Para comprender la semana más extraña, la de más altibajos, la de la incertidumbre para unos y de esperanza para otros, es necesario remontarse al lunes 26 de septiembre en la ciudad de Cartagena de Indias.
Uno de los atardeceres más espectaculares de La Heroica era el telón de fondo en el que el presidente Juan Manuel Santos y Rodrigo Londoño Echeverri, alias “Timochenko”, máximo líder de las Farc, firmaban el Acuerdo Final delante de 17 jefes de Estado, un rey, tres expresidentes y lo más selecto de la diplomacia mundial.
Una pompa sin antecedentes, todos vestidos de blanco y un montón de selfies que no podían faltar entre los 2.500 invitados que eran testigos del día que terminaría en los libros de historia.
Las alabaoras de Bojayá anunciaron la paz, los niños entonaron con emoción el Himno de la Alegría, “Timochenko” pidió perdón, palabra mágica que esperaban las víctimas y medio mundo pensó que catapultaría el Sí en el plebiscito, y Santos le dio la bienvenida al jefe rebelde a la democracia.
Dos aviones K-fir, de esos que ya están viejos, con los que por dos décadas la Fuerza Pública ha combatido a la guerrilla, irrumpieron en el discurso de “Timochenko”, quien horas después lo calificaría como una provocación.
El público aturdido imaginó un golpe de Estado o un atentado terrorista, mientras en redes dibujaban memes del expresidente Álvaro Uribe como el piloto en una misión de otras épocas.
Mientras Santos aclaraba que estaban saludando la paz, muchos pensaron que más bien recordaban la guerra.
Por lo demás todo parecía fantasía, 1.200 periodistas registraron al planeta que la paz en Macondo era posible, que los colombianos estaban dejando de ser la generación condenada a 100 años de soledad y que Gabo, desde el cielo, podía soltar sus mariposas amarillas.
En el resto del país las pantallas gigantes, los globos, las velas, los gritos de esperanza intentaban mitigar los efectos del plantón que esa misma mañana había realizado la oposición liderada por el expresidente Álvaro Uribe, el exprocurador Alejandro Ordóñez y el pastor Miguel Arrázola, que como si de un exorcismo se tratara decía una y otra vez “paz sin impunidad”.
Domingo 2 octubre
La Registraduría tenía todo a punto y desde la Casa de Nariño se había invitado a los colombianos a votar. A las 8:00 a.m. se abrieron más de 11.000 puestos de votación y una sonrisa triunfalista acompañó a Santos mientras depositó su tarjetón en la urna. Confiado estaba de que el Sí ganaría y que de nuevo, como en 2014, con el triunfo vencería a su rival político y exjefe.
Dijo entonces que salir a votar significaba “terminar una guerra de 52 años y abrir el camino de la paz”.
Las lluvias fueron inclementes en varias zonas, en especial en la Costa Caribe, donde el huracán Matthew estaba haciendo de las suyas. En el Palacio suplicaban que escampara para que los costeños, el fortín de Cambio Radical y en donde la Unidad Nacional tiene inmensas mayorías, salieran a sufragar.
“La paz es ilusionante, los textos de La Habana son decepcionantes”, dijo Uribe al depositar su papeleta en las urnas, que pocos minutos después estaría circulando en las redes sin la equis en la casilla del No, a modo de chiste.
La sorpresa llegó más tarde. A las 4:10 p.m. la Registraduría emitió el primer boletín, ahí quedó claro, con solo 60.000 votos, que la diferencia no era tan holgada como lo habían vaticinado las encuestas, el Sí superaba al No por un pequeño margen, prácticamente un margen de error.
Pocos minutos después, a las 4:40 p.m., hubo aplausos en las campañas del Sí porque se superó el umbral, pero la diferencia con el No era solo del 0,01 %. De ahí en adelante todos los boletines daban como ganador al No, ni ellos mismos podían creer lo que ocurría, incluso algunos medios entre el afán y la esperanza informaban al revés. El conteo final fue de 6’431.376 votos en contra del Acuerdo Final, versus 6’377.482 que lo validaron.
Como si estuviera acostumbrado a la derrota, el único que tenía un discurso listo para el No era “Timochenko”, quien al ver los resultados cogió una hojita en cuyo borde decía “no”, tomó las últimas decisiones con los demás jefes guerrilleros y leyó desde La Habana un discurso en el que dijo que no claudicaría en la búsqueda de la paz.
Santos tuvo su alocución después de las 7:00 p.m. y en ella recordó que mantenía sus facultades legales para buscar el fin de la guerra, lo que haría hasta el último día de su mandato. Mantuvo el cese el fuego e invitó a la oposición, una vez más, a un gran diálogo nacional.
Entre tanto, en las calles y en las redes sociales no paraba el asombro, o la alegría. Nadie creía que fuera posible que la maquinaria del Sí se viera derrotada., que el trabajo de los ministros, de los alcaldes y de los gobernadores no hubiera echado sus frutos.
El expresidente Uribe, a quien también lo tomó por sorpresa la decisión en las urnas, dio su discurso, el mismo que tuvo que hacer a las carreras, mientras el gozo embargaba a sus compañeros de campaña que alborotados llegaban a Llanogrande a acompañar al nuevo ganador, por el que días antes ninguna encuestadora daba un peso. Manifestó su voluntad de hacer parte de un Pacto Nacional, donde los del Sí y los del No pudieran escucharse basados en la argumentación.
Lunes 3 de octubre
Un significativo porcentaje de colombianos amanecieron con “plebitusa”, internet se convirtió en un campo de batalla en el que, mientras los dirigentes políticos hablaban de sentarse a negociar diferencias, relucían frases críticas y otras a favor; y a Antioquia le tocó su baldado por ser el departamento que más votos aportó al No, lo que le mereció, elogios o fuertes reclamos en todo el territorio nacional.
Humberto de la Calle madrugó a renunciar, y asumió la responsabilidad de lo ocurrido con el acuerdo. Todo el mundo hablaba de su dignidad en un país en el que nadie renuncia, pero muy pronto Santos lo ratificaría en el cargo y le aplazaría indefinidamente el sueño de descansar junto a su familia, ya que el de ser presidente de la República lo habían enterrado el día anterior las urnas.
En la Casa de Nariño el presidente Santos dio el primer paso al diálogo nacional. A la reunión de las 10:30 a.m. asistieron los mismos partidos de siempre, los que lo acompañaron en el plebiscito. Los medios registraron con inquietud que Uribe no se hiciera presente y Santos salió con el respaldo unánime de su bancada.
Mientras eso ocurría, el expresidente presentó sus interlocutores con el Gobierno: Óscar Iván Zuluaga, Iván Duque y Carlos Holmes Trujillo.
Por el Gobierno estarían Humberto de la Calle, María Ángela Holguín y Luis Carlos Villegas, sobre quienes recaía todo el peso para recomponer el acuerdo anhelado.
Martes 4
La expectativa estaba en su mejor punto: Santos invitó a sus antecesores Andrés Pastrana y Álvaro Uribe a dialogar sobre sus desacuerdos con el acuerdo, después de que este último tomara la iniciativa y llamara a pedirle una “citica”.
Pastrana trinó: “mañana tomaré tinto con @juanmansantos en el palacio”, frase que fue criticada desde diversas orillas.
Contrario a ser un mensaje amistoso, Santos le puso presión a la mesa, dijo en la noche que el cese el fuego bilateral sería prorrogado hasta el 31 de octubre, lo que fue calificado como una afrenta por la oposición y una amenaza de guerra.
Los jefes guerrilleros dieron instrucciones para que las tropas se movieran a lugares seguros y así evitaran provocaciones, aunque en Presidencia justificaron la medida al afirmar que era una salida jurídica para salvar un activo del acuerdo que había quedado sin piso jurídico al caerse el plebiscito.
Miércoles 5
En una semana “normal” en Colombia, es una tragedia nacional que James Rodríguez no pueda jugar un partido con la selección, y más grave si es por lesión. Pero era tan grande la ansiedad por el encuentro de Santos y Uribe, que pocos estaban pendientes del duelo entre Colombia y Paraguay por la Eliminatoria al Mundial de Rusia.
El telonero de la cumbre fue el expresidente Andrés Pastrana, quien llegó a las 10:30 a.m. al Palacio de Nariño, desde donde antes solía decir “Nora, los niños y yo”, previo a un discurso.
Jugando ahora de visitante, Pastrana tuvo 30 minutos para pedirle al Jefe de Estado que no claudicara en el cese bilateral del fuego y mejorara los puntos sobre justicia y drogas en el acuerdo con las Farc. Afuera del salón de la reunión, como niño juicioso, esperó el exComisionado de Paz, Camilo Gómez, quien de ahora en adelante será el “lleva y trae” de ambos.
Con un apretón de manos, y la convencional pose para la foto, culminó el encuentro. Santos le agradeció a Pastrana “su disposición para salvaguardar el proceso”.
“El país siempre creyó que si ganaba el No era la guerra, resulta que fue lo contrario”, sostuvo el expresidente después, y atornilló su consigna asegurando que “hoy el 98 % de los colombianos está con la paz”.
A las 11:30 a.m. se sirvió el plato fuerte de la jornada. Sobreviviendo a un océano de periodistas, camarógrafos, escoltas y alambres de micrófonos, Álvaro Uribe se abrió paso en la entrada de la sede presidencial. “Tienen que tener paciencia, cuando salgamos escribiremos unas palabritas y las leeremos”, les dijo a los reporteros.
Una vez adentro, después de seis años de puyas, improperios y tuiterazos, el líder de la oposición estrechó la mano de su exministro, del hombre que catapultó a la Presidencia en 2010 y que en 2014 quería botar del palacio en esa misma catapulta.
A diferencia de la cita con Pastrana, aquí había cerca de 30 delegados en la mesa, razón por la cual la conversación se prolongó por cuatro horas y unos 80 tintos. En las redacciones del país, los periodistas aguardaban ansiosos que Uribe saliera a decir sus “palabritas”, como él dijo, mientras por televisión pasaban las telenovelas extranjeras que a esa hora nadie ve.
La ciudadanía también tenía altas expectativas, por eso cuando los congregados salieron a dar una declaración, en la que apenas hablaban de planes y no de hechos concretos, las redes sociales explotaron con voces a favor y en contra.
Y en pocas horas, un hecho inesperado volvería a alterar las huestes del CD.
Jueves 6
La nación despertó con la resaca de una entrevista publicada en el diario La República, en la que el Gerente de la Campaña del No, Juan Carlos Vélez, hablaba con una sensatez impresionante. Aceptar que habían “tergiversado” mensajes y frases como “estábamos buscando que la gente saliera a votar verraca”, le amargaron el desayuno a sus copartidarios de ese partido.
Un huracán de ofensas por internet y proclamas de indignación entre los del Sí y los del No, tan fuertes como el mismo Matthew, convirtieron de repente a Uribe y sus aliados en el centro del problema.
Las empresas que, según Vélez, patrocinaron la campaña, desmintieron al excandidato a la Alcaldía de Medellín. Y lo mismo hizo su propio partido: “Hacen daño los compañeros que no cuidan las comunicaciones”, redactó su jefe político, respaldado por los demás colegas del CD, que ahora lo veían como el oponente, como si hubiera votado por el Sí.
El Gobierno capitalizó el desacierto y varios ministros lamentaron que los del No recurrieran a “artimañas”. Incluso, a la Fiscalía llegaron dos denuncias penales de ciudadanos en contra de Vélez, por la supuesta comisión de fraude al sufragante. Si un machucón en el dedo tuviera cara, sería la de Vélez en este día.
En el ocaso de la tarde, el atribulado hombre renunció. “Me equivoqué al no ser riguroso, no calculé el alcance de mis palabras”, rezaba el epitafio de su carrera en el uribismo.
En el entretiempo de esta conflagración, como si se tratara de una película diferente, los hijos de Santos y Uribe, Martín y Tomás, coincidieron hablando de paz en Twitter y se prometieron un tinto. Con todo lo que hay que hablar, a esa taza habrá que acompañarla con empanadas.
A eso de las 8:30 p.m., Edwin Cardona envió el balón a la red y la selección venció a Paraguay por 1-0. Santos trinó “golazo!!!”, pero el verdadero gol apenas estaba por llegar.
Viernes 7
A las 4:20 de la madrugada, Martín despertó a su padre con la noticia de que le habían concedido el Premio Nobel de Paz. El destino le daba de nuevo un golpe al tablero de ajedrez, y ahora los que antes pensaban que se venía el Apocalipsis, estaban pletóricos de alegría. Incluso las Farc terminaron celebrando el galardón concedido al político que, un lustro atrás, consideraban su peor enemigo.
“Felicito el Nobel para el Presidente Santos, deseo que conduzca a cambiar acuerdos dañinos para la democracia”, escribió Uribe. Otros líderes de la oposición, como Martha Lucía Ramírez, Andrés Pastrana y Alejandro Ordóñez se unieron a la congratulación.
Aunque no faltó quien sembrara la cizaña, y entre tantas banderas blancas mandara un mordisco de ironía: “Esperamos que @JuanManSantos done el dinero de su premio a los niños de La Guajira. Y a las víctimas, ya que las Farc son muy pobres”, trinó la congresista María Fernanda Cabal.
La cereza del pastel la pusieron los negociadores del Gobierno y la guerrilla desde La Habana, cuando emitieron un comunicado conjunto anunciando que no se frenarán el desminado humanitario, la búsqueda de desaparecidos, la salida de niños del frente de guerra ni la sustitución voluntaria de cultivos ilícitos.
Y así, entre la lluvia de felicitaciones de los jefes de Estado alrededor del planeta, la dedicatoria del premio a las víctimas y las marchas ciudadanas en varias ciudades, el tren del proceso de paz se volvió a encarrilar cuando ya muchos lo deban por averiado.
Sábado 8
La semana nos hizo recordar por qué la pasada Constitución consagró el país al Sagrado Corazón, pues más de uno empuñó la camándula y clamó a Dios un remedio para no morir de infarto. Este día las partes tomaron un respiro, pues lo que viene no será menos tensionante.
El lunes, los voceros del No deben presentar al Gobierno un documento con sus propuestas concretas. La Casa de Nariño tendrá hasta el jueves para estudiar su contenido, y habrá una segunda reunión en la que se definirá cuáles puntos son viables de presentar en La Habana, para renegociar los acuerdos con las Farc. Así que no sobra prenderle una velita al Sagrado Corazón,
Si Gabo estuviera vivo, la paz de Colombia sería su próxima novela de realismo mágico.