A sus 21 años, Ángela María tomó la que actualmente considera que fue la mejor decisión que ha tomado en su vida: no tener hijos. Era el año 2017 y, mientras esperaba su turno para la operación de ligadura de trompas en Profamilia, se dio cuenta de que las otras mujeres que aguardaban junto a ella eran madres. Era la única en aquella sala que había optado por la esterilización sin haber maternado.
Cuenta que una enfermera se le acercó a pedirle sus datos y a preguntarle cuántos hijos había tenido. Le respondió que ninguno. “Ella se aterra, paró todo y se fue a preguntar si sí se podía porque no tenía hijos”, recuerda. Finalmente, eso no impidió que le hicieran la operación.
Pero menciona que en esa ocasión con la enfermera y al principio con un médico de su entidad promotora de salud (EPS) le cuestionaron si estaba segura de la decisión en razón de su edad. “Desde el principio hasta el final hubo personas que no lo entendían y no creían que una mujer no quisiera ser madre, pero la experiencia no fue tan traumática como en otros casos”, asegura.
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Han pasado 10 años desde entonces y el relato de Ángela refleja la actualidad demográfica que vive el país hoy en día. No solo las mujeres que optan por la esterilización como método anticonceptivo subió, sino que también lo hicieron las que no desean tener hijos y las que se declaran indecisas, así como disminuyeron las que desean tenerlos.
Esta determinación de vida significa un avance en la libertad de las mujeres de tomar sus decisiones reproductivas y un cambio cultural. Sin embargo, también viene con un reto en materia fiscal, de seguridad social y de salud, iniciando por un hecho: cada vez nacen menos bebés y el país se está envejeciendo.
Realidad demográfica del país
En este contexto, el Ministerio de Salud, el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) y la Universidad de Antioquia presentaron la Encuesta Nacional de Demografía y Salud (ENDS) de 2025, que presentó los resultados de la recolección de información de más de 115.000 hogares de los 32 departamentos. Los hallazgos confirman que la tendencia al envejecimiento de la población se mantiene debido, en parte, al bajo índice de deseo de tener hijos.
La demografía de Colombia sigue mostrando una tendencia al envejecimiento, empezando porque en 2024 se presentó la cifra más baja de nacimientos en diez años, cuando hubo 445.011: cifra que representa una reducción del 13,7 % frente a la cifra de 2023, cuando hubo 515.549, y a la de 2022, cuando la cifra fue de 573.625. Esta inclinación se ha generado de manera continua desde 2018 y marca un ritmo acelerado desde 2022.
En ese sentido, los resultados de la Encuesta muestran que las mujeres están renunciando o aplazando la idea de tener hijos, pues tres de cada cuatro que son mamás no quieren tener más y solo una de cada seis manifestó que quiere serlo. En esto influye el hecho de que el 33 % de las colombianas encuestadas expresó estar esterilizada como método anticonceptivo, con un mayor porcentaje en mujeres entre 30 y 40 años.
De hecho, la evolución de las preferencias de las mujeres respecto a ser mamás evolucionó así entre 2015 y 2025: el porcentaje de las que no desean tener hijos y las estériles pasó del 69,5 % al 75,2 %; el de las que desean tenerlos pasó del 28,3 % al 16,2 %; mientras que el de las mujeres indecisas pasó del 2,1 % al 8,6 %.
Estas cifras impactan también la conformación de los hogares colombianos, cuyo tamaño ha disminuido, inclinándose por los hogares unipersonales y con predominación de los que tienen jefatura femenina. La Amazonía y la Orinoquía son las regiones del país que más presentan esta tendencia, en donde supera el 40 %. Así mimo, proyectan un país más envejecido y que cambiará las tendencias de demandas de servicios de salud y una bomba pensional.
Al respecto, el ministro de Salud, Guillermo Jaramillo, advirtió que “el país ya no tiene forma de pirámide. Estamos frente a una estructura envejecida que nos exige repensar el futuro del sistema”.
En diálogo con EL COLOMBIANO, la PhD en demografía y profesora del Instituto de Salud Pública de la Universidad Javeriana, Ángela Vega, señaló que esta tendencia significará para el país que irán “quedando las personas viejas y si no hay quien trabaje y sostenga el sistema de seguridad social y que aumente el número de dependientes. Se vuelve un desafío fiscal en el que pocos estarán trabajando ni aportando a la seguridad social y muchos percibiendo pensión o necesitando atención”.
En ese sentido, Vega mencionó que el impacto de “esa reducción se verá en 15 años cuando empiece la primera cohorte a entrar en edad de trabajar, cuando vamos a tener una descompensación entre la oferta y demanda de mano de obra”. Sobre esto, mencionó que “en muchos países la compensan con tecnología o con migración”, pero advirtió que para Colombia la migración no es la mejor solución porque no somos atractivos para eso y, por el contrario, expulsamos a los jóvenes”.
El impacto en el sistema de salud
Entre tanto, habló de la problemática de esta situación para el sistema de salud. Una sociedad con menos niños y jóvenes y con más viejos es también más propensa a la enfermedad, sobre todo aquellas dolencias crónicas cuya atención es considerada de alto costo. Con esto, dice Vega, se elevará el gasto en salud y habrá menos ingresos para sostenerlo. “Mientras trabajas, aportas al sistema y lo usas si lo necesitas, pero en la vejez no aportarás y solo demandarás atención”, asegura.
“Otra problemática es el aumento de la morbilidad, que en Colombia está empezando a una edad temprana: antes de los 50 años están aumentando el padecimiento de enfermedades crónicas”, menciona la experta.
Para hacerle frente, recomienda hacer campañas para tener un “envejecimiento saludable y de eso hay que hablar desde ya. Hay que empezar a motivar a las poblaciones jóvenes actuales para que lleguen más sanos a la vejez y las enfermedades crónicas empiecen a edades más tardías porque en Colombia las tenemos 20 años adelantadas”.
Evolución de la anticoncepción
La ENDS mostró que la esterilización (ligadura de trompas) es el método anticonceptivo más usado en las mujeres, con el 33 %, mientras que en los hombres representó un uso del 1 % que se ha hecho la vasectomía.
El segundo método más usado es el implante subdérmico, con el 17 %; seguido por la inyección, con el 12 %; las píldoras (pastillas diarias o del día después), con el 12 %; el DIU (dispositivo intrauterino conocido como la T), con el 3 %; después están los métodos tradicionales (como el del ritmo), con el 1 %, y la categoría “otros métodos”, con el 7 %. Entre tanto, al rededor del 15 % expresó no usar ninguno.
Sobre esto, también aumentó el uso del implante subdérmico (que se pone en un brazo), mientras que métodos como la píldora y el dispositivo intrauterino han perdido relevancia. Entre tanto, el uso del condón masculino ha disminuido.
Así mismo, las cifras mostraron que disminuyó la maternidad adolescente en los últimos 20 años, pues en 2005 el porcentaje fue del 21,5 % y en 2024 fue del 14,3 %. Como razones de esta tendencia están los mayores niveles de educación, las campañas de prevención de embarazo temprano y el mayor acceso a métodos para no tener hijos.
Avance de la educación sexual
Los resultados evidenciaron que aunque el 70 % de los adolescentes del país recibe educación sexual, en Magdalena, Vaupés y Tolima la cobertura de ese tipo de información es baja y la participación de la familia en estos temas es escasa.
Por otro lado, la Encuesta mostró que una de cada tres mujeres ha sido víctima de alguna violencia basada en género, pero la mayoría opta por no denunciar por miedo, desconfianza en las instituciones y la revictimización, que se refleja en que señalan que las comisarías de familia son poco accesibles.
Las mujeres que indicaron haber vivido estas situaciones señalaron que sus hogares son los sitios más frecuentes de estas violencias y que los jóvenes hombres son los principales agresores.
¿Qué hacer con este panorama?
La disminución de la tasa de fecundidad (promedio de hijos por mujer entre los 15 y los 49 años) en el país no es algo nuevo. De hecho, es una tendencia que se ha mantenido a la baja desde 1960, según datos del Banco Mundial. Ese año la tasa de fecundidad era de 6,7 hijos por mujer; en 1970 la tasa pasó a ser de 5,3; en 1980 bajó a 3,9; en 1990 llegó a 3,1; en 2000 pasó a los 2,6; en 2010 redondeó la cifra a 2; mientras que en 2020 aterrizó a 1,7, cifra que se mantiene hasta ahora.
Esta fotografía se repite en las cifras del mundo, que pasó de una tasa de fecundidad de 5,3 en 1963 (la más alta desde 1960) a una de 2,3 en 2022.
Ángela Vega explicó que esa curva descendente en Colombia tiene un universo de razones distintas, que dependen también de los contextos socioeconómicos de las mujeres, pero también a las campañas de planificación familiar que se hicieron en los años 60. Al respecto, recordó que en ese entonces las campañas “eran agresivas y se hacían bajo el discurso de que por tener hijos iban a acabar con el medio de ambiente y el planeta por la superpoblación”. Y además, que “se iban a empobrecer y que si no tenían hijos podían enmanciparse. Ese discurso caló y también porque muchas mujeres veían a sus mamás amarradas con tantos hijos y eso genera resistencia”.
De igual manera, mencionó que esto también influyó el factor económico, pues “tener un hijo es muy costoso y genera miedo tener hijos cuando no hay estabilidad económica y hay pobreza. Eso generó que hoy veamos más hogares unipersonales y que en las parejas sea menos probable la posibilidad de tener hijos”.
Actualmente, países que enfrentan este tipo de cambios demográficos han encontrado en la inmigración la respuesta a la pregunta sobre qué hacer y cómo enfrentarlo. Por ejemplo, Canadá, que adolece un hueco en su economía por el envejecimiento de la población, anunció en 2022 un plan que consistía en recibir 500.000 inmigrantes hasta 2025 y así completar 1,5 millones para este año. Esta medida, no obstante, tuvo un pequeño freno en 2024 cuando el Ministerio de Inmigración anunció que desde septiembre limitaba el número de visados temporales para estudiantes y trabajadores extranjeros para así reducir este número al 5 % de la población, que en ese entonces era del 6,2 %.
Otros países —como Corea del Sur, Escocia y los nórdicos— han optado por impulsar programas de manutención, bienestar, educación y trabajo para impulsar a que las parejas tengan hijos. Corea, de hecho, anunció en julio del año pasado la creación de un ministerio para la natalidad.
Ese tipo de medidas, según Vega, “no han sido representativas, aunque haya personas que les llame la atención, pero no lo suficiente como para mover la fecundidad”.
Así las cosas, lo que la experta señala como otra vía es abordarlo desde las mujeres. “Hay que preguntarles sus razones para no tener hijos y qué expectativas tienen en el caso de que quieran y eso puede girar en torno a un sistema judicial que las proteja en los contextos de violencia de género, licencias de maternidad más robustas, beneficios en las empresas donde trabajan y mejor transporte público y empleo”, expresó.
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