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La orden de captura de Sergio Ramírez en Nicaragua, la quema de libros en Canadá y la polémica por los representantes de Colombia en la Feria del Libro de Madrid agitan el debate.
La censura puede venir de cualquier parte, vulnera las libertades y la posibilidad de imaginar de toda una sociedad, por eso defenderla es vital para mantener la democracia y equilibrar el poder.
Fueron tres los hechos que la semana pasada se relacionaron, de una u otra manera, con la censura: la quema de libros en Canadá, los autores referentes colombianos no invitados a la Feria del Libro de Madrid por no hacer literatura “neutral”, y la orden de captura del escritor Sergio Ramírez, en Nicaragua.
En el primero, un grupo de padres francófonos, en el suroeste de Ontario, tomaron más de 4.700 volúmenes de más de 30 escuelas y los quemaron. Su intención era destruir libros “ofensivos” con los pueblos originarios de Canadá. Entre otros se destruyeron textos infantiles como las aventuras de Tintín, que desde hace años son criticados por un supuesto racismo.
Para el caso de la Feria del Libro de Madrid, en la que Colombia es el país invitado, la controversia empezó cuando se publicó la lista...