Para el experto en seguridad vial, Pere Navarro (ver recuadro) sí hay una fórmula para bajar los índices de accidentalidad en el país: fortalecer la institucionalidad, hacer cumplir las leyes y bajar el límite de velocidad.
Navarro indicó que todos los conductores, que insisten en conducir ebrios, es porque muchos están muy jóvenes y piensan que son exageradas todas las recomendaciones, para eso, dijo que la única solución es aumentar los controles de alcoholemia.
¿Cómo interpreta usted la cifra de los 6 mil muertos al año por accidentes de tránsito en Colombia?
“¡Es un disparate!, eso quiere decir que hay 17 muertos cada día por accidentes, yo dudo que en este país exista algún problema que cueste más de 6.000 vidas humanas al año. Además, convendría no olvidarnos de los cerca de 30.000 heridos, que aunque muchos son dados de alta, la gran mayoría queda con lesiones invalidantes para el resto de sus vidas. No es negociable mejorar el tránsito a cambio de vidas humanas. Además, sabemos que son evitables y que en otros países lo han conseguido. Ahora, diría que en Colombia lo tienen todo para lograr disminuir esas muertes, por ejemplo, cuentan con una Agencia de Seguridad Vial que es un referente, que es un modelo que recomienda Naciones Unidas, tienen personal capacitado, unos medios de comunicación que han entendido esta situación y además, una sociedad civil dispuesta a comprometerse.
Además, la región, América Latina, está esperando que Colombia lidere el tema. Quiero subrayar algo y es que, en pocos países existen las condiciones que tienen ustedes. Colombia ha cumplido todos los pasos: ha creado la institucionalización, hay una conexión con la sociedad civil y los medios de comunicación están comprometidos”.
Bueno, y si Colombia hizo todo bien, ¿por qué las cifras de muertes siguen en el techo?
“Se trata de ir sembrando y un día siembras y no sabes, exactamente, cuándo recoges. Por lo tanto, todo lo que están haciendo es en una buena dirección y todos esperamos que la tendencia, en un momento dado, cambie y se empiecen a ver resultados. El año pasado, ustedes redujeron las víctimas mortales de accidentes de tránsito en un 15 % y ese, a mi consideración, un gran mensaje. Esto quiere decir que van en la buena dirección. Le insisto, los resultados no se verán rápido ni es fácil, pero hay que hacerlo. Además, tenemos que entender que este no es solo un tema de normas, no, detrás de todo hay valores. Debe haber una cultura cívica, en lugar del egoísmo en la vía pública, es ser conscientes de que somos muchos compartiendo un mismo lugar”.
¿Qué debe aprender América de nosotros?
“En casi todos los países hay un problema de organización institucional. Planes de seguridad vial tiene todo el mundo, lo que no hay es una organización administrativa para ponerlo en práctica, para implementarlo. Tiene que haber un responsable, visible e identificable, tanto por si las cosas van bien, como por si van mal”.
Entonces, ¿cuál es su receta para reducir la accidentalidad?
“Lo primero, no hay una solución milagrosa, ya que es un conjunto de medidas coherentes y perseverantes en el tiempo. Lo segundo, darle valor a las municipalidades ya que son el gran motor de la política de seguridad vial. Hay que ponerle especial atención al manejo de las motos. El problema es que diseñamos un carril reservado para la bicicleta, el peatón tiene un espacio reservado y la moto no, por la cual tiene que buscárselo”.
¿Qué hizo usted en Barcelona para reducir la tasa de muertes en las vías?
“Cuidar mucho los datos. Se necesitan buenas cifras para tomar decisiones. Además, hay que poner a las víctimas en el centro de la política de seguridad vial; ellos sí que tienen credibilidad. Las víctimas deben explicar su drama para que nadie más pase por lo que han pasado. Son los grandes protagonistas. En ese sentido, hay que concienciar a la ciudadanía de la magnitud de la tragedia. Y por último, hacer que se cumpla la ley. No nos engañemos, la política de seguridad vial es más vigilancia y control. Nosotros tardamos ocho años en reducir las cifras, no hicimos magia”.
Pero entonces, ¿cómo se le dice a un borracho que no tome el volante? ¿Se han inventado de todo?
“Se tienen que establecer muchos controles de alcoholemia para que no haya sensación de impunidad. No es suficiente que si tú has bebido, no conduzcas, no. Si alguien de los que está contigo ha bebido es tu responsabilidad no dejarlo manejar. Esto es un problema de todos. Lo otro es que el mensaje que antes dábamos era que si bebes te puedes matar. Pues entendimos que a los jóvenes les importa nada, porque son inmortales, por lo tanto hay que explicarles que si bebes puedes matar a otro y si matas a otro no vas a poder mirarte al espejo, no vas a poder dormir por las noches. Nada en tu vida será igual”.
¿Qué tanto influye en la accidentalidad el límite de velocidad?
“En Colombia hay unos límites que no los tiene nadie en el mundo y eso no quiere decir que sea mucho o poco, le insisto, no los tiene nadie. Solo están acá. Hay que dejar un mensaje y es que la velocidad es un elemento muy importante para la seguridad vial. Entonces, lo primero que tienen que hacer las autoridades colombianas es bajar de 60 a 50 kilómetros el límite y no cuesta nada esta medida”.
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