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Héctor Abad Faciolince presenta su primer libro infantil. Una abuela y una nieta son las protagonistas.
La mamá de Héctor Abad Faciolince está durmiendo con Una bolita plateada y su hija se la llevó, a la misma bolita, a pasear a Cali. A la abuela de Daniela, dice en la primera página, como dedicatoria. Está bien que duerman y paseen con el primer libro infantil que él escribió. Finalmente una es la abuela, otra es Daniela y él es el hijo y el papá.
–Creo que les gustó mucho pues hay datos que ellas conocen. Son unas lectoras privilegiadas, pero no hay que saber lo que ellas saben para que el cuento funcione. Es más, creo que es mejor no tener los datos reales: eso aviva la fantasía –dice él.
Héctor está al otro lado del chat. Pregunta que si recibí la bolita. La recibí y la abrí, le respondo. ¿La abriste? ¡Sacrilegio!, dice. Lo imagino gritar.
–Es el primer libro para niños que hace, ¿cómo se sintió? –le escribo.
–Cuando mis hijos eran niños les leía muchos cuentos, bien fuera clásicos de Andersen, los hermanos Grimm, tradicionales colombianos o italianos, pero nunca me atreví a escribirles...