La conexión de Colombia y Benito Antonio Martínez Ocasio es de vieja data. Desde hace más de 10 años no ha dejado de venir al país. Hay, además de fanáticos, amigos, colegas que le abrieron puertas, y una ciudad que siempre le ha tendido la mano. Bad Bunny incluyó a Colombia DeBÍ TiRAR MáS FOToS World Tour con tres fechas consecutivas en Medellín y este viernes 23 de enero se vivió la primera noche llena de símbolos puertorriqueños, músicos de primer nivel, silencios muy dicientes y una noche muy bien planeada, de principio a fin.
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Lo primero que hay que resaltar es que el estadio Atanasio Girardot era una amalgama de nacionalidades: hablamos con bolivianos, venezolanos, estadounidenses; vimos banderas de Guatemala, Puerto Rico, Colombia y Ecuador. Había colombianos de Barranquilla, Bogotá, Ibagué, Pasto y Cali, por mencionar algunos. Aunque no había una pinta muy uniforme en los fanáticos, sí había un accesorio que prevalecía por encima de la media: la pava puertorriqueña, ese símbolo asociado a los jíbaros de la isla del encanto, un símbolo de trabajo, cultura, origen y hasta resistencia cultura. Bad Bunny lo usó en su Residencia de 31 conciertos en San Juan, no se lo puso en este primer concierto en Medellín.
El conejo malo vistió de traje con chaqueta oversize en el primer acto –recordemos que son tres– en un tono beige con corbata satinada en blanco (como accesorios 3 anillos de pedrería grande y vistosa en una mano y otro más sútil, pero brillante, en la otra). En el segundo acto fue un set deportivo de Adidas en chaqueta azul, pantaloneta amarilla y gorra blanca, y en el tercero con un sombrero con orejeras (ya muy habitual en su gira), suéter sobre camisa, guantes con pedrería y gafas a juego. Bad Bunny es considerado un ícono de moda en el mundo, por sus pintas audaces, lejanas de etiquetas de género y que marcan tendencia. Definitivamente en Medellín lo demostró.
Hablemos de música
Antes de hablar del derrotero de canciones, éxitos y sorpresas hay que destacar el trabajo de la agrupación boricua Chuwi, los mismos que cantan con él WELTiTA en su más reciente disco y que animaron al público desde las 8:00 de la noche. Lorén y sus hermanos Willy y Wester, y Adrián, el hermano de vida que todos tienen, cantaron su música, incluyendo Tikiri, la canción que hizo que Bad Bunny se fijara en ellos.
Otro punto importante es la puntualidad de Bad Bunny. En los avisos de los organizadores –que andaban rodando en redes sociales– decían que el artista principal comenzaría a las 9:00 de la noche y así fue: ni un minuto más ni un minuto menos, a las 9:00 en punto comenzó el show, con una pareja de paisas, en un video recitando las “palabras mágicas” que harían “aparecer” a Bad Bunny: Benito, hijo de Benito, le decían Tito
El mayor de seis, trabajando desde chamaquito
Guiando camione’ como el pai y el abuelo
Aunque su sueño siempre fue ser ingeniero...
Justo el inicio de LA MuDANZA, primera canción del setlist. Tras la declamación con acento paisa se prendieron las luces del escenario y ahí estaba Benito, su presencia sin más, una pantalla gigante detallaba su cara, ensimismado, viendo al público, sintiendo la euforia colectiva. Nada de música, silencio absoluto. Un minuto y veinte segundos así hasta decir, con su inconfundible voz: “Un aplauso pa’ mami y papi, porque en verda’ rompieron”.
Concluí, tras ver el concierto completo, que Bad Bunny es un mago de los silencios, los utilizó en todo el concierto de manera precisa, programada y eficiente. No es normal escuchar silencios en un concierto, pero para el conejo malo son todo un insumo presencial. El sentido: muchos y tan variados como impredecibles. Unos detenían la euforia, la ponían en pausa para que luego explotara a borbotones, como un globo lleno de aire que no aguanta más y debe reventarse. Otros para analizar el entorno, para observar a sus fanáticos y escoger –entre los que estaban cerca de La casita quién iba a gritar el “Acho PR es otra cosa” (Acho viene de muchacho, PR son las iniciales de Puerto Rico) antes de la canción VOY A LLeVARTE PA PR–, o como aquellos que solo parecieran detener el tiempo y dejar una postal en la memoria.
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