrar al coro, pero nunca debía abandonar el estudio.

La música, aunque era lo que Alberto más quería, debía ser algo secundario. Entonces empezó a vivir la vida como si fueran dos. Las madrugadas, las noches y los fines de semana los dedicaba a la música, los días los consagraba al estudio.

El Estudio Polifónico acompañó los sepelios de varios expresidentes, entre ellos Alfonso López Michelsen y Julio César Turbay. FOTO: Cortesía.
El Estudio Polifónico acompañó los sepelios de varios expresidentes, entre ellos Alfonso López Michelsen y Julio César Turbay. FOTO: Cortesía.

En ese corre corre, Alberto terminó el bachillerato y estudió filosofía en el seminario de Yarumal, y luego medicina en la Universidad de Antioquia. En esos mismos años armó un coro masculino en el seminario, La Pentafilía, con Gustavo Yepes Londoño. En la universidad fundó el Grupo de Música Antigua de Medellín, poco después la Coral Ciudad de Envigado, que no duró mucho, y el 24 de mayo de 1966 fundó el Estudio Polifónico de Medellín. Tenía apenas 24 años.

–Hasta el año 85, los coros eran lo más importante en la ciudad, las bandas eran lo segundo, tercero los instrumentistas y cuarto las orquestas, entre paréntesis, por una razón muy sencilla, no había sino una orquesta, la Sinfónica de Antioquia, que venía del año 41-42 y que se terminó en el año 63. El ambiente era muy bueno, teníamos muchas invitaciones, hacíamos en promedio 30 conciertos al año porque logramos un contratico del municipio y nos pagaban, por ejemplo, 10 conciertos de Navidad, 8 de Semana Santa, y fuera de eso gestionábamos y hacíamos conciertos en empresas, en los barrios de Medellín, yo creo haber recorrido todos los barrios antiguos de la ciudad y sus iglesias, los colegios, las universidades –recuerda Alberto por teléfono.

El coro empezó siendo masculino, dedicado a la música polifónica a capella, con un repertorio universal de los siglos XV, XVI y música polifónica colombiana. “Llegó a ser considerado el mejor coro masculino de la época”, recuerda Alberto en el libro. Luego entraron las mujeres, el coro se volvió mixto y luego se volvió sinfónico, es decir, un coro con orquesta. En un principio los acompañaba la Orquesta Sinfónica de Antioquia, pero luego Alberto armó una orquesta propia, primero la Orquesta de Cámara de Medellín en 1976 y luego la Orquesta Filarmónica de Medellín en 1983.

Fueron años muy difíciles: estuvo a punto de dejar la música para siempre y dedicarse por completo a la medicina, pero se sostuvo en el arte con la idea de ser director y hacer realidad las partituras que tenía en la cabeza. Primero El Mesías, que la ha presentado de forma casi ininterrumpida en estos 60 años que lleva el coro y que ya es una tradición en la ciudad.

–Yo leía en las revistas que El Mesías se hacía cada año en Semana Santa en las grandes ciudades del mundo, en Londres, en Nueva York, en Berlín, en Viena, y yo dije, voy a hacer cada año El Mesías en Medellín como regalo a la ciudad –dice Alberto.

–Usted quería inscribir a Medellín en la tradición sinfónica del mundo...

–Sí, sí. Y lo sigo haciendo aunque lo tenga que pagar de mi bolsillo... bueno, para eso hice la orquesta.

***

Alberto es un Quijote. Es un músico empírico que, persiguiendo el sueño de hacer la música que tenía en la cabeza, terminó impulsando el desarrollo de la música sinfónica en la ciudad.

–El coro no solamente ha ayudado a algunos directores a ser directores, sino también a formar instrumentistas. De ahí han salido violinistas, flautistas, de todo. Alejandro Posada –hoy por hoy el gran maestro de las generaciones más jóvenes y fundador de Iberacademy– fue el primero que tocó a mi puerta y me dijo ‘yo quiero ser director de orquesta’, y le dije ¿y usted qué sabe hacer? Me dijo ‘yo toco piano’, entonces le dije que venga para el coro, y lo puse a dirigir la misa en Si menor de Johann Sebastian Bach, y luego a preparar un Mesías –recuerda Alberto.

Pero por el Estudio han pasado sobre todo personas que aman la música aunque no son músicos. Ahí han cumplido su sueño de cantar. Eso le pasó a Ángela, a Angélica, a Elisa, a casi todos los que han pasado por el coro, que en estos 60 años ha ido fluctuando. En sus mejores años tuvo más de 100 personas, en los más difíciles alrededor de 20. Ahora, bajo la dirección de Tatiana Pérez-Hernández, hay más de 60.

Tatiana ha trabajado asistiendo a directores como Klaus Mäkela, Gustavo Dudamel y Andrés Orozco. FOTO: Manuel Saldarriaga.
Tatiana ha trabajado asistiendo a directores como Klaus Mäkela, Gustavo Dudamel y Andrés Orozco. FOTO: Manuel Saldarriaga.

Ángela llegó ahí cuando tenía 17 años. En la casa sabían que le gustaba cantar, a veces lo hacía en la iglesia y en el colegio, entonces una tía le mandó una convocatoria del coro que se encontró por redes sociales. Angélica llegó un año después, también tenía 17 años. Se formó como chelista en la Red de Escuelas de Música, pasó al coro, y mientras estaba ahí, estudió una técnica en producción para las prácticas musicales en el Tecnológico de Artes Débora Arango.

Ambas llegaron cuando el maestro Correa todavía estaba en la dirección, hace más o menos 10 años, ahora, ambas hacen parte del grupo de trabajo del coro, Angela como auxiliar contable y Angélica en producción.

–Acá estamos haciendo parte de la historia de una corporación que lleva tantos años. La verdad me apasiona mucho estar aquí, cantando y haciendo la producción, es un sueño cumplido –dice Angélica.

–Para mí ha sido como un escape de la realidad. Desde el momento en que entré al coro, no me imagino estar un día sin cantar, sin los ensayos, los conciertos –dice Angélica.

Elisa llegó al coro hace poco más de un año. Lo suyo fue como una revelación. Una persona con la que estuvo saliendo hace un tiempo era parte del coro, la invitó a ver El Mesías, y ella quedó flechada, decidió que quería entrar, quería cantar. Entonces se preparó como pudo y cuando abrieron audiciones, se presentó.

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–Yo no soy religiosa ni nada, pero eso me sonó tan bonito que yo dije, quiero replicar eso con mi voz –dice Elisa, después de un ensayo en la sede del coro, en el piso 10 de un edificio de Comfama en el centro de Medellín.

–Una de las cosas que más me gusta es cuando la orquesta comienza a afinar y ahí es cuando siento todas esas mariposas, todo ese revuelo, es como si estuviera enamorada –dice Elisa.

***

En el 2002, tanto la Orquesta Filarmónica de Medellín como el Estudio Polifónico de Medellín, fueron nombrados patrimonio cultural de la ciudad. Recibieron la orden al mérito “Don Juan del Corral” grado oro, la máxima distinción otorgada por el Concejo de Medellín.

De ahí viene parte del presupuesto que le permite al Estudio seguir existiendo. Lo demás, lo grueso, viene del trabajo, de aplicar a convocatorias, de crear montajes para vender a empresas, organizaciones, en fin. De hacer que la ciudad y el país entiendan la importancia del coro, su trayectoria.

Tatiana Pérez-Hernández asumió ese reto. Ella comparte con el maestro el mismo amor infinito por la música. Pero trae al coro una mirada más contemporánea y una experiencia distinta, desde el repertorio hasta la forma de comunicarse con la ciudad.

Tatiana se formó en como chelista en la Red de Escuelas, estudió Música en Eafit y tiene dos maestrías, una en interpretación de violonchelo y otra en dirección orquestal. Es una de las directoras más destacadas de su generación, por eso el mismo maestro Correa la escogió para que fuera su reemplazo.

–Esta es una institución que lleva muchos años y ha cambiado muchas vidas. Es un corazón que tiene que seguir latiendo, porque la gente siempre va a necesitar cantar, y más ahora, en un momento como este de la humanidad en el que todo es tan frenético, tan rápido. Esto es un regalo, hay que cuidarlo –concluye Tatiana.

¿Cómo será la celebración de los 60 años del Estudio Polifónico de Medellín?

Aunque el aniversario es este domingo 24 de mayo, la celebración se hará el viernes 29 con un concierto en el Teatro Pablo Tobón Uribe a las 7:00 p.m. La entrada es libre (con inscripción previa).

El Estudio Polifónico estará acompañado por la Orquesta Filarmónica de Medellín, y presentarán un repertorio que incluye: la Misa en Re Mayor, Op. 86 de A. Dvorak y el Te Deum en Do Mayor, Hob XXIIIc:2 de J. Haydn.

La directora explica que el repertorio “es una misa muy linda, que no tiene solistas, sino que tiene el coro grande y un semicoro que hace algunos solos, pero termina de una forma muy reflexiva, y como es un aniversario y vamos a celebrar queremos terminar contentos, entonces incluimos también el Te Deum, que es una obra de 10 minutos, que también le gusta mucho al maestro Correa. Haydn la escribió para la coronación de una reina, entonces es una obra que exalta la felicidad, es música más rápida, de celebración, con esa cerramos”.

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