En 1992, el maestro Alejandro Posada compró en Medellín el score de la Quinta sinfonía de Beethoven, quizá una de las piezas más conocidas y misteriosas del repertorio de la música sinfónica universal. Desde entonces, el maestro la ha tocado “casi treinta veces” en escenarios del mundo. Cada vez que la dirige, hace anotaciones con lápices verde y rojo, en procura de entender el mensaje que la obra transmite desde sus archiconocidos compases iniciales hasta su final de violines exultantes y metales explosivos.
El maestro decidió comprar otro score para el concierto que dará el sábado 16 de mayo, a las seis de la tarde, en el Auditorio Fundadores de Eafit.
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–¿Sabes?, hace poco leí que Abbado compraba nuevos scores de cada obra que iba a dirigir–, dice en el salón donde imparte sus clases de dirección. Aquí hay que decir dos cosas. Una: score es la palabra que designa las partituras de los directores, que contienen todas las partes de las obras orquestales. Dos: Abbado es Claudio Abbado, uno de los directores italianos más célebres del siglo pasado.
Durante los días previos al concierto, el maestro Posada estudió el score de la Quinta con un rigor tal que podría salir a dirigirla de memoria. No solo estudió la obra y su estructura interna, también leyó historias de su compositor, el mítico Ludwig van Beethoven.
–Beethoven fue un compositor que sufrió mucho. Hizo de la música su propósito en la vida. En estos días le hablé a la orquesta de El hombre en busca de sentido, de Viktor Frankl. Si uno no encuentra algo que le dé sentido al sufrimiento, solo queda el suicidio. Beethoven compuso la Quinta cuando comenzó a perder la audición. ¿Te imaginas lo que significa para un músico perder el oído?–, dice el maestro, mientras pasa las páginas de un libro con historias de Beethoven.
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